Me he borrado del gimnasio

Arnold

Me he borrado por tercera vez de un gimnasio. Eso significa que he cometido tres veces en mi vida el error de apuntarme a uno. El deporte el ejercicio físico y los gimnasios están muy bien pero no para mí, a pesar de lo cual, siempre cedo ante la presión de mi entorno que considera que estoy demasiado gordo. Sí tu vida va mal sin duda es porque estás muy gordo, puede que haya otras causas pero el sobrepeso sin duda es una de ellas porque culturalmente y a través de la publicidad ser gordo es intolerable. No me considero gordo pero reconozco que tengo sobrepeso y a pesar de que estoy bien de colesterol y esas cosas que se curan comiendo yogures, estar más delgado no me perjudicaría. Aun así ni el deporte y ni los gimnasios van conmigo y tengo mis razones:

1 – No es la voluntad de Dios.

Sí Dios nuestro señor, o el destino o la naturaleza me crearon como soy y tienen un cometido reservado para mí en el engranaje cósmico sin duda no es que practique deporte. ¿Qué cómo lo sé? Pues porque me lo indicaron “sutilmente” haciéndome padecer una de las enfermedades absolutamente incompatibles con el deporte: el asma inducido por el esfuerzo al menos en el  grado de severidad del mío. ¡Inducido por el esfuerzo! ¿Puede haber algo más antideportivo? Se puede practicar deporte estando ciego, mutilado o en silla de ruedas, tal como ejemplarmente nos demuestran los atletas paralímpicos, pero con asma crónico severo como el mío, ya les digo yo, qué no. Claro que podría colegir que El Señor en su infinita sabiduría quería en realidad que superara esa limitación a través de la excelencia deportiva, pero la incapacidad de interpretar los designios divinos correctamente fue una las causas de mi ateísmo.

2 – El sobrepeso no es tan importante.

Fui un niño escuchimizado, un adolescente gordiflón y de adulto he alternado la talla 44 y 48 en muchas ocasiones y mi vida siempre ha tenido los mismos niveles de penuria por lo que deduzco que el peso es irrelevante como factor en mis problemas. Si quisiera construir la función lógica de mi vida mediante un mapa de Karnaugh podría desestimar el peso como variable.

3 – No me gusta compartir vestuario con tipos musculosos en pelotas.

No me gustan los vestuarios y no me gusta que tipos enormes y sudorosos pululen a mi alrededor desnudos. Tengo complejo de inferioridad y no me gusta comparar mi anatomía de pollo pelado con la de vigoréxicos y bronceados Hércules. Además me da por pensar en la escena de la violación del gordito de “Deliverance”  y me pongo muy nervioso.

4 – No me gusta compartir vestuario con ancianos en pelotas.

¿Toda una vida de deporte y ejercicio para acabar así? Si lo que me espera es parecerme a estos señores septuagenarios arrugados y pellejudos, prefiero ahorrarme el esfuerzo. Cuando yo sea un anciano decrepito prometo que nadie tendrá que verme desnudo a menos que sea médico o embalsamador.

5 – En los vestuarios hay riesgo de pillar hongos.

Siempre he sido escrupuloso en lo tocante a caminar descalzo por los vestuarios. Pero hace unos quince años a pesar de mis desvelos y por culpa de un descuido contraje un pie de atleta. Se dio la circunstancia de que el primer médico al que fui cuando aparecieron sus desagradables síntomas me diagnosticara erróneamente una dishidrosis, con lo que aquello se enconó hasta hacerme padecer lo indecible durante dos años. Hizo falta la pericia de varios dermatólogos y recetas específicas para lograr curarme. Desde entonces los vestuarios me incomodan tanto por la vida microscópica como por la macroscópica tal como he explicado antes.

6 – Levantar pesas no es lo mío.

El levantamiento rítmico de pedazos de hierro no es lo que yo entiendo como diversión. Además mi antes mencionado complejo de inferioridad hace que levantar 5 kg al lado de un Maciste que está levantando ciento treinta me haga sentir insoportablemente incómodo.

7 – No puedo hacer los ejercicios y las tablas con la energía que precisan.

Debido al asma, no puedo hacer  levantar todo el peso que debería o hacer el número correcto de series o correr en la cinta a la velocidad adecuada por lo que los efectos beneficiosos tardan mucho o no se manifiestan en mi anatomía y eso resulta muy desmotivador. No quiero hacerme la victima, el asma no me impide hacer una vida normal ni trabajar y hace mucho que no sufro crisis graves; pero yo tengo que hacer los cien metros lisos por etapas y seguro que hago peor tiempo que el que hace mi hermano en la “Cursa del Corte Inglés

8 – Estoy parado y no estoy para gastos.

