Otoño en Chulilla

Día cero:

Mis padres regresan del campo de refugiados de Villar del Arzobispo. No parece que el humo del incendio de la Muela y de Los Baños haya afectado en absoluto a las viviendas del pueblo. Las carreteras vuelven a estar despejadas y la normalidad restablecida. Nada me retiene en Barcelona. Parto para Valencia.

Mapa de 1770 del término de la Baronía de Chulilla, Losa y el Villar.
Mapa de 1770 del término de la Baronía de Chulilla, Losa y el Villar.
Grabado de la Baronía de Chulilla 1772
Grabado de la Baronía de Chulilla 1772

Día primero:

Llego a la estación de Joaquín Sorolla sobre la una de la tarde. He tenido buen viaje. La comida que me han servido en el tren, sabía a comida y además, se ha sentado a mi lado una chica bastante atractiva. Es la primera vez que no comparto fila de asientos con Paco Martínez Soria. Tenía el pelo oscuro, iba bien vestida y estaba ligeramente entrada en carnes, como a mí me gusta, pero la magia se ha esfumado enseguida; el perfume que llevaba me resultaba muy desagradable. Este olfato mío siempre me arruina la fantasía. He ahogado mi frustración matando el tiempo con un juego que he descargado para mi celular y que consiste en una bolita que hay que guiar por un laberinto.

Obtuve una buena puntuación con el juego de la bolita y eso me puso de buen humor. El buen humor siempre me produce deseos de gastar dinero, así que he tomado un taxi para ir al pueblo. He entablado conversación con el taxista. Yo siempre doy conversación a los taxistas También les doy siempre la razón. No importa que animaladas digan, yo no discuto con taxistas. Afortunadamente, el que me ha tocado no era especialmente ultra y salvo en el intento de convencerme que la crisis es peor en Barcelona que en Valencia, no me ha sido difícil asentir hipócritamente a todo cuanto decía.
Llego a . Entro en mi casa. Como no me esperaba, mi madre se lleva un susto monumental. Tras unos instantes de confusión, todo se tranquiliza. Besos, abrazos y a comer. Creo que me merezco una siesta.

La siesta ha durado hasta las 21:00 horas. Cena ligera. Me voy a dormir.

Vista actual de Chulilla.
Vista actual de Chulilla.
Grabado Laborde
Grabado de Laborde.
Grabado de Cavanilles
Grabado de Cavanilles

Día segundo:
La lluvia me despierta sobre las 10:00. En mi casa de Chulilla hay un sinfín de cosas para entretenerse en un día lluvioso de otoño. Entre todas, elijo el Alprazolam. Vuelvo a dormir.

Día tercero:
ZZZ…

Día cuarto:
Me despiertan los gritos de mi madre. Parece que está entrando agua en la casa debido a la lluvia torrencial. La intensidad de la alarma de mi madre se corresponde con una inundación monzónica, pero es tan sólo una gotera. Vuelvo a dormir.

Día quinto:
Inexplicablemente no tengo sueño.
He salido a caminar por el campo. Esta época es ideal para el paseo campestre. No hace demasiado calor y no tengo que soportar miríadas de insectos sobrevolando mi gorra sudorosa.
He dejado mi ropa de montaña en BCN y voy por ahí en chándal. Ya estaba harto de que me confundieran con el guardabosques. ¡El tiempo que perdí el ultimo verano indicando a domingueros por dónde vadear el río! Sólo por no llevar chanclas me tomaban por un empleado del ICONA.

Día sexto:
No he tenido muchas ganas de hacer nada. Únicamente he paseado por la orilla del río. Había un anciano sentado en el poyete que forma el puente. Le he saludado cortésmente acelerando el paso para evitar que me diera conversación. Ya sé que mis padres quieren que me integre en la vida rural y que contemporice con los paisanos pero al pasar junto al anciano, he recordado la vez que se me ocurrió contemporizar con tres viejos que, hace años, estaban sentados en el mismo lugar. Recuerdo que después del saludo, deseoso de integrarme en la sociedad pueblerina, les pregunté qué clase de peces eran esos que burbujeaban en un cauce casi seco. Uno de los hombres me respondió con celeridad:
– Son truchas.
Inmediatamente el segundo paisano interpeló al primero con cierta sorna:
– Son Carpas. ¡Truchas! ¿No te digo?
El tercer hombre, el de más edad, comentó:
– ¡Estamos buenos… son Barbos!
Los tres ancianos iniciaron una feroz discusión piscícola que fue in crescendo hasta rozar lo violento. En el fragor de la controversia me escabullí antes de que los bastones con los que se apoyaban formaran parte del argumentario de tan acalorada tertulia. Desde entonces procuro pasar desapercibido y no dar conversación a nadie para no fomentar debates que puedan provocar desavenencias entre los lugareños.
Por cierto, en este pueblo gozo de reputación de persona educada por el hecho de quitarme la gorra cuando entro en alguna tienda o en las tabernas.

