Mendigos y calcetines.

 

Noviembre de 2011

Una pareja de jóvenes de algún país del este de Europa entran en el tren. Se trata de un chico que empuja a una chica postrada en una silla de ruedas. Son muy parecidos, se diría que son hermanos. Los mismos ojos, la misma delgadez y la misma expresión triste. No hablan, no piden, sólo esperan que la gente se conmueva con la visión de la muchacha discapacitada. Va vestida con un pijama y lleva sus piernas desnudas. Unas piernas flacas y arqueadas terminadas en unos pies encogidos y descalzos. He visto a personas con lesiones medulares y esas no son las piernas de alguien así. Pero qué sé yo. Qué sé yo de enfermedades motoras, además esas piernas son tan huesudas, tan raras. No parece que puedan sostener a nadie ni siquiera a una muchacha escuálida como a la que pertenecen.

Por un momento siento pena, pero me dura poco. Nunca doy limosna a quien exhibe a un invalido. Antes había quien exhibía a niños, pero eso ahora está prohibido. Pero además no entiendo como con este frío de noviembre, el hermano de la chica, sí es que es su hermano, no se ha preocupado de ponerle al menos unos calcetines. Sí ya sé quieren optimizar la pena, pero esas piernas… ya son bastante raras como para dar pena sin que la chica tenga que pasar frío. Puede que la chica no sienta nada en sus extremidades, las lesiones medulares ya se sabe. No sé, noviembre no es mes para ir sin calcetines.

Noviembre 2012

Una pareja de jóvenes de algún país del este de Europa entra en el tren. Son muy parecidos, ¡Qué digo! son los mismos que entraron hace un año. Los mismos ojos, la misma delgadez y la misma expresión triste. No hablan, no piden, sólo esperan que la gente se conmueva con la visión de la muchacha discapacitada. Va vestida con un pijama y lleva sus piernas desnudas. Unas piernas flacas y arqueadas terminadas en unos pies encogidos y cubiertos con unos calcetines. Es posible que alguien, alguien más valiente que yo, le recriminara al joven que abrigara los pies de la muchacha. O puede que esta se cansara de pasar frío. Sus piernas ya son lo bastante flacas y raras como para ir por ahí sin calcetines.

Noviembre 2013

Un joven de algún país del este de Europa entra en el tren. Se trata de un chico que empuja su propia silla de ruedas. Es muy parecido al que empujaba a una chica discapacitada hace un año. ¡Qué digo parecido! Es el mismo. Tiene los mismo ojos, la misma delgadez y ahora, las misma piernas flacas, arqueadas y terminadas en unos pies encogidos y descalzos como ella. He visto a personas con lesiones medulares y esas no son las piernas de alguien así. Pero qué sé yo. Qué sé yo de enfermedades motoras, además esas piernas son tan huesudas, tan raras. No parece que puedan sostener a nadie ni siquiera a un muchacho escuálido como al que pertenecen, y menos a uno que empujaba la silla de ruedas de una chica discapacitada hace un año. ¿Qué habrá sido de su hermana, sí es que era su hermana? Tal vez empeoró tanto que ya no puede salir a pedir  o quizás haya mejorado y esté en otras cosas. Sea como sea, noviembre no es un mes para ir por ahí sin calcetines.

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