Cuento de navidad

Hipercor de Meridiana, interior tarde.

En la frías vísperas de nochebuena, el viejo David curioseaba entre los anaqueles de la sección de juguetes. Caminaba despacio parándose de vez en cuando para pulsar los botones de prueba de los que hacían ruido.

De repente se le acercó un tipo. No era muy alto, con barba de tres días. Su ropa era vieja y sus zapatos desgastados. Se dirigió a él interrumpiéndolo mientras oprimía las teclas de un móvil que imitaba los ruidos de animales de granja.

  • Hola David. ¿Cómo estás?
  • Bieeen. – Contestó David al principio con cautela pensando que era un pedigüeño y después con incomodidad por haberle llamado por su nombre.- ¿Cómo sabe como me llamo?
  • Lo sé todo sobre ti. Soy el espíritu de las navidades pasadas.
  • Encantado de conocerle.- Contesto alarmado.- Pero ya me iba se me va a pasar la hora en el parquin y no quiero volver a pagar, ya sabe.
  • No tan rápido, tengo un mensaje que darte. Además sé que no tienes coche.
  • Ya verá pero tengo prisa. – Dijo David haciendo aspavientos para que un segurata barrigón que se encontraba a escasos metros le viera. Pero este no reaccionó.
  • No pueden vernos, David. Estás en mi dimensión espiritual ¡Uuuhhh! Y no te dejaré ir hasta que me escuches.
  • Oiga esta es una historia muy manida. ¿No me diga que tendré que aguantar también al los espíritus idiotas de las navidades presentes y futuras?
  • No David.- Contestó condescendiente el fantasma.- Tú sólo tienes un espíritu que soy yo. ¡Uuuhhhh! Lo de los tres espíritus es para empresarios despiadados.
  • Vale y ¿qué quiere? No recuerdo haberle hecho nada malo a nadie en nochebuena.
  • No es eso. Lo que pasa es que no te dejas llevar por el espíritu navideño. No dejas que la felicidad de estos días inunde tu corazón.
  • ¡Eso no es cierto! Ya me he comido unos cuantos polvorones y algunas figuritas de mazapán ¿Y qué hay más navideño que el mazapán?
  • No me refiero a eso.- Comentó el fantasma haciendo gesto de desesperación.- No estás comprando. No estás gastando suficiente. Piensa en la gente que no tiene dinero. Cómo les gustaría estar en tu pellejo. Recuerda como estabas el año pasado: en el paro, con los bolsillos vacíos. ¡Mírame! Soy el reflejo de lo que eras hace un tan sólo un año.
  • Pero si estoy comprando ¿Por qué iba a estar en el Hipercor sí no? Lo que pasa es que estoy comparando precios.
  • ¡Y una porra! Sólo pulsas teclas de juguetes para probarlos. Te he visto pulsar el capó de esa ambulancia para que suene la sirena y antes aprestaste la barriga de aquel minion para que riera.
  • Estoy buscando juguetes para mi sobrino… ¡eso!
  • No me engañas. A tu sobrino ya le has comprado un Buzz Lightyear barato y se lo darás el día de reyes. Estás aquí porque en el fondo te mueres por comprar. ¡Quieres gastar sólo porque es navidad! Pero tu maldito ego te lo impide.
  • Yo no necesito una fecha especial para comprar. – Comentó David con gesto despectivo. – Estás son unas fiestas consumistas sin ningún  valor moral.
  • “… sin ningún valor moral”. Bla, bla, bla. – contestó burlón el fantasma.- Vas de intelectual y ni siquiera acabaste la carrera.
  • Yo por lo menos estoy vivo.
  • ¡Qué gracioso! – dijo el fantasma algo dolido. – Lo que pasa es que no tienes dinero suficiente para comprar lo que quieras. Si te hubiera tocado la lotería ya veríamos donde iba tu intelectualidad.
  • ¡Exacto no tengo dinero! Por eso no compro ¿está contento? ¡eah! Ya puede irse. Me siento una persona mejor. ¡Misión cumplida!
  • Me temo que no es suficiente. Ya sé que no tienes mucho dinero pero te recuerdo que tienes una tarjeta de crédito y también la del Corte Inglés.- Indicó el espíritu frotándose las manos.
  • No las llevo encima. – Contestó David mirando hacia un niño que lloraba porque su mamá no le compraba no se sabe qué.
  • ¡Falso! Desde principio de diciembre las llevas contigo.
  • Es por si tengo una emergencia ahora en vacaciones me muevo mucho y…
  • Las llevas porque quieres comprar pero te falta un empujón.- interrumpió el fantasma.- Pero no temas para eso estoy yo aquí.
  • Gracias pero, de verdad, no necesito nada.
  • No es cuestión de necesidad es cuestión de comprar cosas que molan.
  • ¡Qué no! pesado.
  • ¡Va hombre! Tu hermano ha estrenado un iPhone 6 plus, te mueres por tener uno igual.
  • Yo ya tengo un Galaxy Note 4 que es mucho mejor.
  • ¡Qué más quisieras! Eso es un móvil de perdedor. ¡Un iPhone es un IPhone y te lo podrías comprar. ¿Qué me dices?
  • ¡Qué no!
  • Tu tablet está vieja. ¡Cómprate una nueva!
  • ¡No! Todavía sirve, además sólo la uso ver porn… digo el You Tube.
  • ¿Un nuevo teclado para tu ordenador de esos que se iluminan?
  • ¡No!
  • ¿Una suscripción a Netflix?
  • ¡No!
  • ¡Un palo de “selfies”!
  • Grrr. ¡Qué ordinariez!
  • ¡Pues una catana!
  • ¡Déjame en paz!
  • Unos auriculares con manos libres para tu fantástico Note 4.- Dijo el fantasma con tono de burla!. -Los tuyos se han roto.
  • Mmm. ¡Es verdad!
  • ¡Lo ves! comprarlos es una necesidad, no un capricho infantil.
  • ¡Vale! pero sólo porque los necesito.
  • ¡Que sean de esos con volumen! Debes proteger tus oídos.
  • Mmm. ¡Es cierto! Pero serán más caros.
  • ¿Tus oídos no merecen el gasto extra?
  • Mmmm.
  • ¡Uy! Esos están muy bien y tienen cable antienredos.
  • ¡Tu sí que me está enredando!… Aunque, deben de ser muy prácticos.
  • Comprarlos azules o rojos. Todo el mundo lleva auriculares blancos.
  • Esos negros satinados son bonitos y tienen volumen y cable antienredos… ¡30€! ¡Qué barbaridad.
  • ¡Venga que es navidad!
  • De acuerdo sí prometes que te me dejarás en paz.
  • ¡Prometido!

