Peret ha muerto y lo siento en el alma.

Peret ha muerto y lo siento en el alma.  Nunca he sido mitómano y la muerte de famosos no me afecta más allá de la curiosidad. Sólo sentí la muerte de Peter Falk por lo mucho que me gustaba la serie Colombo en mi infancia, quizás lo que lamenté fue precisamente eso, la muerte del Teniente Colombo  y los recuerdos que me trae de mi niñez cada vez que vuelven a emitir sus episodios.

Pero me gustaban las canciones de Peret, sobre todo las versiones de cuando era joven. Curiosamente sus mayores éxitos nunca me agradaron, su fase más comercial, pero aquellas primeras versiones de la “Rumba pa ti” y del “Gitano Antón” siempre me alegran el alma cuando las escucho. La primera ya la cantaba La Lupe con Tito Puente y la segunda era una versión del “Negro Bembón” interpretado magistralmente por Ismael Rivera, pero Peret las convirtió en obras maestras con su toque de gitano catalán que tan sólo tuvo a su nivel Antonio González el “Pescailla”. Ambos fueron el Bach y el Haendel de la Rumba catalana y no cabe discutir quién fue el primero o quien fue mejor, lo que pasa es que la rumba de Peret me llegó en una etapa de la vida en la que más necesitaba de alegría. Por eso su muerte me ha afectado.

Ya es mala suerte que nos deje cuando en este país “Paquirrin” puede ser número uno en iTunes por eso creo que hoy, todos los amantes de la buena música nos hemos quedado huérfanos y desamparados.

Gracias Peret por tantos momentos de felicidad. Siempre tendrás unos megabytes en mi reproductor y un lugar en mi corazón. Descansa en paz.

Anuncios

Yolanda.

Ayer en la noche sin luna más despejada del mes volví a ver la Vía Láctea con mis propios ojos. La última vez fue hace más de treinta años, cuando siendo niño miraba al cielo de Cómpeta sentado junto a mi abuela. Después contraje las cataratas y las estrellas, incluso las más brillantes, se me apagaron.

Ayer sentí la alegría de volver a verla, tenue, difuminada por la contaminación lumínica, pero apreciable gracias a mis cristalinos de plástico y me sentí orgulloso de haber superado la ceguera nocturna pero sobre todo por el conocimiento. Me sentí feliz por saber que esa franja blancuzca no es la leche derramada del pecho de Juno cuando apartó bruscamente al bebé Hércules, sino que es una galaxia, nuestra galaxia y que el Sol es sólo una estrella modesta entre los millones que la forman y… bueno, entonces me acordé de Yolanda.

Yolanda fue mi tutora en el último curso de la F.P. II. Era una mujer delgada, menuda, con la melena rubia natural más clara que recuerdo. Tenía una nariz rara que hacía que su cara también lo fuera. Yolanda, para que lo voy a negar, era una niña pija metida a redentora de zoquetes, pero era una buena profesora.

Llamé su atención cuando un día uno de esos zoquetes hizo un comentario machista sobre ella y yo salí en su defensa.  Pero acabé ganándomela cuando le demostré mis conocimientos sobre automóviles.  Pues resultaba que Yolanda y su marido, eran aficionados a los coches clásicos y participaban en “Rallys” y esas cosas que hace la gente de dinero.

Un día le comenté que yo tuve un coche de juguete que era una reproducción perfecta del Mercedes Benz con motor rotatorio “Wankel”. Ella me dijo que Mercedes nunca había fabricado modelos con motor Wankel.  La conversación acabó pero a la semana siguiente, antes de empezar la clase, Yolanda me apartó a un rincón y me dijo que había consultado con su marido, y que en efecto, Mercedes fabricó en los 70 el modelo C111 con motor rotatorio Wankel.

En esos tiempos no existía Google e Internet era algo todavía por inventar así que si un chaval de 18 años sabía que era un motor Wankel era porque leía mucho o porque se preocupaba de  aprender, de cultivarse. Además mi profesora ya se daba cuenta de lo propenso que era yo a fustigarme, a la depresión y como me afectaban mi asma, las cataratas y mis otras taras físicas

Quizás por eso cuando acabó el curso, Yolanda, creyó que debía decir algo que me motivara, que me animara y volvió a apartarme para despedirse de mí sus palabras textuales fueron:

  • “David, tienes un don. Eres capaz de ser feliz mirando la Luna.”

