Religión en la escuela. ¡Qué buena noticia!

catolicismo

Yo nací al final de la dictadura del general Franco. Mis primeros estudios tras el parvulario fueron esos que se llamaban E.G.B. y entonces la religión era obligatoria y no tenía alternativa. En primero de E.G.B. la señorita Manolita antes de dejarnos salir, nos obligaba levantarnos del asiento, nos poníamos firmes y cantábamos el “Por la señal de la Santa Cruz”. Un día, no recuerdo la causa, realicé el ritual con la mano izquierda cuando las tres cruces debían hacerse con la derecha. La señorita Manolita reaccionó ante tamaña profanación castigándome a salir más tarde. Nunca me habían castigado y no lo volvieron a hacer hasta seis años después por culpa de mi afición a hacer reír a mis compañeras. (Afición que me dio también problemas en la universidad con expulsión de clase de química en una ocasión y del bar en otra; pero eso es otra historia.)

No voy a decir que yo era un niño muy inteligente que pensó que qué más le daría a Dios con cual mano nos santiguábamos, la verdad es que pasé una gran vergüenza y me sentí muy mal por haber hecho algo tan feo. Por aquel entonces yo era un cristianito convencido pero si que hubo cierto desconcierto por la severidad con la que fui reprendido por algo aparentemente tan banal, pero no fue nada que pudiera ni siquiera agrietar mi fe.

Al ser yo un niño enfermo crónico que padecía unos terribles síntomas como son los broncoespasmos y la asfixia aparejada, era fácil creer que Dios estaba detrás de mi sufrimiento porque tal como dice la Biblia:

-…el oro se prueba en el fuego y los gratos a Dios en el horno de la humillación. Eclo. 2.5”.

Esto se veía apoyado por comentarios de mi madre del tipo.“ ¡ay! mi hijo. Se tiene ganado el cielo”.- Claro que mi madre no sabía que unos meses antes me había persignado con la mano izquierda y que en lo referente a mi salvación, todavía no estaba nada decidido.

Poco más recuerdo de mis clases de religión salvo que en segundo de básica todos los viernes la señorita Gemma, que así se llamaba mi profesora, nos leía una especie de Biblia infantil con ilustraciones muy bonitas. Me gustaba la señorita Gemma, no sé por qué y además me gustaba escuchar historias y las del antiguo testamento me entusiasmaban. Me gustaban tanto las cosas que contaba la señorita Gemma que recuerdo que tras salir de su clase, que era la última, llegaba a mi casa y buscaba la Biblia que teníamos, la magnífica edición de 1970 del Circulo de Lectores, para seguir las historias que la profesora dejaba a medias o para encontrar otras mejores.

Desde entonces y durante mi infancia y adolescencia fui leyendo la Biblia, no toda claro, pero sí lo suficiente como para llegar a la conclusión de que todas aquellas historias no tenían, según mi modesta opinión, ni pies ni cabeza. Cómo decía Isaac Asimov, en los evangelios se pueden encontrar lecciones éticas y morales básicas de mayor o menor utilidad, pero como libro histórico o científico la Biblia es un completo disparate. Y llegar a esa conclusión lleva a plantearte a su vez que las religiones organizadas, todas, pero en especial aquella que te han enseñado, no es más que un negocio que se sostiene en el miedo que tenemos todos a la muerte. Sí Dios existe y fue capaz de crear el universo con la sola herramienta de su voluntad no entiendo por qué necesita subcontratar a organizaciones terrenales para darse a conocer, las cuales para tamaña empresa se ven obligadas a la constante recaudación de fondos.

Ahora y gracias a la ley que el actual gobierno quiere aprobar, la religión católica volverá al currículo escolar y eso significará que numerosos chavales de inteligencia media baja como el que fui yo y que optarán por esta asignatura por ser, “la María”, que es lo que pretenden los obispos; quedarán prendados de las historias bíblicas y deseosos de más conocimientos consultarán las sagradas escrituras y también como yo, llegarán a la conclusión de que todo es una enorme sandez por decirlo de manera más suave de como lo dijo George Carlin en su famoso monologo. Y así, dentro de 10 años volveremos a tener una nueva oleada de ateos o por lo menos agnósticos como a la que pertenezco menguando aún más, las ya raquíticas cifras de creyentes practicantes o no practicantes. No hay nada más perjudicial para la religión católica que imponerla y darla a conocer tal como es. Por eso, como ateo y como progresista, celebro que la religión vuelva a las escuelas, se trata sin duda, de una buena noticia.

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3 comments

  1. Marco:

    Hace mucho que sigo tu genial página de Mi Clon Malvado y que te haya gustado un artículo mío es realmente halagador y motivador.

    Muchas gracias por tu comentario y por tu tiempo.

    Un gran saludo.

    David.

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