Linkedin y las prostitutas de antaño.

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Hace tiempo caminando por Barcelona sin rumbo, con algo más de dos euros en el bolsillo, me ha sucedido algo que no me pasaba desde jovencito: Una prostituta ya mayor,  ha intentado llamar mi atención en una de las bocacalles de la “Ronda de Sant Pere”.  La he mirado con cara de nada y la he soslayado sin problemas. Tengo mucha experiencia en eso, pues como he dicho, de jovencito también vagaba sin dinero y no sé por qué ejercía una extraña atracción hacia lo más flipado de los evangelistas callejeros y, con todo respeto, lo más tirado de las prostitutas. Los primeros no me preocupaban. Pero las segundas eran para mi un autentico quebradero de cabeza.

Bastaba con asomar las narices por “Tallers” o por “Drassanes” y aparecían prostitutas de saldo por doquier, pretendiendo llamar mi atención de adolescente y lo curioso es que sólo lo intentaban conmigo, dejando pasar a otros tipos solitarios que pasaban por allí también.  ¿Qué veían en mí aquellas pobres mujeres devastadas por la edad y la dureza de su oficio? ¿Le ha pasado esto a todos los hombres alguna vez o sólo a aquellos, que  llevábamos la desesperanza en la mirada y parecíamos presa fácil para rameras en declive?

De todas formas por mucha pinta de desesperado que tuviera yo, y reconozco que las gárgolas de la catedral tenían una vida sexual más plena que la mía; ¡Demonios! esas mujeres se ganaban la vida como putas desde hacía años y ¿no eran capaces darse cuenta de que yo no tenía dinero ni para café? ¿Acaso pensaban que mi tez paliducha y mi ropa de los “Encants Vells” eran propios de alguien que podía costearse un revolcón? ¿O tal vez la vida les era tan perra que buscaban 100 pesetas de aquí y 50 de allá?

Sé que eran otros tiempos y que yo era muy joven, pero la sensación de desconcierto la sigo teniendo hoy en día y no, no es por la meretriz casi anciana que me tiró los tejos; ahora en mi madurez y por muy veterana que seas como profesional del amor, no puedes deducir que un tipo maduro como yo que lleva un iPod y unos pantalones de Adolfo Domínguez, es en realidad un parado con algo más de dos euros en el bolsillo. No, la sensación me la produce mi red social favorita: LinkedIn.

Porque, vamos a ver: Al igual que las prostitutas antaño, ¿Qué ven en mí los que contactan conmigo? ¿En que parte de mi perfil se da la idea de que yo soy un buen contacto para hacer negocios? ¿Qué estoy haciendo tan mal que no soy capaz de dejar bien claro que busco trabajo? ¿Los miembros de esta red social contactan a lo loco sin leer los perfiles y sin ver las insignias que delatan mi condición de desempleado en búsqueda activa de empleo? ¡Coño que tengo una cuenta premium “Job Seeker” de buscador de empleo! ¡Qué vale 21 “lauros” mensuales!

Aunque ya no lo digo, por motivos digamos, de no dar una imagen de desesperación, me pasaba lo mismo cuando bajo mi nombre ponía:

¡EN BUSQUEDA ACTIVA DE EMPLEO!

Tengo miríadas de contactos numerosos mensajes y banderitas pero todas, todas son de emprendedores entusiastas, directores de mucho abolengo y tipos coleccionistas de masters que solicitan que me una a su red o a grupos donde se me proponen debates sobre los que no tengo ni pajolera idea.

¿Es quizás por mi experiencia en la construcción por la que recibo ofertas comerciales  de Muebles La Riojana, Reformas Menéndez o carpintería de aluminio Géminis? ¿En que parte de mi currículo dice que pueda interesarme las alternativas al alcanfor o la dificultad de exportar gominolas a la Polinesia Francesa?

Si LinkedIn fuera la vida real yo me vería paseando por la zona alta de la Diagonal o por el 22@ de Barcelona y numerosos tipos trajeados se acercarían a mí y me susurrarían:

– ¿Quieres unirte a mi red profesional, guapentón?

Señores contactos de LinkedIn les quiero, son mi orgullo, tengo a puñados pero los amo a todos por igual. Mi red me pone en contacto con millones de profesionales a los que también quiero con todo el alma. Pero,  ¡No tengo una empresa, ni soy un inversor ni tengo contacto con inversores y sobre todo no compro material de construcción ni ninguna otra cosa!

Sólo soy un tipo que busca trabajo,  ahí tienen mi currículo, lo que ven es lo que hay. Bueno eso sí, tengo una extraña facilidad para atraer a prostitutas de saldo y a evangelistas flipados. ¡ Nada más!

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4 comments

  1. Hola David. Te sigo desde hace tiempo y me encantan casi todos tus artículos. La corrección ortográfica es una de las razones principales. Por ello me atrevo a señalarte esta falta que se te ha colado: “hay” tienen mi currículo. Saludos y ánimo.

    1. No buscaré excusas. Voy a corregirlo de inmediato.
      Para mí un escrito con faltas es como ponerse un traje muy bonito pero ir oliendo a sobaco y con las uñas sucias. Por eso me gusta cuando mis amables lectores me hacen notar mi “falta de higiene”. Espero seguir aprendiendo de vosotros y de vuestras advertencias.

      Gracias por tu comentario y por tu tiempo.

      Saludos.

      D.

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