Y así fue como el viejo David, imbuido por el espíritu navideño y con la ayuda del fantasma de las navidades pasadas comenzó poco a poco a llenar su corazón de esperanza y un carrito de supermercado de cosas necesarias: Una agenda de Star Wars, un termo en forma de lata de cerveza, una recortadora de barba con aspirador, una flor de pascua, un mapa de La Tierra Media  y por supuesto, los auriculares con cable antienredos.

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Niños que juegan.

Diciembre de 1973.

David tan sólo tiene 5 años. Es un crío. Quiere saltar, subirse a sitios, jugar a la pelota y sobre todo quiere correr, correr como los demás niños pero no puede, el invierno se  lo impide.

Jugar al balón es un tormento. Alcanzar en una carrera a sus compañeros de juegos una quimera. Un poco de esfuerzo y su pecho se vuelve lija y su aliento fuego. Y por si fuera poco, los sibilantes. Esos silbidos que salen de su garganta, el aullido cruel de las flemas que inundan sus bronquios. Cantos de sirenas que conducen su infancia hacia los escollos del asma siempre que intenta navegar como un niño. 

Diciembre de 2015.

Kirill tan sólo tiene 5 años. Es un crío. Salta, se sube a sitios, juega a la pelota y sobre todo corre. Corre como los demás niños. Nada le detiene, ni el invierno.

