Cosas de izquierdas.

Me siento progresista pero no consigo definirme como de izquierdas ya que creo que esta definición política o ya no es lo que yo entendía en mi juventud o no logro identificarme plenamente con esta manera de pensar y sobre todo de actuar políticamente hoy día.

Un ejemplo: hoy por todo el distrito de Sant Andreu de Barcelona puede verse este cartel.

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Está en catalán pero yo se lo traduzco a quien no lo entienda. Viene a decir que vamos a la revolución este primero de mayo, abajo el capital, defendamos nuestros derechos y tal. Todo ello enmarcando una foto épica de un obrero empuñando su martillo. Venga vamos a las barricadas, pero en día festivo remunerado, eso sí, no vaya a enfadarse el encargado.

¡No hermanos proletarios! La revolución si la queremos hacer hay que hacerla ya. No hay que esperar a que sea fiesta de guardar. la Bastilla y el Palacio de Invierno no se tomaron en vacaciones.

Entiendo por ser de izquierdas hoy día  el proteger a los trabajadores de la explotación, promover la igualdad y la libertad de decisión sobre su cuerpo de las mujeres, separación absoluta entre iglesia y estado y garantizar educación y sanidad pública de calidad para todos. Para ello hacen falta organizaciones políticas valientes que se atrevan a cumplir los objetivos antes enumerados y un electorado que los apoye o que les de la espalda cuando, como pasa a menudo, escoran a la derecha.

No es necesario salir con armas a la calle, tomar el congreso ni quemar conventos, pues no sólo son cosas del pasado, sino que  nadie tiene el valor de hacerlas. Ningún trabajador padre, madre de familia, van a arriesgar lo poco que tienen por darle con un martillo a un antidisturbios. Dejémonos pues de carteles épicos y hagamos cosas. No sé pero a mi me parece que en la izquierda actual hay mucho postureo, mucho ego, mucho debatir. y eso me desalienta. La izquierda debate, la derecha actúa.

Contribuye también a mi confusión el espectáculo de la izquierda fragmentándose en minúsculos partidos y su tendencia a enfrentarse entre ellos. Pero además ¿existen realmente partidos de izquierda en este país? ¿Lo son los “reformadores-de la constitución-no-se-vayan-a-enfadar-en-bruselas” del PSOE, los ortodoxos del marxismo de IU que forman gobierno con la derecha a la que te descuidas o los catedráticos de a 450.000€ el informe bolivariano de Podemos? Todos tirándose los trastos a la cabeza mientras el gobierno elimina los derechos de los trabajadores, promulga la “Ley Mordaza”, impone la cadena perpetua y nos cuela secretamente eso que tanto miedito da llamado TTIP.

En fin, no sigan leyendo, los Monty Python ya expresaron lo que siento en esta mítica escena de La vida de Brian, mejor verlos a ellos.

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¿Qué me pasa Doctor?

Médicos

– Buenas tardes doctor. – Saludo con gesto cansino a mi médico de cabecera.

– Buenas. ¿Qué tal? ¿Qué le ocurre mmm… David? – Comenta el médico ojeando mi historial.

– Le explico… Padezco de ansiedad y depresión desde hace un tiempo.

– Sí, ya me acuerdo de usted… ¿Y cómo va ese ánimo, dígame?

– Raro.

– ¿Raro, en qué sentido?

– Verá Doctor. Hace dos años perdí mi trabajo, me separé, perdí mi casa, parte de mis ahorros y mi perro.

– ¿Todo a la vez?… Entiendo, siga. – El médico comienza a tomar nota un bolígrafo que le dieron en un congreso sobre hipotiroidismo.

– Pues que estoy desanimado, desganado, triste y falto de fuerzas.

– Normal en su situación. – Me comenta mientras arranca una hoja de un bloc con la marca de un antipirético en el encabezado de cada página. – ¿Dónde está lo raro?

– Verá, me siento cada vez más estancado, más… – Contesto tartamudeando.

– ¿Más qué? – Inquiere el médico mientras subraya alguna cosa con un fosforito que imita graciosamente un gotero.

– Pues de pronto, no sé, todo me molesta, no soporto a los jóvenes de hoy ni la televisión… Cosas que antes me daban igual o incluso que me gustaban ahora me irritan.