Día séptimo.
Decido tomar una cerveza en uno de los bares de la plaza donde una simpática dominicana, que resulta ser la mujer del dueño, me la ha servido acompañada de un plato de cacahuetes. Dudo en comérmelos pues no estoy seguro de si son un obsequio o tendré que pagarlos, pues tras mi exceso con el taxi, miro más lo que gasto. ¡Qué caramba! sólo se vive una vez, voy a comérmelos tienen muy buena pinta.

Plaza de la Baronía
Plaza de la Baronía

Mientras pelo un maní, observo el ir y venir de la gente. Hay poco ambiente un día laborable en la Plaza de la Baronía, que es como se llama la plaza mayor de Chulilla. Al parecer en el siglo XIII, Jaime I se detuvo en este lugar tomar algo y hacer pipí. Debió quedar encantado con el trato que le dieron porque otorgó la categoría de baronía a al pueblo. Naturalmente este apunte histórico me lo acabo de inventar pero no creo de difiera mucho de la realidad. Desconozco que ventajas aportaba tal distinción a la población que en aquella época debía de consistir en el barón, su señora, algunos campesinos harapientos y un leproso; pero sin duda eran muchas, pues tal hecho está conmemorado en una placa de cerámica pintada de vivos colores.

Termino la cerveza y coloco las cascaras de los cacahuetes de manera que se disimule la voracidad con la que me los he comido. No es tarea fácil pues he diseminado los restos por toda la mesa y algunos están adheridos a mi teléfono móvil. Cuando estoy satisfecho con el resultado pido la cuenta y regreso a casa feliz pues confirmo que los cacahuetes eran un obsequio.

Día octavo, noveno y décimo:

He dedicado estos días a caminar por el pueblo y visitar las zonas que se han quemado y a las que puedo llegar andando. Me estoy haciendo mayor. Lo noto porque comienzo a tener miedo de cosas que antes ni me preocupaban. Un ejemplo de ello es el caminar por la carretera. Lo he hecho cientos de veces y ahora, mira por dónde, me da repelús. Este miedo unido a la pena que creía me iba a dar el encontrar los paisajes de mi corazón abrasados, me han impedido tomar el camino que lleva hasta el Balneario y que representa ocho kilómetros de ida y vuelta por la carretera comarcal. Poco a poco he recorrido por etapas dicho camino prometiéndome que a la siguiente regresaría. Mediante este truco he conseguido llegar al Balneario. De Chulilla hasta La Ermita, de La Ermita hasta la Rinconá y de La Rinconá hasta el Balneario. A medida que conquistaba kilómetros iba creciendo mi motivación hasta el punto de sentirme capaz de invadir uno de los huertos calcinados y robar una sandía que me he comido con gran deleite.

La Rinconá
La Rinconá.

Una vez en el Balneario he tomado un café y he hecho otras cosas que no conviene mencionar en un blog público como es este. He bromeado con la camarera, he saludado a unos viejecitos de los que allí toman las aguas y he emprendido la marcha hacia mi casa con mis intestinos y espíritu renovados.
En cuanto a la pena por el paisaje calcinado, la ha habido, qué duda cabe, pero no en la medida esperada. He descubierto que no sólo han aumentado mis miedos carreteriles sino que también con la edad, se ha incrementado la dureza de mi corazón pues el devastador paisaje apenas si me ha conmovido.
He recibido un correo electrónico de mi antiguo compañero de la galera el bueno de Sebastián. Me comunica que ha emigrado a Chile con su familia y que está buscando trabajo. Me cuenta que ha rechazado un par de empleos dónde sólo le ofrecían pagarle 1.000€. Sebastián es un ingeniero muy competente y además tiene dos hijos por lo que entiendo que busque mejores ofertas; pero yo soy un comediante acabado y estaría dispuesto a trabajar por ese sueldo e incluso por menos. Por cierto, mi admirada Isabel de La Granja me ha dejado un comentario donde me anima a marcharme a Chile o dónde sea ya mismo. No es mala idea pero todavía tengo cuentas pendientes y mi estado de ánimo en general no es el más adecuado para emular a Inés Suarez. Voy a esperar por lo menos hasta finales de este año antes de tomar decisiones tan trascendentes.

Segunda semana.

