Diario de viaje. Últimos días.

Puente Queensboro

Domingo.

Ya he visto todo lo que quería ver. Todos mis objetivos turísticos están cumplidos.  Dediqué el domingo a  preparar el agotador viaje del lunes y a descansar. Mientras cambiaba con desgana los canales de televisión, doy con el único que emite en español que se sintoniza en el hotel. Dan un anuncio del nuevo disco del tal Alejandro Fernández en el cual se incluye la canción “hoy tengo ganas de ti”. Me siento feliz por identificar quien la canta y que además lo hace a dúo con Christina Aguilera. Resulta que al volver de Washington, el Sr. Rodríguez subió el volumen de la radio cuando esta canción empezó a sonar. No quiero parecer cursi pero atravesar el Queensboro con esta música será algo difícil de olvidar. Cuando la canción terminó comenté:

  • ¡Qué magnífica versión de esta canción! Es la más famosa de Miguel Gallardo, un autor español que murió relativamente joven.

El Sr. Rodríguez esboza una sonrisa, la primera en todo el viaje. Celebra que me guste la canción y comenta:

  • Los grandes artistas siempre mueren jóvenes.

Fue la frase más larga que pronunció de manera espontanea y no estaba carente de lírica . ¡Bien por el Sr. Rodríguez!

Lunes.

El “shuttle bus” del hotel me ha dejado en el JFK siete horas antes de la partida de mi vuelo. Busco el mostrador de Iberia pero no lo encuentro.  Decido preguntar a una empleada con chaqueta roja y pinta de saber mucho.

  • “De aibirias chequin plis? (¿El mostrador de Iberia, por favor?)“. – Mi inglés de andar por casa parece funcionar, además aquí Iberia es “Aibiria”.
  • “Oh yes, wachiwachiwachi and wachiwa.”

Ella me ha entendido pero yo a ella no, pese a lo cual asiento con la cabeza y sonrío como si ya lo tuviera todo claro. Absolutamente perdido decido ir al lavabo. Pienso mejor con la vejiga vacía. Espero un rato antes de volver a preguntar. Esta vez pregunto a una empleada de British Airways.

  • “De aibirias chequin plis?”… “Is de seim campani… Je, je.”. (¿El mostrador de Iberia, por favor?… Es la misma compañía…Je, je.)

Le hago notar que si le pregunto a ella es porque Iberia y British Airways son la misma compañía no vaya a ser que se moleste. Esta vez consigo que me indique con el dedo donde debo esperar y a qué hora. Después de esperar las mencionadas siete horas, consigo por fin la tarjeta de embarque y pasar el control de seguridad. Dejo todo lo que llevo en la cinta transportadora incluyendo los zapatos pero me olvido del cinturón. Justo cuando me toca a mí introducirme en una cabina de rayos X o yo qué sé, me doy cuenta y me lo quito para ponerlo con las demás cosas. Debido a todo ello provoco un ligero murmullo de desaprobación por parte de los demás viajeros ya que estoy retrasando el acceso a los “duty free”. Avergonzado me olvido de recolocarme el pantalón tras sacarme el cinto y claro, para que no se me caigan tengo que colocarme en una postura cómica dentro de la cabina detectora, con los brazos en alto y las piernas arqueadas. ¡Mira qué bien! Ya he hecho el ridículo en tres continentes.

Sobre el vuelo nada destacable. El viaje duró casi dos horas menos por lo que tuve tiempo de ver los capítulos que me faltaban de “The Big Bang Theory” y la película “El último rey de Escocia” pero no pude saber el final de “El secreto de tus ojos”. ¡Ah! tuve que soportar a un orondo señor que no paraba de moverse y de restregar sus sobresalientes nalgas sobre mis empalidecidas mejillas. Al menos el desayuno fue tan pantagruélico como lo fue la merienda de la ida lo cual me obligó a aflojar el cinturón de seguridad. Siempre llevo en los aviones mis mejillas empalidecidas y mi cinturón abrochado porque me da miedo volar. Cuando puedo escojo un asiento lejos de las ventanillas pues no soporto la visión del vacío. Las alturas no son lo mío. Estar a más de metro y medio desde el pavimento, me provoca vértigo. Creo que esta ha sido realmente la causa por la cual he retrasado tanto este viaje que hoy concluye. Sin duda el poder ver Nueva York sin cataratas y poder encarar esas interminables avenidas y esos infernales trasbordos sin broncoespasmos, ha sido un regalo de la vida. (Y de mi hermano, claro.)

Ha sido el mejor viaje de mi vida. En el que me he sentido más motivado y más seguro, a pesar de estar al otro lado del mundo, del idioma y de la peculiar idiosincrasia de los americanos. En la lista que confeccioné de niño de las cosas que quería ver, ya sólo quedan los objetivos que marqué como “improbables de conseguir” y en mi lista de cuadros que deseaba contemplar en vivo ya están todos tachados. Espero que este sencillo triunfo vital, me ayude a recuperar el ánimo y a afrontar decidido el resto de mi vida, puede que solo e insignificante pero con valor y lleno de curiosidad, como he afrontado las calles de Nueva York.

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4 comments

  1. Ya casi deseaba no saber nada de ti, un viajen inconcluso, signo claro que por ahí te habías perdido por muchos años… Qué envidiosa, jejejeejej… Pues al final me alegro que hayas vuelto, espero que nos cuentes cosas maravillosas o ni por eso, y que SI vengas con ánimos renovados… Un beso de bienvenida!!!

    1. De haber sido más joven la idea de perderme por allí no hubiese resultado tan disparatada. Pero a mi edad prefiero dar una última oportunidad a mi tierra. Ahora entiendo aquel verso:

      “España camisa blanca de mi esperanza, la negra pena nos atenaza. La pena deja plomo en las alas…”

      Te devuelvo el beso.

  2. Nueva York deja esa impresión: de ser la ciudad perfecta para cualquiera que la quiera bien. No conozco a nadie que no le guste. Pero NY no es América, David. como Londres no es Inglaterra. Son microestados en potencia que ya veremos dónde acaban.

  3. La mujer colombiana que iba conmigo a Washington se asombró de la atención que yo prestaba al paisaje humano. A los locos de traje y corbata, a los hispanos sobrexplotados y los mendigos más devastados, siempre negros.
    La gente en Nueva York está desamparada y no sé si eso es bueno o es malo, pero yo no me acostumbraría después de toda una vida con valores europeos.
    Este viaje me ha servido para reivindicarme a mi mismo y para darme cuenta que merece la pena luchar por lo conseguido en la vieja Europa y que ahora quieren quitarnos.
    Y descuida, Isabel, ya sé que este viaje sólo ha sido una ilusión, mis pies están firmemente sobre la tierra… quizás demasiado.

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