Jugar al balón es divertido y alcanzar a sus compañeros de juegos en una carrera, fácil. Un poco de esfuerzo y su pecho se hincha de aire y de su garganta salen gritos de alegría y de vez en cuando llamadas a David para que vea como mete gol, alcanza la canasta con su pequeña pelota o se tira por la tirolina. Y David celebra sus chiquilladas y le anima a superarse. ¡Otro gol! ¡Otra canasta! ¡Muy bien, así se hace Kirill!

Y Kirill juega feliz porque es niño, está sano y su tío David le vigila,  le protege y de pasada el niño asmático que fue salta, se sube a sitios, juega a la pelota y sobre todo corre feliz pues, 42 años después, tiene una segunda oportunidad en la respiración sana y la felicidad segura de su sobrino.

¡Otro gol! ¡Otra canasta! ¡Muy bien, así se hace Kirill! ¡Así se hace David!

 

¡Vamos mujer! Si necesitas reggaetón.

“Para el que ha tenido una buena madre, las mujeres son sagradas.”

Proverbio.

Reconozco que no me gustan las actuales campañas contra la violencia de género. Las apoyo, pero las encuentro paternalistas, sobreprotectoras y a veces estigmatizadoras para los hombres. Por cierto, yo creía que el género era cosa de pronombres y artículos y que las personas teníamos sexo. Debería decirse violencia de sexo o sexista. Pero qué se yo, soy de ciencias.

Pese a todo me avergüenzo como hombre de lo que las mujeres tienen que aguantar. No sé cómo pueden hacerlo. Deberíamos haber avanzado mucho en cuestión de igualdad y respeto pero me parece que estamos en franca regresión. Como ejemplo de esto quiero comentar y comparar dos canciones. Las dos son latinomericanas y las dos tratan de hombres que le ofrecen “consuelo” a una mujer. Al igual que hice en una entrada anterior preguntando como habíamos pasado de Janis Joplin a Miley Cyrus, quiero preguntarme de nuevo como hemos pasado de una canción a otra.

La cantata de Santa María de Iquique. (1969)

La cantata de Santa María de Iquique fue compuesta por el músico chileno Luis Advis en 1969 e interpretada principalmente por el grupo Quilapayún. Narra la matanza perpetrada por el ejercito chileno el 21 de diciembre de 1907 en la ciudad de Iquique, donde murieron entre 2.000 y 3.000 trabajadores del salitre que se encontraban, acuartelados en la Escuela Santa María de dicha ciudad, durante una huelga general que el gobierno mandó reprimir.

Toda ella es una obra musical sublime pero para mí hay una parte que destaca sobre las demás: la llamada “vamos mujer”. Dice así:

“Vamos mujer, partamos a la ciudad. Todo será distinto, no hay que dudar confía, ya vas a ver, porque en Iquique todos van a entender. Toma mujer mi manta, te abrigará. Ponte al niñito en brazos.  No llorará, confía va a sonreír. Le cantarás un canto, se va a dormir. ¿Qué es lo que pasa?, dime, no calles más.”

El hombre intenta animar a su mujer y contagiarle su optimismo ante la marcha hacia Iquique. Le dice  que haga lo que él cree son cosas de mujeres con tranquilidad. Que cuide del niño y no que se preocupe pues cuenta con su protección simbolizada en la manta. No obstante la mujer está preocupada y eso desconcierta al curtido obrero del salitre.

“Largo camino tienes que recorrer atravesando cerros, vamos mujer. 

El marido parece advertir a su mujer que su actitud no es la mejor para enfrentarse al duro viaje que les espera.

“Vamos mujer, confía que hay que llegar, en la ciudad podremos ver todo el mar. Dicen que Iquique es grande como un salar, que hay muchas casas lindas. Te gustarán. Confía, como que hay Dios, allá en el puerto todo va a ser mejor. ¿Qué es lo que pasa? Dime, no calles más.”

Otra vez el hombre intenta animar a su esposa explicándole cosas que él cree son del agrado de las mujeres. El mar, casas bonitas… Pero la mujer no traga. El obrero es valiente y está motivado por eso no entiende la actitud de su mujer.