Domingo:
Poco que destacar en este caluroso domingo de un extraordinariamente cálido octubre. Hoy ha tocado nueva cerveza con cacahuetes de obsequio, bueno, las cervezas han sido dos pero la ración de cacahuetes no ha estado en proporción directa; una pena. Estoy algo desanimado y no creo que ni una segunda ración de frutos secos pueda alegrarme. Mientras pelo un cacahuete busco mentalmente algo en lo que entretenerme. Justo cuando resuena el chasquido de la cascara al partirse se me ocurre una idea: ¿tomarme un alprazolam?, ¡no! Voy a levantar unos planos del castillo. Siempre he querido hacerlo pero nunca tuve tiempo. Me gustaría hacer unos dibujos del principal monumento del pueblo y tal vez modelarlo en 3D. Por desgracia ya no tengo el medidor laser que estuve guardando para la ocasión. Estaba en muy mal estado pero para tomar medidas en unas ruinas servía. Acabé de malograrlo usándolo para jugar con mi perro, el cual en un descuido, se lo intentó comer.
El principal reclamo turístico de Chulilla son las imponentes ruinas de lo que antaño fue un castillo montano edificado sobre dominio islámico que a su vez se construyó a partir de un antiguo aljibe prerromano que actualmente constituye la celoquía o punto más alto. Situado en lo alto del monte, se llega hasta él a través de una rampa amurallada con una veintena de saeteras que conduce desde el pretil de defensa hasta el acceso principal con su monumental puerta coronada por almenas y flanqueada por un majestuoso torreón… ¿A qué parezco un erudito? Pues no, es sólo información disponible en internet.

Pretil de defensa
Pretil de defensa
Vista del castillo desde el pretil de defensa
Vista del castillo desde el pretil de defensa.
Acceso
Acceso al castillo de Chulilla
Vista interior del acceso
Vista interior del acceso del castillo de Chulilla
Gobernación.
Gobernación.

Me gusta pasear entre los restos de un edificio tan antiguo, intentando adivinar para qué servían todos los recovecos y estancias que todavía se conservan. También intento comprender como se puede disparar una flecha desde las saeteras aunque puede que no se dispararan muchas pues tengo entendido que la mayor parte de su historia, el castillo se usó como prisión.

Dependencias auxiliares y entrada zona abovedada
Dependencias auxiliares y entrada zona abovedada usada como prisión
Interior de la prisión
Interior de la zona abovedada o prisión
Vista desde la prisión.
Vista desde la prisión. Mirador desde la zona abovedada.
Ventana en zona abovedada
Ventana en zona abovedada.
Acceso a la torre sur
Acceso a la torre sur.

Sea como sea, más que los militares que pudieron combatir tras estos muros hoy derruidos; pienso en la gente que trabajó en su construcción y después en su mantenimiento.

Detalle de una saetera
Detalle de una saetera

Detrás de la gloria de todo monumento está el esfuerzo y el sacrificio de la clase trabajadora. Esta manía mía de no poder desvincular la majestuosidad de dichos monumentos históricos del sufrimiento de quienes los construyeron o pagaron con sus impuestos, hace que disfrute poco de las visitas turísticas sobre todo si estas incluyen la visita a grandes monumentos. Recuerdo que a la típica pregunta que alguien hizo en Egipto de cómo habían podido construir las pirámides en tiempos tan remotos contesté:
– Muy fácil: con mucha gente trabajando muchas horas con salarios bajos.
De todas formas, las magnificas vistas del valle, del pueblo y de los montes que rodean el castillo de Chulilla mitigan someramente mi conciencia social.
Decidido mañana me dirigiré al ayuntamiento a ver si disponen de un plano de emplazamiento del castillo y después intentaré dibujarlo y tomaré medidas. Me siento más animado pienso mientras el último sorbo de cerveza empuja hacia mi tracto digestivo un cacahuete.

Lunes:
Me he puesto de punta en blanco para acudir al ayuntamiento en busca de información sobre el castillo. He preguntado con formalidad a la empleada del registro si podían darme un plano de emplazamiento. De manera amable me ha dicho que espere a Paloma. Me he sentado a esperar a la tal Paloma y me he puesto a leer un folleto. No sé quién es Paloma pero en estos pueblos la gente se refiere a todo el mundo con mucha familiaridad y la funcionaria debe de pensar que conozco a Paloma de toda la vida. Tras unos minutos de espera y tres folletos sobre turismo rural aparece Paloma para decirme que no dispone de planos de emplazamiento. ¡Mi gozo en un pozo! Ante mi turbación que seguramente se refleja en una mueca de desánimo. Paloma se enternece y me dice que hablará con el técnico municipal para ver si puede darme alguno de los planos de la reforma del acceso que tuvo lugar hace unos cuatro años. Toma nota de mi correo electrónico y se despide de mí.
Siento zozobrar mi ánimo. Mientras me alejo del consistorio paso por delante de la panadería y decido comprarme una bolsita de unos dulces muy ricos que aquí llaman mantecados. Me los como acompañados de un café que pido en el mismo lugar donde tomo cerveza con cacahuetes. Están tan buenos estos mantecados que me ponen de buen humor y tras comprobar que ni una molécula de los mismos ha quedado sin ingerir, parto hacia el castillo para tomar medidas.