Entonces no me pareció una gran cosa tener ese don para forjar un futuro (a menos que optara por ser poeta)  y la verdad es que pensé que no era más que una cursilería de niña de papá. Pero ayer, más de treinta años después, mientras contemplaba  “el espinazo de la noche” y me sentía feliz por “saber” comprendí, por fin, las palabras de Yolanda.

No me gusta el baloncesto.

 

(Con motivo de la celebración del mundial de baloncesto en España he decidido reeditar una de las primeras entradas que publiqué en este blog y que eliminé porque no le encontré el sentido de publicarla entonces que en cambio sí tiene hoy día.)

Una amiga me comentó que se había apuntado para jugar al “Básquet” que es como se llama a hora al baloncesto de toda la vida. Como soy un buen amigo, suelo animar a todo el mundo en sus empeños, aunque sean actividades que encuentro absurdas o poco estimulantes, y ninguna para mí tan absurda y poco estimulante  como el baloncesto.

Este deporte, que tanto gusta a personajes a los que admiro como Woody Allen o Carl Sagan, es excluyente, pues midiendo 1,70m no me dejarían jugar, lejos de los patios de recreo. Sí ya sé, un tal Muggsy Bogues media 1,60m y fue un fenómeno como algún par más que median menos de 1,75m, pero son casos anecdóticos y si se les recuerda es precisamente por considerar que triunfaron a pesar de no estar en su elemento.

El baloncesto consiste como otros deportes, en competir entre equipos o de forma individual para superar un obstáculo. En el baloncesto el obstáculo es la altura a la que se sitúa la cesta donde se debe introducir la pelota, así que los responsables de los equipos decidieron hacer trampas. ¿Cómo? sencillo, fichar a jugadores muy altos para reducir al máximo dicho obstáculo, cuanto más alto sea el jugador más fácilmente llegará a la cesta, así que estos se rifan a los jugadores muy altos como Manute Bol, (2,31m) ya fallecido o Yao Ming (2,28m), sólo para que lleguen mejor a la cesta. Ya me dirán qué merito tiene que un tío de 2,20m como Tkachenko, meta o impida meter una pelota en una cesta situada a 3,05m.

Me cuesta, pero debo admitir, que el futbol es un deporte mucho más democrático. Hay sitio para todos. El mejor futbolista del mundo es Leo Messi  (1,69 m) que puede sortear con tranquilidad a los defensas contrarios porque sabe que Gerard Piqué (1,93m) cuida su retaguardia.

¿Por qué no, en vez de fichar a tíos cada vez más altos para llegar mejor a la canasta, no la bajan para que podamos jugar todos? o ¿Por qué no  establecer categorías como en el boxeo. Dejemos la canasta como está actualmente para jugadores de hasta 1,80m y situémosla, no sé, a 4,50 o 5m para jugadores de hasta más de 2m.

Bueno es una broma pues la verdad es que me da igual. Detesto cualquier deporte como espectáculo, pues creo que aparta a la gente de sus problemas reales y nos mantienen sedados, pero creo que el baloncesto es además excluyente y me irritan las cosas excluyentes pero que además sean populares entre la gente excluida ya me resulta del todo incomprensible.

Publicidad absurda (9)

La mala educación.

Este anunció ya hace varios años que se emite y me resulta repugnante. Y me sabe mal porque lo que se anuncia, las galletas Chiquilín, están entre mis favoritas.

Una madre encarga a su hijo que vaya a comprar cereales, leche y miel o huevos, bueno no se, el caso es que el chico se presenta en casa con un paquete de las mencionadas galletas, trasgrediendo flagrantemente el mandato de su madre. ¿Y qué pasa? Pues nada. La madre sonríe y acepta sin rechistar que su hijo menor de edad decida en que debe y en que no debe gastarse el dinero en casa. Ya sé que son malos tiempos para educar a los hijos pues los padres tienen que andar con pies de plomo ya que la legislación vigente establece una frontera muy tenue entre educación estricta y maltrato, pero fomentar  la impunidad y la falta de respeto de los hijos respecto a los padres es demasiado.