Aunque tengo trabajos ocasionales estos no son suficientemente regulares como para que pueda pagar cuotas mensuales alegremente. Prefiero poder pagar mi conexión a internet y mi tarifa telefónica antes que invertir dinero en la difusa fantasía de “ponerme cachas”.

9- El ejercicio sin dieta nunca me ha servido:

De hecho, si reduzco la ingesta de alimentos fritos y bollería industrial, reduzco la frecuencia de  visitas a los buffetes libres y modero las cantidades a las que debe enfrentarse mi aparato digestivo, junto a caminar o montar en bici que son cosas, que me gustan;  puedo mantener el peso sin necesidad de hacer flexiones, recostarme en bancos empapados de sudor ni manipular pesas herrumbrosas.

10 – En definitiva: el deporte y el ejercicio físico me desagradan.

Mi incapacidad de practicar deporte por culpa de mi asma desde niño ha propiciado que tanto practicado o como espectáculo no me interese lo más mínimo y a mi edad y con los problemas que tengo, el sobrepeso y lo que opinen los demás de mi pinta me importa un rábano. Además si no encuentro un trabajo serio en los próximos meses creo que perder grasa corporal y tener tipito me va a resultar muy fácil.

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Religión en la escuela. ¡Qué buena noticia!

catolicismo

Yo nací al final de la dictadura del general Franco. Mis primeros estudios tras el parvulario fueron esos que se llamaban E.G.B. y entonces la religión era obligatoria y no tenía alternativa. En primero de E.G.B. la señorita Manolita antes de dejarnos salir, nos obligaba levantarnos del asiento, nos poníamos firmes y cantábamos el “Por la señal de la Santa Cruz”. Un día, no recuerdo la causa, realicé el ritual con la mano izquierda cuando las tres cruces debían hacerse con la derecha. La señorita Manolita reaccionó ante tamaña profanación castigándome a salir más tarde. Nunca me habían castigado y no lo volvieron a hacer hasta seis años después por culpa de mi afición a hacer reír a mis compañeras. (Afición que me dio también problemas en la universidad con expulsión de clase de química en una ocasión y del bar en otra; pero eso es otra historia.)

No voy a decir que yo era un niño muy inteligente que pensó que qué más le daría a Dios con cual mano nos santiguábamos, la verdad es que pasé una gran vergüenza y me sentí muy mal por haber hecho algo tan feo. Por aquel entonces yo era un cristianito convencido pero si que hubo cierto desconcierto por la severidad con la que fui reprendido por algo aparentemente tan banal, pero no fue nada que pudiera ni siquiera agrietar mi fe.

Al ser yo un niño enfermo crónico que padecía unos terribles síntomas como son los broncoespasmos y la asfixia aparejada, era fácil creer que Dios estaba detrás de mi sufrimiento porque tal como dice la Biblia:

-…el oro se prueba en el fuego y los gratos a Dios en el horno de la humillación. Eclo. 2.5”.

Esto se veía apoyado por comentarios de mi madre del tipo.“ ¡ay! mi hijo. Se tiene ganado el cielo”.- Claro que mi madre no sabía que unos meses antes me había persignado con la mano izquierda y que en lo referente a mi salvación, todavía no estaba nada decidido.

Poco más recuerdo de mis clases de religión salvo que en segundo de básica todos los viernes la señorita Gemma, que así se llamaba mi profesora, nos leía una especie de Biblia infantil con ilustraciones muy bonitas. Me gustaba la señorita Gemma, no sé por qué y además me gustaba escuchar historias y las del antiguo testamento me entusiasmaban. Me gustaban tanto las cosas que contaba la señorita Gemma que recuerdo que tras salir de su clase, que era la última, llegaba a mi casa y buscaba la Biblia que teníamos, la magnífica edición de 1970 del Circulo de Lectores, para seguir las historias que la profesora dejaba a medias o para encontrar otras mejores.

