CONFINAMIENTO. DÍA 6.

Sábado. Nada a destacar salvo que la falta de actividad hace que no tenga sueño. Me he levantado hace dos hora y me he puesto a ver tutoriales en Youtube. Luego sobre la 7:00 he desayunado y ahora estoy escribiendo.

Tengo una extraña sensación. Presagios que no puedo describir. Espero poder aclararme mentalmente pues ahora cualquier pensamiento es un mal augurio.

El mundo no será igual después de esto. Espero que vengan tiempos más solidarios y prósperos como pasó tras la segunda guerra mundial. Pero me temo que nosotros no estamos hechos de la pasta de nuestros abuelos y abuelas.

Somos hedonistas, narcisistas y egoístas. Culparemos a los gobiernos y exigiremos compensaciones por lo mal que lo hemos pasado, Sin autocrítica, sin pensar que formamos parte del problema y sin querer formar parte de las soluciones.

No me malinterpreten, creo que los gobiernos, las grandes corporaciones y la banca son los principales responsables de este tipo de cosas por acción u omisión, pero nosotros, me refiero a los que vivimos en países más o menos desarrollados, somos la prole más desmotivada y desconectada de la realidad que ha existido. (Es lo que me diferencia de Greta Thunberg, la autocrítica… y que yo tengo la F.P.)

Durante la guerra civil española, por ejemplo, vinieron a combatir en ambos bandos hombres de todo el planeta. Sus ideales eran suficiente acicate para arriesgarse a morir o quedar lisiados a miles de kilómetros de casa. Ahora los informativos celebran los cancioncitas y coreografías de fin de curso, en supermercados y hospitales de empleados y auxiliares explotados y mal pagados.

Si existe un poder mundial maligno que decide sobre nuestras vidas, jamás se habrá sentido tan confortable, en lo que se refiere al primer mundo, viendo como luchamos colgando frases motivadoras apócrifas de Einstein o Buda en Facebook o haciendo el gilipollas en Tik Tok. Yo mismo estoy aquí escribiendo a lo Noam Chomsky, en mi blog, tomando mi café de capsulas compatibles con Nespresso (Las genuinas son caras)

Y no me valen como ejemplo los chalecos amarillos franceses, los CDR catalanes o las manifestaciones feministas de pañuelos verdes en Argentina. Hasta que no se enfrenten a policías o soldados que disparan con balas de verdad, como ocurría no hace tanto tiempo, no se podrá valorar su autentico valor y compromiso.

He vuelto a escribir en el blog. La plataforma WordPress me ha felicitado por ello. Supongo a que se debe a que tengo más tiempo libre y a que me veo en la beneficencia dentro de un mes. Eso corrobora mi idea de que la inspiración y la creatividad vienen de la mano de la infelicidad.

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