CONFINAMIENTO. DÍA 1.

Ayer domingo mi jefe me llamó para decirme que no fuera a la fábrica. Me ha propuesto trabajar desde casa y ahora a las 9:00 horas del lunes estoy esperando a ver como quiere hacerlo.

Me he instalado la versión gratuita de TeamViewer para poder acceder al servidor de la oficina y poder descargar los archivos que necesito. Mis padres son muy mayores y vivo con ellos desde que me separé. Esa es la razón por la que he aceptado no desplazarme hasta Montmeló ni siquiera en coche. No quiero exponerlos por contagiarme en los trenes de cercanías o por alguien de la empresa.

Después de varios intentos y no poca suerte he conseguido hacer funcionar la parafernalia tecnológica necesaria para convertir mi cuarto en una oficina funcional y con conexión remota al servidor de mi empresa. Todo funciona fluido y rápido a pesar de mi conexión ADSL de los “dosmiles” que, según los estándares actuales, ya parece el capricho de un viejo coleccionista.

Nunca pensé en verme en una situación como la actual. Ni siquiera cuando aquel “bichito que si se caía de la mesa se mataba”, como sentenció el “entrañable” Don Jesús Sancho Rof, cundió el pánico como ahora y eso que el síndrome tóxico del 1981 dejó muertos y lisiados por miles.

Se suponía que la vieja Europa era el baluarte de la civilización y la modernidad. Que los tiempos de próceres prometiendo sangre, sudor y lágrimas formaban parte del pasado. Bueno lo que forma parte del pasado son esos gobernantes que no salían lloriqueando por la televisión prácticamente pidiendo perdón por tener que tomar medidas impopulares.

No creo que Don Adolfo Suarez, Don Felipe González, Don Leopoldo Calvo Sotelo ni siquiera Don José Mª Aznar salieran mirando a cámara con cara de niño que entrega unas malas notas a sus padres.

Ellos habrían salido con corte de emisión de medios. pantallazo heráldico e himno trompetero a decir que había que obedecer y punto, sin pensar en ofender a los “progres” de la época.

No me imagino al general Don Manuel Gutierrez Mellado y a Don Agustín Rodríguez Sahagún ni tampoco a Don Narcís Serra diciendo que sacarán a las fuerzas armadas a la calle pero poquito y sólo a la UME que cae bien porque apaga fuegos, como ha hecho nuestra actual ministra Doña Margarita Robles. No me malinterpreten, no es una cuestión de sexo, seguro que en aquellos tiempos una ministra de defensa habría sido igual de expeditiva o más que los antes mencionados.

No soy un experto ni siquiera entiendo un poco de propagación de virus y epidemias. Sé lo que es estar enfermo eso sí, eso lo domino, pero creo que hay cosas que reprochar al gobierno y al resto de administraciones autonómicas y municipales.

Pero eso lo dejaré para cuando se acabe esta desgracia. Ahora estoy de manera incondicional con mi gobierno, las fuerzas armadas, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y mis compatriotas. Quiero que quede constancia en este modesto blog a fecha de su publicación.

Cuando todo pase contaremos las bajas, tal vez sea yo una de ellas, y pediremos responsabilidades. Ahora toca luchar como en cualquier guerra guardándonos del enemigo y de los traidores.

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