“Vamos mujer, partamos a la ciudad. Todo será distinto, no hay que dudar. No hay que dudar, confía, ya vas a ver, porque en Iquique todos van a entender.”

El obrero endurecido del salar  no entiende que su mujer intuye que la cosa acabará muy mal, como así fue. Esta parte de la cantata enfrenta el comportamiento valeroso pero a veces infantil de los hombres contra la intuición y la sensibilidad femenina. Frente a la ingenuidad del hombre que cree que las cosas van a cambiar está la sensatez y la mejor comprensión de la realidad de la mujer.

 Esto es lo que nos venía de Latinoamerica en los 70.

Veamos lo que nos viene en la actualidad.

Ginza (2015)

Canción interpretada por un tal J. Balvin ha sido número uno de la radio en Estados Unidos, México y España entre otros países de Latinoamérica. Dice así:

“Si necesita reggaetón dale. Sigue bailando mami no pare. Acércate a mi pantalón dale. Vamos a pegarnos como animales.”

Las mujeres al parecer necesitan reggaetón y para satisfacerlas el hombre se ofrece a practicar el conocido paso de baile conocido como “perreo”. Esta modalidad coreográfica se practica del siguiente modo: Una mujer debe desproveerse de toda dignidad, por ejemplo mediante el abuso del alcohol. Luego tiene que refregar su culo en la entrepierna de un anormal acomplejado. No es como bailar un minueto pero no es fácil coordinar los movimientos cuando los bailarines están colocados y carecen de educación primaria.

“Muévete a mi ritmo. Siente el magnetismo. Tu cadera con la mia (boom). Hacen un sismo.”

La onomatopeya de “sismo”, Boom, es de lo más curiosa. ¿Qué ruido harán las bombas? ¿Trrrrgrrrrrbrrrr?

“Ahora da lo mismo. El amor ahora es turismo. Diciéndole que no al que viene con romanticismo.”

En esto hay que darle la razón al tipo. Una discoteca repleta de tipos con la visera de las gorras hacia atrás sobrexcitados no es el ambiente propicio para acercamientos amorosos, sino más bien de tiroteos entre bandas de narcos.

“Si te dan ganas de bailar pues dale. En esta disco todos somos iguales.”

Nuevamente el tipo da en el clavo, en esta disco todos son igual de penosos.

“Te ves bonita con tu “swing” salvaje. Sigue bailando que pa eso te traje.”

Claro, no la vas a llevar a una disco para presentar la declaración de la renta. ¡Qué tío!

“Sexy baila y me deja con las ganas. Y yo hoy estoy aquí imaginándolo. Sexy baila y me deja con las ganas.”

¿No habíamos quedado que la habías traído para bailar? ¿De qué diablos hablas? Mejor vas al aseo y te refrescas la cara con agua fría.

“Que bien te queda a ti esa faldita. Ella es señora, no es señorita.”

Después de una rima digna de Rubén Darío, se establece uno de los requisitos indispensables en el mundo reggeatonero: la mujer a conquistar es ineludiblemente la mujer casada con otro. Es un tema recurrente en este tipo de canciones (véase el clásico Dale Don dale). No eres un macho, macho hasta que no le quitas la mujer a alguien. Si le tienes que matar pues se le mata y luego te llevas a la chica como si le hubieses robado su canuto de plata para esnifar, que para eso las mujeres son posesiones.

“Sexy baila y me deja con las ganas. Como te luces cuando lo meneas. Cuanto quisiera hacerte el amor. Enséñame lo que sabes.

¿No habíamos quedado que aquí el amor era turismo. ¿No deberías decir algo así como: “¡Cuanto quisiera mojar el churro!”

El resto es repetición y no merece comentarse. Por cierto, si alguien me acusa de ¡Racista de la música! que le den.

En fin, pregunto de nuevo. ¿Cómo hemos pasado del “Vamos Mujer” al “Ginza”? ¿Qué es lo que ha ido tan mal?