Solidaridad “manola”

Los Manolos, que creo que son unos comentaristas deportivos nos invitan a comprar su balón solidario para ayudar a los más necesitados. Entrenando con ese balón convertiremos los pases en galletas y los toques en bocadillos. No me cansaré de combatir desde mi blog que millonarios o gente relacionada con negocios millonarios, nos pidan dinero a los trabajadores aunque sea para los fines más altruistas y encomiables. El futbol genera millones en publicidad, en comisiones y no paga impuestos, por lo menos en España Hacienda no está por la labor de reclamárselos. Así que me resulta indignante que jugadores, entrenadores, o periodistas deportivos pidan dinero para beneficencia. Con lo que ganan algunos jugadores en concepto de publicidad solamente, pueden comprarse miles de galletas y bocadillos. ¡Dad el dinero vosotros miserables!

Inteligencia por un tubo.

La compañía fabricante de los productos Oral-B dice que ha inventado una pasta de dientes inteligente. La razón de la supuesta “inteligencia” es que usan un ”supercomponente”, el fluoruro de estaño. Bueno, calificar de inteligente a un dentífrico es ya de traca, pero llamar “supercomponente”  al fluoruro de estaño y decir que es una innovación, es como si Lindt dijese que  su chocolate tiene un “supercomponente” llamado cacao y los zumos Don Simón de otro llamado pulpa de naranja.  Bueno no sé si esta pasta de dientes vale por cinco como se dice en el comercial pero ya que es inteligente, voy a comprarla a ver si así logro acabar la carrera.

¿Tanta variedad para qué?

Una empresa de desodorantes anuncia que su nuevo producto no deja manchas en 100 colores (yo pensaba que era el sudor el que dejaba manchas blancas, por lo menos en mi caso es así). Para demostrarlo le piden una tal “Bea” que escoja un color y elige el Rojo. ¡Qué originalidad! Podía escoger el azul cobalto, el rosa tirio o la siena tostada pero elige el rojo, así tal cual. ¡Vamos que se ha escoñado la niña!

 Piedras sobre su tejado.

Quiero acabar elogiando a la dedicación que tienen algunos profesionales hacia sus clientes. El estilista recomienda un champú que hace que sus clientas no vuelvan a su salón con la asiduidad necesaria para que le salga rentable el negocio y los reparadores de electrodomésticos recomiendan productos anti cal que hará innecesario volver a requerir sus servicios.  No me digan que en estos tiempos de crisis, que los profesionales ofrezcan alternativas a sus clientes que pueden dejarles sin trabajo, no es una muestra de dedicación y amor por ellos.

Publicidad absurda (8)

Nicole_ScherzingerVoy a dedicar este capítulo de la serie publicidad absurda a un anuncio que se está emitiendo por televisión este verano y que desde mi modesta opinión roza el delirio. Lo que se vende es una gama de champú que según el anunciante proporciona una experiencia “orgánica”, vamos, intenta asimilar su uso a “orgásmica”.Estos productos ya hace tiempo que se venden con esta propiedad, pero en esta ocasión la puesta en escena es bastante curiosa:

Se ve a una despampanante mujer que es una conocida cantante y modelo, que decide lavarse el pelo en el lavabo de un avión en pleno vuelo. Cómo está usando los productos antes mencionados, empieza a sentir la “experiencia orgánica” y claro se pone a gemir como si fuera la protagonista de una película porno italiana, que desde mi punto de vista de experto, son de lejos las más machistas y peor interpretadas. Por si fuera poco conecta el intercomunicador del lavabo permitiendo que todo el mundo oiga sus gritos espasmódicos. Esto puede apreciarse mejor en la versión completa del anuncio

El gimoteo lascivo y ridículo de la señora altera al resto del pasaje el cual reacciona inexplicablemente pulsado el botón de llamada a las azafatas. El anuncio concluye con la protagonista con su pelo limpio, seco y meciéndose de un lado a otro.  Tras ver el anuncio me gustaría hacer tres preguntas tanto a los creativos como a los improbable lectores de esta entrada:

  1. ¿Es posible lavarse el cabello en el aseo de un avión? Los aviones en los que yo he volado no parecían adaptados a tal fin, pero quizás en “business” donde nunca en viajado o en los aviones más grandes como el Boeing 797 o al Airbus 380 tal vez, no sé. Según se aprecia en el anuncio, la chica no viaja en “business” ya que se pasea claramente por el pasillo de turista así que nos queda más que el tipo de avión. ¿Existen aviones que permitan usar su lavabo de improvisada peluquería?
  2. En los lavabos de los aviones hay un interruptor que conecta directamente con el sistema de intercomunicación de la nave. Y si lo hay ¿qué utilidad tiene? ¿Qué razón hay para que desde el aseo se pueda interferir el canal que usa el comandante para sus ordenes y explicaciones? ¿Hay una norma aeronáutica internacional que otorge la misma autoridad a un tío cagando que al piloto en caso de problemas durante el vuelo o secuestro aéreo?
  3. ¿Los creativos de este anuncio, conocen a alguna mujer (y menos de las características de la protagonista) que emprenda un viaje sin ir perfectamente aseada, maquillada y vestida? ¿Los creativos de este anuncio han tratado con mujeres alguna vez? ¿Es más, han visto a una mujer alguna vez, aparte del día del rodaje?

En fin, si parece que no han comprendido el funcionamiento de un avión en pleno vuelo, como van a comprender la naturaleza femenina.

Carta abierta a Daniel Stix.

Hola Daniel Stix:

Te conozco del anuncio de Cola-Cao.  Ese donde sales haciendo toda suerte de proezas deportivas a pesar de que no puedes caminar. Se te ve yendo en esquíes adaptados a tu discapacidad (creo que incluso fuiste subcampeón de España) y otras cosas similares; y ahora te ha dado por los deportes aéreos. Parece que no tienes límites y te vanaglorias diciendo que has nacido para hacer deporte.

Pues permíteme decirte, Daniel, que te equivocas, no has nacido para hacer deporte. Ser parapléjico no es un indicativo de predisposición al deporte. Te lo digo yo que tampoco nací para el deporte debido a mi severo asma crónico e inducido por el esfuerzo. Pero una enfermedad crónica no es una discapacidad y por ello estoy en condiciones de apreciar el enorme mérito de lo que haces. Sé también que juegas al baloncesto, que has escrito un libro y que ayudas con tu ejemplo a personas en tu misma situación. Así que puedes considerarme, sin dudarlo, un admirador de tus ansias de superación, que he de confesar, me han faltado en no pocas ocasiones a lo largo de mi vida.

Pero, Daniel, permiteme decirte que te has equivocado al protagonizar ese anuncio de cacao en polvo. En él no se ve todo lo bueno que haces sino que se pretende inculcar a los jóvenes que pueden hacer cualquier cosa que se propongan gracias a la energía que proporciona el producto que anuncias, pero lo hacen a través de actividades y deportes para niños ricos. ¡Menudo ejemplo!

Tú no tienes la culpa de disponer de medios económicos, pero en este país y en esta época de crisis severa, donde miles de discapacitados malviven con pensiones misérrimas y tantas familias sufren el inhumano recorte de las ayudas a la dependencia, exhibir tus  caros equipamientos deportivos no queda bien.

Lo que más me preocupa, Daniel, es que en ese anuncio tú no haces deportes sino  que prácticas actividades de alto riesgo. En dicho anuncio, tus amigos dicen que les has dado una lección por querer volar colgado de un paracaídas pero son tan inconscientes como tú. A mí no me impresionas Daniel, más bien me sorprende que alguien, que ya sabe lo frágil que es la vida no se dé cuenta de que la está poniendo en peligro.

No pretendo decirte que tienes que quedarte en casa tomando infusiones y con una manta sobre las piernas, pero entre jugar al baloncesto y tirarse cuesta abajo por una ladera nevada existe la sutil diferencia del riesgo por el riesgo.

Riesgo de sufrir una lesión cervical, por ejemplo, que te impida también mover los brazos o incluso respirar  ¿Te has enterado de lo que le ha pasado a Michael Schumacher, en su plenitud física, con toda su experiencia y medios económicos?  Por si fuera poco no se te ocurre otra cosa que decir que:

  • No pienso en mis límites, pienso en disfrutar.

Pues no Daniel, eso será un buen eslogan publicitario para mentes simples y ya sé que te refieres a tus límites físicos, pero es una frase terrible. Conducir temerariamente, participar en una reyerta entre bandas o abusar de una mujer son actividades que se disfrutan cuando no se piensa en los límites. Hay límites que tenemos que respetar incluso por los más valientes. Por supuesto tú puedes hacer con tu vida lo que quieras y sentirte pleno como quieras, pero que en la publicidad ofrezcan a temerarios adinerados como ejemplo me resulta indignante, puedan caminar o no.