Martes:
¡Estoy agotado! He pasado toda la tarde de ayer y todo el día de hoy tomando medidas y dibujando las partes del castillo mejor conservadas. Este trabajo es de por sí agotador pero si además se hace entre las ruinas polvorientas de una inmensa fortaleza puede ser extenuante. Creo que he tomado suficientes medidas pero no estoy del todo seguro ya que entre mis caídas por terraplenes y los ataques de insectos, ha habido momentos en los que he perdido la concentración. De todas formas me dirijo satisfecho hacia una nueva cerveza o hacia una nueva ración de mantecados, todavía no lo he decidido.

Plano topográfico del castillo de Chulilla
Plano topográfico encontrado en internet del castillo de Chulilla, extraído del Plan Director.

Miércoles:

Concluyo el levantamiento de los planos al menos por ahora. Regresaré más adelante para acabar de medir algunos detalles y para dar tiempo a que Paloma me envíe algo.

Para regresar a mi casa tomo la calle que desemboca frente a la otra cumbre de la arquitectura de Chulilla: su iglesia o parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. La verdad es que no me gusta mucho. El campanario no está mal del todo y la fachada con su virgen María policromada resulta curiosa aunque ligeramente infantil sobre todo por la nube esculpida sobre la que levita la madre de Dios. Lo que me desagrada en realidad es su interior pintado de blanco con detalles en azules y dorados. Tampoco me gusta el reloj solar pintado en la fachada lateral de un blanco tan brillante que contrasta demasiado con el ocre de las piedras de la estructura. Una cosa es verdad, todo el conjunto formado por la Plaza de La Iglesia con su fuente con leones, la propia iglesia y las murallas del castillo que nacen tras el templo; resulta en general muy bonito y ofrece un ambiente muy agradable alejado del ruido del centro urbano, ideal para sentarse a leer o a comer mantecados, actividades que he practicado yo mismo a lo largo de estos años.

Plaza de la Iglesia
Plaza de la Iglesia.

Nota técnica.

Mis padres han dado de baja la línea telefónica. Durante esta semana se producirá la desconexión y perderé mi acceso rudimentario a intern…

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4 comentarios en “Otoño en Chulilla

  1. Elenor SANK

    Hola, un amigo me recomendó mucho leer uno de sus blogs: “Independencia de Cataluña, un problema personal”, pero no consigo tener acceso. ¿Por favor, como podría tener acceso? De antemano, muchas gracias y por cierto, me recuerda Ud al detective Carvalho. Que sea leve

    1. ¡Qué amable! Tu interés y la recomendación de tu amigo. Creo que ya he solucionado el problema que impedia acceder a ciertas entradas. Desgraciadamente no estoy familiarizado con la obra de Vázquez Montalbán por lo que te agradecería que me explicases en que me parezco a Carvallo.

      Gracias por tus palabras y tu tiempo.

  2. Te ha faltado ir a buscar setas.. una actividad muy otoñal en la zona.

    En el plano quizás te falte el tema de los aljibes. Hay uno romano en la parte sur. Otro usado hasta el siglo xx cerca de la puerta y un tercero más o menos por el centro y a media altura. El más complicado en encontrar y el más raro por su escasa anchura y su gran profundidad.

    Un saludo

    1. Hola Carlos:

      Sabía que la búsqueda de espárragos era algo muy tradicional en la zona pero de las setas no tenía ni idea. Aunque no soy aficionado a nada de esto, cualquier detalle sobre las costumbres de este lugar me resulta interesante, te agradezco que me lo hayas contado.

      En cuanto al plano, sé de la existencia de los aljibes, pero sólo he querido indicar aquellas partes donde he estado en persona. Daría lo que fuera por ver el aljibe del sur pues tiene una dimensiones considerables, (no sé dónde he leído que en tiempos uno de ellos contuvo una pequeña capilla), pero soy cobarde y no me atrevo a escalar por esas peñas.

      Veo que tienes una estupenda web sobre Chulilla, bueno al menos me escribes desde el mail de la misma, así que si no te importa voy a enlazarla con mi blog. Por cierto, se me cae la baba con la foto de la nevada.

      Saludos y que tengas un feliz 2013.

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