Desde entonces y durante mi infancia y adolescencia fui leyendo la Biblia, no toda claro, pero sí lo suficiente como para llegar a la conclusión de que todas aquellas historias no tenían, según mi modesta opinión, ni pies ni cabeza. Cómo decía Isaac Asimov, en los evangelios se pueden encontrar lecciones éticas y morales básicas de mayor o menor utilidad, pero como libro histórico o científico la Biblia es un completo disparate. Y llegar a esa conclusión lleva a plantearte a su vez que las religiones organizadas, todas, pero en especial aquella que te han enseñado, no es más que un negocio que se sostiene en el miedo que tenemos todos a la muerte. Sí Dios existe y fue capaz de crear el universo con la sola herramienta de su voluntad no entiendo por qué necesita subcontratar a organizaciones terrenales para darse a conocer, las cuales para tamaña empresa se ven obligadas a la constante recaudación de fondos.

Ahora y gracias a la ley que el actual gobierno quiere aprobar, la religión católica volverá al currículo escolar y eso significará que numerosos chavales de inteligencia media baja como el que fui yo y que optarán por esta asignatura por ser, “la María”, que es lo que pretenden los obispos; quedarán prendados de las historias bíblicas y deseosos de más conocimientos consultarán las sagradas escrituras y también como yo, llegarán a la conclusión de que todo es una enorme sandez por decirlo de manera más suave de como lo dijo George Carlin en su famoso monologo. Y así, dentro de 10 años volveremos a tener una nueva oleada de ateos o por lo menos agnósticos como a la que pertenezco menguando aún más, las ya raquíticas cifras de creyentes practicantes o no practicantes. No hay nada más perjudicial para la religión católica que imponerla y darla a conocer tal como es. Por eso, como ateo y como progresista, celebro que la religión vuelva a las escuelas, se trata sin duda, de una buena noticia.

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Donde tengas la olla…

Una hermosa mujer, interpretada por  Keira Knightley, atraviesa París para acudir a un sesión fotográfica. Como es tan atractiva encandila al fotógrafo y le seduce. Se besan, magreo y saltan  a la cama. La chica le pide al maromo que cierre la puerta. Este obedece, ¡como para no hacerlo!, está a punto de conocer bíblicamente a  Keira Knightley. Cuando cierra la puerta contempla que la chica ya no está. Se asoma por la ventana y ve a la chica a punto de marcharse en su moto. El anunció concluye con Keira Knightley a lomos de su moto recorriendo veloz la “Rue de Rivoli”. Puede que para Chanel, Keira Knightley represente en este anuncio el encanto y el glamour, pero en mis tiempos a una tía que hacía algo así le llamábamos una calienta p…

Anuncio Chanel-Keira Knightley

La mala educación.

Un padre sufre un ametrallamiento de preguntas por parte de su pequeña y curiosa hija. Pero no está preocupado. Tiene una tarifa plana de telefonía móvil y puede recurrir a Google o a Bing cuando quiera y donde quiera, pues la dificultad de las preguntas de la niña es supina.

– ¿Papá, por qué no se caen las nubes?

– ¿Papá, por qué salen las palomitas?

– ¿Papá por qué…- Bueno las preguntas son todas de este jaez..

¿De verdad necesitas recurrir a Internet para contestar a este tipo de preguntas? ¿No fuiste al colegio, papá?

Ya es verano en el Corte Inglés.

El verano en el corte inglés es más “summer”… ¿Estamos tontos o qué?

 Cita a ciegas.


En un anuncio de una importante agencia de seguros un tío acude a una especie de cita a ciegas… ¡Pensando que va a quedar con Pilar Rubio! ¿Pero de dónde sales tú? ¿De verdad piensas que Pilar Rubio tiene cuenta en Badoo o frecuenta el IRC-Hispano? Tío háztelo mirar.

¡Qé Crack, Hoygan!

Continúo con esta desvergüenza de anuncio, celebrado por mucha gente, pero que insulta la inteligencia desde mi punto de vista por las siguientes razones:

  • El horrible nombre de esta línea de productos. Por mucho que quieran la “Q” más la “e” no suena “que”, ¡no! Más bien sería “cu-e” En mi opinión es una de las marcas más horribles y desafortunadas. Una bofetada más al castellano.
  • La edad que aparentan esos chicos será la mínima legal para conducir en algunos estados de los USA, pero en “Spain”, no.
  • El anuncio dicen está dirigido a un determinado tipo de público. Será a Adolescentes menores de edad con permiso de conducir y poder adquisitivo como para manejar un descapotable.

En fin, muy desagradable y fuera de lugar. Aquí más opiniones sobre este residuo publicitario.

Me van a sorprender. ¡Ya!