Quizás el anuncio no me guste porque superarse en el deporte no es nada para mí. Yo valoro más que tienes que estudiar, encontrar un empleo, una pareja, tal vez tener hijos y todo eso en franca desventaja debido a que no puedes andar y créeme no tendrás a tantos amigos jaleándote porque por esas cosas no se sale en anuncios.

Cuando consigas esas cosas, me quitaré el sombrero ante ti, ya que yo que dispongo de mis piernas no he conseguido algunas de ellas, pero tus descensos vertiginosos y tus chorradas aéreas no me impresionan lo más mínimo y esto no te lo digo sólo a ti sino, también,  a la compañía que te contrató como reclamo comercial.

Bueno Daniel, acabo reiterando mi admiración por todas las cosas buenas que haces y que lamentablemente no se ven  en ese estúpido anuncio.  Te deseo toda la suerte del mundo.

Tu sincero admirador, David

Para saber más:

– La discapacidad y la (indignante) energía de Cola-Cao.

– El chico del anuncio de Cola-Cao.

El castillo de Chulilla y yo.

Advertencia:
Quiero aclarar a los posibles lectores de esta entrada y de otras del mismo estilo tan personales y de poco interés general, que mis conversaciones con monumentos históricos son meras licencias literarias y no síntomas de enfermedad mental alguna. No acostumbro a mantener conversaciones con objetos inanimados… bueno a veces me acuerdo de la madre de mi ordenador cuando se cuelga pero nada más.Acceso-Castillo_Chulilla.jpg

Debo de ser la persona que más veces ha visitado el castillo de Chulilla. Sin duda. Cada verano que paso en el pueblo subo casi cada día. Hay paisanos octogenarios que me han contado que la última vez que subieron eran adolescentes incluso críos. Pocos monumentos españoles deben de tener un visitante tan asiduo y fiel como lo soy yo del castillo montano de la Baronía de Chulilla.

Mi amor por estas milenarias ruinas está más que justificado. Acceder hasta ellas es difícil. Hay que subir hasta lo alto de la montaña por empinadas cuestas, toda una hazaña para un asmático crónico como yo. Estar frente a su puerta de acceso ha sido siempre una victoria personal contra mi enfermedad y ahora, además lo es contra el sobrepeso y los años. Es poca cosa lo sé, pero allí está él dispuesto a acogerme extenuado y jadeante, como acogió a los barones y arzobispos que en el pasado lo frecuentaban. Pocas veces hay gente paseando entre sus dependencias cuando subo. La mayoría del tiempo estoy solo entre sus murallas. El castillo y yo nos entendemos, a distinta escala estamos algo solos, algo abandonados y algo viejos. Hemos tenido momentos mejores, pero aguantamos en pie que en estos tiempos no está nada mal.

Hace ya tantos años que visito el castillo que he visto dos obras de mantenimiento. En la primera pavimentaron el pretil y substituyeron la antigua puerta de hierro forjado por una de aluminio y acero inoxidable de un cromado cegador. En aquella ocasión sentí como el castillo me preguntaba incómodo que ¿qué demonios habían hecho con su entrada y su pretil pedregoso por donde subieron los soldados de Wellington que defendieron a España de Napoleón?  Porque, ¿puede haber algo menos histórico que el aluminio y el asfalto? ¿Algo menos medieval? Sí, medieval, ya que el castillo está catalogado así por quienes entienden de estas cosas. Yo no supe que decirle, salvo que tal vez facilitando el acceso a los turistas con chanclas recibiría más visitas pero no sé yo si eso ha sido así.

Hace dos años también me encontré al castillo confuso. Me preguntó que qué eran esas plaquitas rojas con un recuadro ajedrezado que le habían clavado en sus milenarias piedras. Le contesté que eran códigos QR, algo tan moderno que no creo que entendiera para qué sirven pero sé que notó por mi tono de voz, que considero que no son más que un banal e inútil acto de profanación, ordenado quizá, por algún bienintencionado pero patoso funcionario municipal.

De todas maneras ninguna novedad tecnológica ni ninguna aberración metalizada le resta ni un ápice de su gloria. El castillo de Chulilla, mi castillo, estaba hace siglos, imponente sobre su montaña, antes de que yo naciera y seguirá allí cuando yo muera, puede que entonces, llegue frente a su puerta de acceso sin jadeos, sin sudores y el castillo con sus almenas intactas y sus pendones al viento, reciba mi espíritu de vez en cuando, por toda la eternidad.