DESESCALADA. DÍA 3.

He salido a caminar en el horario marcado por el gobierno de 20:00 a 23:00

Demasiada gente por la calle. En ocasiones era difícil mantener una distancia segura. Me he agobiado un poco y he ido al párquing a por la documentación del coche.

No debía haberlo hecho. Ahora resulta que la puerta del conductor no abre, ni siquiera por dentro. ¡Cada día una cosa nueva! He acabado más agobiado si cabe.

Al salir del garaje he visto que la gente se había dispersado más. Supongo que todos los de mi rango de edad hemos salido de golpe al dar las ocho y por eso la sensación de abarrotamiento de las calles.

He podido dar un paseo más tranquilo y he regresado a casa.

DESESCALADA. DÍA 2.

Aburrido día festivo.

He avanzado algo del trabajo que tengo que hacer el lunes. Estoy involucrado en el desarrollo de un producto que, según mi jefe, podría sacar a la empresa del hoyo en la que el confinamiento la ha metido.

Luego me he puesto a ver alguna película, en Netflix, pero no he llegado ni a la mitad de ninguna. Mi mente sigue confinada.

Mañana ya permiten salir a pasear. Espero que tomar el aire me ayude a despejarme.

DESESCALADA. DÍA 1.

¡Hoy he vuelto a la oficina!

Oficialmente y a menos que el gobierno dicte otra cosa, considero que se acabó para mí el confinamiento.

He madrugado y he salido de casa a las 7:30 para entrar a trabajar a las 9:00. No sabía que me iba a encontrar. Gente agolpada en las estaciones de metro y cercanías o vete tú a saber qué.

Pero los andenes estaban prácticamente vacíos y los trenes también, tanto a la ida como a la vuelta de Montmeló. Me ha extrañado ver a tan poca gente ¿Es qué han ido a trabajar en coche o simplemente ya no tienen un lugar donde ir a trabajar?

He encontrado un buen ambiente en la fábrica pero la situación no es buena. Puede que dentro de poco sea de los que no tengan un lugar para trabajar. ¡Ya veremos!

En la empresa me han dado un papel a modo salvoconducto que me permite ir de casa al trabajo y volver, incluso en coche. He pasado de trabajador no esencial a trabajador certificado.

¡De momento es una mejora!

CONFINAMIENTO. DÍA 46

¡Lo que faltaba!

Pues no me mandan una carta de hacienda advertiéndome que tengo que hacer la declaración de la renta.

Y no es una carta genérica, no, es personalizada, dirigida a mí. ¡Caramba con hacienda, ni las catástrofes mundiales pueden detenerla!

Además el tono de la misiva es tal que así:

-. “No se crea que porque no hizo la declaración de la renta en 2018 se va a librar en 2019, ¡jua, jua!”

Pues me van a dar un palo de aúpa, porque no tengo nada para desgravar.

Bueno, sólo ha sido un recordatorio, no como la vez que, trabajando como autónomo, casi me hacen una inspección. Y todo porque tenía una casilla sin marcar en el formulario 037. Lo grotesco es que el impreso me lo rellenaron en la delegación de hacienda, sí llego a hacerlo yo igual acabo preso.

CONFINAMIENTO. DÍA 45.

Hoy hablaba el presidente del gobierno. Reconozco que no me he enterado de nada. Estoy más empañado que de costumbre.

No sé si es por estar tanto tiempo confinado, pero me cuesta incluso seguir el argumento de una película.

Por lo menos, de momento, me entero de lo que me manda mi jefe. Algo es algo.

A ver si mañana estoy menos atontado y puedo enterarme de lo qué ha dicho el presidente, por la prensa digital.

CONFINAMIENTO. DÍA 44.

Teletrabajando.

Por cierto, mi jefe me ha dicho que puede que tenga que ir a la oficina la semana que viene algún día. Resulta que hay una máquina que solo sabemos usar él y yo, y él no podrá por estar haciendo cosas de jefes.