– ¿Por ejemplo?

– …. me molestan las extravagancias, la frivolidad, las odiosas modas…

– …mmm, principio de misoginia, incipiente homofobia… – Comenta susurrando el doctor.- Siga.

– Me irrita… – ¿Ha dicho homofobia? Debo de haber entendido mal, pienso mientras vuelvo a tartamudear. – Me irrita, digo, ver a según que gente que no lo merece, trabajando mientras yo no tengo oportunidades.

– … mmm, los inmigrantes, vamos.

– ¡Yo no he dicho eso! – Protesto abriendo mucho los ojos, mientras el doctor continúa escribiendo. – No me refería a…

– ¿Qué más? Me interrumpe el galeno grapando unos papelitos de mi historial con su grapadora con el logotipo de un antihistamínico.

– Algunos temas me hieren profundamente, no sé, lo de la independencia de Cataluña, me indigna y eso que ni me va ni me viene.

– … mmm, nacionalismo reactivo… continúe.

– No sé si será eso, pero en ocasiones, hasta defiendo al gobierno actual, cuando hace unos meses echaba pestes de él. ¡Qué no habré dicho contra la reforma laboral o sobre el rescate de la banca! y ahora, míreme, dice algo en contra suya el Financial Times y me pongo negro, ¿Lo entiende usted, doctor?

– …mmm. Se siente desamparado y busca protección en la autoridad…suele pasar.

– Si usted lo dice. – Desconcertado, espero a que el médico diga algo pero éste sigue escribiendo. – Bueno… pues no sé. – Balbuceo con la esperanza de llamar la atención del facultativo.

– Bien, bien. – Comenta cantarín el médico mientras comprueba la fecha en un calendario con el nombre de un antiemético escrito al final de cada mes. – ¿Y esos síntomas, “raros”, cuándo aparecieron?

– Hace dos o tres meses.

– Ya. – El doctor toma nota de la fecha y le pone un clip del color corporativo de una farmacéutica, a no sé qué de mi historial. – Ya se le acaba el subsidio ¿no?

– En febrero, creo.

– Bueno, bueno… – Canturrea el médico mientras me mira por encima de sus gafas de leer. – A ver que hacemos con usted… – Me dice con tono paternalista y risueño.- En principio yo no me preocuparía es algo normal, sobre todo, a su edad. – el médico comprueba mi edad en el historial.- 44 años… ¡Lo qué yo decía!

– ¿Pero qué es doctor?

– Se está usted volviendo de derechas. Es algo muy común en tiempos de crisis. Le pasa a muchísima gente. No hay más que ver las pasadas elecciones gallegas. No tiene nada que ver con su estado ánimo. Es algo natural, a algunos les ocurre antes y a otros después. Ya verá ahora, con las elecciones catalanas, ¡así, así de gente se ve afectada!

– Pero no puede ser. Sí siempre he sido de izquierdas: Soy tolerante, agnóstico, ecologista y además estoy afiliado a un sindicato.

– Precisamente, ese es el grupo de riesgo; lo que se creen de izquierdas. Como usted, amigo David, pero usted no es de izquierdas, como mucho, un progre.

– ¿Pero qué me dice? – Exclamo entre aspavientos.

¡No se agobie! En tiempos difíciles y con lo que usted ha pasado es normal que afloren los instintos más básicos. ¡Tranquilícese! En su estado de depresión no conviene alterarse.

¿Y qué me recomienda?

Nada. Se le pasará. Cuando vuelva a tener trabajo y su vida vaya mejorando verá como vuelve poco a poco a sus niveles anteriores de progresismo. Mientras tanto, distráigase, haga ejercicio y beba mucha agua… Claro que también puede intentar ser de izquierdas de verdad, pero yo creo que le faltan coj… quiero decir, aptitudes; y a su edad… no sé, pruebe. – Sentencia el médico mientras me extiende una receta. – ¡Tenga! Tómese estas vitaminas. Una al día. ¡Y no descuide su medicación, ¡eh!.

Gracias doctor. – Me despido del médico tan avergonzado como si lo que me hubiera diagnosticado, fueran ladillas.

(Inspirado en una conversación con mi hermano de hace unos días)