En Movistar han pensado que es divertido convertir la panadería del barrio en una tienda de su marca de cartón piedra. La gente entra para comprar pan y encuentra con dos comerciales, presuntamente graciosos, que les explica que si llaman no pagan si adquieren la oferta plan fusión cero o como se llame.  Este anuncio me irrita por dos motivos:

  • Cuando yo entro a comprar pan quiero comprar pan. Si de golpe me encuentro con una encerrona me puedo cabrear no sólo con Movistar sino con el panadero del barrio por prestarse a esa pantomima.
  • Las llamadas no son a cero euros, hay que pagar casi 35 euros sin IVA, es decir, ¡42,23 euros! al mes que desde mi modesto punto de vista es una pasta y además un año de permanencia.

Hacer que la gente entre en una tienda Movistar cuando lo que querían era entrar en una panadería, no es una sorpresa ni una cámara oculta: es una trampa comercial y yo los mandaría a la porra.

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Trucos contra la ansiedad y la depresión

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Hay muchas webs y libros que aconsejan como sobrellevar la ansiedad y la depresión. Pero no sé si muchos están escritos desde dentro de la enfermedad. Quiero enumerar alguno de los trucos o acciones que a mí me han ayudado. Sé que cada caso es distinto y yo no tengo formación psiquiátrica ni psicológica alguna, pero no creo que pase nada por explicar aquello que en mayor o menor medida me ha ayudado. Por favor que nadie tome este texto como un consejo médico o experto pues se trata únicamente de mi experiencia.

Comprender que los ataques de pánico son sólo eso, pánico.

Cómo asmático crónico que soy y como persona normal que ha tenido enfermedades comunes, creo que no hay síntoma más aterrador que el ataque de pánico. No sólo los he vivido en persona sino que los he visto padecer a terceros. En mi caso el pánico provenía desde una incapacidad total para respirar hasta la sensación de que iba a caer por un abismo que se abría bajo mis pies. Otras personas con las que he comentado este síntoma me decían que creían que iban a tener un infarto o que tenían la certeza de que iban a morir en el acto. Sea cual sea el cuadro que se muestra, el ataque de pánico es siempre un sufrimiento horrible, y esa, paradójicamente, es la señal para identificarlo y soslayarlo. Cuando sentía que algo iba terriblemente mal, que estaba a punto de una catástrofe que algo muy malo me estaba pasando; es cuando empecé a darme cuenta de que esa asfixia, o ese abismo que se abría eran en realidad fruto de mi imaginación y no un síntoma de una enfermedad real. Con los años y con este conocimiento he dejado de padecer ataques de pánico. Eso y los ansiolíticos, claro. Por supuesto que si no se padece de ansiedad y se siente que se sufre un infarto o asfixia, se debe ir a urgencias de inmediato, no vayamos a liarla.

Dejar de pensar que hay una conspiración cósmica o un karma en contra de mí.

La depresión desvirtúa la realidad. En mi caso siempre me he atribuido la culpa de todo cuanto me pasa pero también he entrado en el juego de creerme que no merecía “tanto castigo” – Fulanito es un malnacido y todos le perdonan todo y en cambio a mí todos me dan de lado”- Por muy consciente que haya sido de mis errores siempre he sentido que mi mente busca chivos expiatorios como sea y he acabado regodeándome en el rencor que es lo peor que se puede añadir a la depresión. Una vez envenenado por dicho rencor empieza la fase de las terribles venganzas y de los ajustes de cuentas. – “Algún día seré yo quien no les devuelva las llamadas”, “Algún día seré yo quien no mire por los débiles”, “Algún día seré yo quien desprecie a las mujeres”.- Pero es un comportamiento doloroso e inútil porque, un día te llama aquel amigo, un día ayudas a un anciano que te lo pide   y un día una mujer cruza su mirada con la tuya en el metro; y se acabó el rencor y las ganas de venganza.

No mirar las noticias ni leer la prensa.

Sin duda es bueno estar informado, pero la prensa es como todo, un negocio y las buenas noticias no venden. Por mal que estén las cosas, siempre estarán cien veces peor en los noticieros o en los diarios. Cuando estoy “depre” necesito animarme no hundirme más en la desesperanza de la crisis y a falta de buenas noticias lo mejor es ninguna noticia.

El ejercicio físico.

Parece un consejo de la revista Men’s Health pero a mí me ha funcionado siempre. Cuando me refiero a ejercicio físico quiero decir simplemente caminar, por ejemplo. En alguno de lo días en los que me he sentido peor y con más ganas de quedarme en la cama con mi buen amigo alprazolam, he logrado casi milagrosamente salir a la calle y caminar. Tengo la inmensa fortuna de vivir en un barrio de Barcelona desde el que se puede ir casi en línea recta hasta el mar, hasta la playa llamada de la Mar Bella. Son casi cinco kilómetros y tardo como una hora. Los cien primeros metros son infernales pero cuando llego al borde del mar ¡ya está!, se fue el desánimo diluido en sudor.

Comprar esa bolsa de patatas fritas o esa chocolatina.

¡Vale! te estás engordando y tienes poco dinero para gastar. Pero tienes ganas de comer patatas fritas o de comer chocolate. La depresión me conduce a la autoflagelación. Tu mente divaga entre prejuicios y falsa responsabilidad. –“Tengo que cuidarme”, “Tengo que guardar el dinero por sí la cosa se pone peor”.- Pero sólo tengo el presente, sólo tengo este instante y quiero comer patatas fritas o chocolate. Ni añadirá sobrepeso destacable a mi fofo cuerpo ni esquilmará mi cuenta corriente. ¡A por ello!

Salir a la calle y caminar por la ciudad.

La ciudad está llena de gente. La gente va y viene. Ves sus caras. Un hijo le grita a su madre como hiciste tu una vez. Otro tipo discute con su novia como tu lo hiciste alguna vez. Te ves reflejado. Lo sientes. Sabes que no volverás a hacerlo pero también que no eres el más malo del mundo. Tu nunca fuiste ni tan soez ni tan iracundo. Sigo mirando a la gente. La gente tiene sus cosas en que pensar: Problemas, enfermedades, limitaciones… Si yo no reparo en la gente ¿Por qué la gente iba a reparar en mí? No soy el centro del universo. En la calle de una gran ciudad está la prueba de que más que defectos, se tienen complejos.

Hacer algo que no tenga que ver con mi profesión o con mis aficiones de siempre.

Otro consejo que parece sacado del Cosmopolitan, pero que me ha ido siempre muy bien. En mi caso opté por cocinar. ¡Vale! la comida que preparo la rechazan los gatos más famélicos de la calle y al principio estuve más tiempo evitando que se incendiase la cocina que preparando las recetas. Pero logré desencadenarme de la rutina que es lo que más perjudica mi ánimo. Por cierto, mis tallarines a la carbonara recibieron un aplauso de mis compañeros italianos, ¡la carbonara no lleva nata sino huevo crudo!

Escribir este blog.

Podría decirse que escribir este blog formaría parte del consejo anterior. Pero no. Yo siempre he escrito cosas. Desde niño. No he sido muy disciplinado y constante pero siempre me ha gustado escribir. Sé que no lo hago muy bien y no tengo pretensiones literarias, pero me gusta el acto de escribir. En el colegio y en la academia de F.P. sacaba unas notas en lengua y literatura de rechupete e incluso fui redactor del periódico de mi “cole” que se llamaba “Ploma Jove” (tengo un trofeo que lo acredita). Y ahora a la mitad de mi vida de pecador, aprovecho el gran avance que supone Internet y escribo para una modesta pero selecta audiencia. Algunas mañanas cuando mi cerebro no atina con la serotonina, me conecto a WordPress y comprobar que tengo un comentario desde Perú, “clicks” desde Los Estados Unidos o consultas de alguien que vivió experiencias como las que relato; me resulta suficientemente estimulante como para que ese día tenga dibujada una tenue pero visible para todos, sonrisa.

Quiero insistir una vez más, que esto no es un tratado psicológico ni una opinión experta ni siquiera estoy seguro de haya mucha gente con síntomas como los que describo. Se trata únicamente de mi experiencia y nada más.

Entradas relacionadas.

– Depresión.

– Depresión autoayuda.

– La mujer del carrito eléctrico.

– Muerte de un teléfono.

– Recuerdos obligatorios.

Falsa justicia y falsa literatura.

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A mi madre le gusta el programa de Telecinco llamado “De Buena Ley” por eso lo veo mientras comemos. Es un programa donde se simula un juicio o un arbitraje entre dos personas que se denuncian por los asuntos más variopintos. Después de un debate a gritos entre algunos de los zoquetes más iracundos y maleducados de la televisión, un supuesto juez dicta un laudo y resuelve el entuerto. Nada nuevo, es igual que aquel antiguo programa llamado Veredicto de hace algunos años presentado por una joven Ana Rosa Quintana.

Pero hoy ha sido un episodio histórico: Un tipo lleva a su novia ante el supuesto juez para pedirle daños y perjuicios por haberle difamado por Youtube. Algo exactamente así:

Pero este vídeo no es el de la novia denunciada. Se trata de un video de una serie de internet que fue bastante popular el año pasado. Falsa la denuncia, falso el juez, falsos litigantes. Falso todo.

Acabado el programa, la presentadora, Sandra Barneda, una guapísima señora de metro ochenta, suele promocionar su primera novela. Bueno, Sandra Barneda es periodista y se supone que vive de escribir. ¿De qué puede ir un libro escrito por Sandra Barneda? Me he informado, he ido al Hipercor y he leído la sinopsis: Una mujer quiere encontrarse a si misma y se va a Bali donde vivirá aventuras y se topará con un crimen… y claro el final no lo sé. El libro es grande, casi setecientas páginas con letra gorda. “La primera novela de Sandra Barneda es un canto a la libertad” eso dice la publicidad. No está mal por 18€. Por cierto nunca nadie busca la libertad en la Manga del Mar Menor o en Santander. Hay que ir a Bali o a India. En India hay una sociedad injusta de castas y el Ganges está lleno de trozos de cadáveres, pero allí se encuentra libertad de la buena.

Yo también tengo un libro publicado. Lo mío es el realismo y el pragmatismo. Mi libro se titula:

ELECTROTECNIA BACHILLERATO

Planeta de Agostini Formación
ISBN: 978.84.394.8531.5 (obra completa: Bachillerato)
ISBN: 978.84.394.8652.7 (Electrotecnia)
Depósito legal: B-20.321-2012

Va de explicar a los estudiantes de bachillerato como funcionan los circuitos eléctricos y esas cosas. Mi vida no es tan apasionante como la de Sandra Barneda como para relatar viajes emocionales a Bali como mucho a Sant Sadurni d’Anoia donde viví apasionantes aventuras midiendo un local especialmente complejo. Pero estoy empatado a libros con ella… y ¡con Hitler!

Sé lo que es escribir un libro y sé cuando no se debe escribir un libro. Un libro no se debe escribir si no tienes talento para hacerlo. Yo no voy a escribir una novela, conozco mis límites. Puede que la escultural Sra. Barneda sea una nueva Doña Emilia Pardo Bazán, pero no sé, no sé, con ese argumento y esa letra tan gorda… Y si el libro es tan original como los entuertos que presentas, Sandra…

Soy prejuicioso pero me disgusta el desperdicio de papel y de recursos forestales necesario para publicar libros de personajes televisivos, biografías de futbolistas o de flipados paranormales. Sí algo tiene de bueno los libros electrónicos es que los bosques no sufrirán cuando alguna presentadora de falsa justicia escriba un libro de falsa literatura.

Coaching personal.

Sáruman y un orco

Isengard. Interior Tarde.

– ¡Qué pase el siguiente! – Ordena Sáruman sentado en una gran silla frente a un escritorio de piedra donde hay pergamino, tinta y pluma. A un lado el Palantir está en “Stand By”

– Grr. Buenas tardes. Señor. Grr.- Un orco entra en la sala con gesto tímido.

– ¡Ah Urg! ¿Qué tal? Siéntate.

– Tirando Sr. Sáruman.Grr.- El orco toma asiento agradeciendo el ofrecimiento con la cabeza.

– ¿Estás más animado? La otra vez te vi algo pocho.

– La verdad es que no. Grr.- El orco juguetea con un fleco que cuelga de sus harapos.

– ¡Vaaaya! ¡Ay! estos jóvenes. ¿Estás tomando las hierbas que te di?.- Sáruman toma la pluma y escribe algo en un trozo de pergamino.

– Sí. Grr. Después de cada comida. Grr. Pero no sé si me están haciendo todo el efecto esperado. Grr.

– Hay que tener paciencia con las pócimas. Lleva tiempo notar una autentica mejoría.- Dice Sáruman sin mirar al orco.

– Ya pero…

– No seas impaciente… ¡Vamos dime! ¿Cómo te sientes? Cuéntame.

– Pues estoy desanimado, triste. Siempre estoy cansado. Mi trabajo ya no me estimula.Grr.

– ¿No te llena ya tu trabajo?¿Pero si te encantaba?

– Grr. