Doce huevos

Inspirado en una anécdota reciente.

Hermana clarisa.- ¡Buenas tardes joven! ¡Alabado sea el señor! ¿Qué se le ofrece?

Hitler.- Buenas tardes hermana. Vengo a por lo de la ofrenda para que haga buen tiempo. Me han dicho que es aquí

Hermana clarisa.- Sí, aquí es. Pase, pase joven. ¡Le queda bien ese bigotito! Ahora está muy de moda. Me recuerda a ese galán de cine…¿Cómo se llamaba?…¿Charlot?

Hitler.- No sabría decirle, voy poco al cine.

Hermana clarisa.- ¿A que se dedica joven?

Hitler.- Soy funcionario.

Hermana clarisa.- ¡Caramba! Un empleo seguro. ¿Le gusta su trabajo?

Hitler.- No me quejo.

Hermana clarisa.- ¡Diga usted que sí! ¡Con el paro que hay! ¡Menuda suerte tener un empleo en estos días! Con la guerra y eso… ¿Se ha enterado que hay una guerra no?

Hitler.- Algo he oído… Me han dicho en que consiste la ofrenda, pero no sé si lo he entendido

Hermana clarisa.- Son doce huevos para ofrecérselos a Santa Clara.

Hitler.- ¿Pero cocidos, de chocolate…?

Hermana clarisa.- No, no, simplemente una docenita de huevos para que Santa Clara nos dé buen tiempo el día de la boda. ¿Así que se va usted a casar? ¡Muy bien joven! Hay que sentar la cabeza!

Hitler.- ¡Quite, hermana! Yo no me casaré a no ser que esté en las últimas.

Hermana clarisa.- ¡No diga eso! Es usted joven todavía, seguro que hay alguna señorita que le hace tilín

Hitler.- Algo hay… pero yo en realidad quiero hacer una visita a la Unión Soviètica y me han dicho que el clima por allí es muy traicionero, que suele nevar y hace frío. No sé si la santa puede mediar en eso.

Hermana clarisa.- Lo habitual son las bodas pero aquí viene mucha gente pidiendo la intercesión de la santa para todo tipo de cosas ¡Cuando hay fe todo es posible! ¿Y para cuándo tienen previsto la visita?

Hitler.- El próximo 22 de junio.

Hermana clarisa.- Siendo en junio, no creo que tenga que preocuparse por el tiempo, pero la ayudita de Santa Clara es un seguro, créame.

Hitler.- Pues tenga, los doce huevos. ¡Son de gallinas camperas, nada menos!

Hermana clarisas.- ¡Oh, qué bien! ¡Seguro que son más ricos que los de las gallinas de corral, que vaya usted a saber la de porquerías que les dan de comer a las pobres! ¿He oído que el Reich está construyendo muchos campos. ¿Esas gallinas son de allí?

Hitler.- No, estás no son de ese tipo de campos… Por cierto, le rogaría que fuera discreta, sobre todo con la fecha. Todo esto es para darle una sorpresa a un amigo.

Hermana clarisa.- ¡Ah! entiendo el que se casa es su amigo. ¿No irán a hacerle una de esas despedidas de soltero con señoritas en paños menores y esas cosas?

Hitler.- ¡No que va! Va a ser algo muy serio, todos de uniforme, tal vez algún que otro petardo.

Hermana clarisa.- ¡Eso está bien, formalidad! Pues esté tranquilo, esto queda entre usted y yo… ¡Ah! y la santa, ji, ji. ¿Por cierto, como se llama su amigo?

Hitler. José.

Hermana clarisa.- Pues le garantizo un clima excelente el día que visite a José ¡Menuda sorpresa que se va a llevar!

Hitler.- Eso espero. Pues nada hermana. Muchas gracias y hasta la vista.

Hermana clarisa.- ¡Que Dios le bendiga! ¡Ay! ¡Da gusto ver que la juventud conserva las tradiciones religiosas.

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