Me ha gustado la noticia aunque tendré que tener mucho cuidado con el desplazamiento en transporte público ya que mi coche está en coma.

CONFINAMIENTO. DÍA 43.

Quería avanzar algo de trabajo este fin de semana. Pero no he podido por problemas informáticos.

He perdido mucho tiempo buscando una solución en Internet e instalando y desinstalando programas.

Ayer se me estropea el coche y hoy el ordenador. Lo malo es que me había comprometido con el jefe. Espero que lo que tengo hecho sea suficiente para no ir de culo mañana.

Todo esto me altera mucho, más bien me deprime. Imagino que es un efecto del confinamiento.

CONFINAMIENTO. DÍA 42.

He salido a la calle a comprar.

Durante el trayecto he visto un montón de ambulancias y coches de policía. Había gente alterada alrededor pero no he podido saber que pasaba. Algo gordo seguro.

He tenido valor de ir a ver como estaba mi coche. Lo tengo en un párking que está a unas dos manzanas de casa. He abierto el portal y accedido al sótano con la incertidumbre y temor de alguien que entra a robar.

Pensaba que si me veía algún vecino, al no ser alguien del vecindario podría, no sé, denunciarme. Cosas que se le ocurren a uno cuando está en medio de una calamidad mundial.

El disgusto me lo he llevado cuando he comprobado que el coche no arranca. La batería debe de estar descargada. No sé que tengo que hacer. Lo más fácil sería llamar al seguro y que me mandaran una grua, pero yo soy un hombre chapado a la antigua y creo que esa es una opción “poco masculina”. Un hombre debe de ser capaz de cambiar la batería de su propio coche.

He consultado tutoriales para cambiar la batería en el modelo que tengo y creo que no será fácil. Mi coche es de esos que se abren sin llave, y aunque es antiguo, temo que si desconecto del todo la batería para substituirla, pierda la configuración electrónica y luego no arranque por no reconocer la llave.

Una opción es comprar un arrancador de coches. He estado mirando vídeos de como usarlos, pero son muy caros para usarlo una sola vez. Es cierto que sirven de linterna y cargadores de móvil y portátiles, pero aún así, creo que que no compensa el gasto.

En fin, ya me ocuparé cuando pueda.

CONFINAMIENTO. DÍA 41.

¡Qué perra les ha cogido con los niños!

Los infantes de hoy son la generación más aficionada a los videojuegos y a las redes sociales (sí, ya sé, antes no había) y resulta que se van a traumatizar por no salir a la calle.

Las consecuencias de no poder jugar a las canicas en las aceras, deben ser devastadoras para el desarrollo psicológico de los niños. Supongo que debe de haber un equilibrio entre la Play Station y la peonza.

A los setentas los enviaba yo. Una temporada en la Transición y se dejaban de bobadas.

CONFINAMIENTO. DÍA 40.

Cuarenta días y cuarenta noches. Lo que duró el diluvio universal.

Además hoy es San Jorge, Sant Jordi en Cataluña. Por aquí es costumbre regalar una rosa a las mujeres, lo que me provocó alguna que otra situación incómoda, en mi juventud.

Por eso dejé de hacerlo, salvo en los pocos casos que sabía que mi floripondio sería aceptado de buen grado y siempre por cortesía profesional: Jefas, clientas y compañeras de trabajo, cuando era costumbre corporativa y lo hacíamos todos los tíos de la oficina.

Sant Jordi es también la fiesta del libro. Compré alguno en la cooperativa de médicos, que estaba frente donde yo trabajaba, pero no recuerdo siquiera si los leí. Yo compro libros todo el año y no necesito hacerlo precisamente el día que están más caros.

En fin, Sant Jordi, es una fiesta que me resulta antipática y me recuerda a las estrofas de Serrat:

“Aquellas muñecas de abril, que acabaron de frente y perfil. Que se comieron mi naranja a gajos, que arrancaron la ilusión de cuajo”

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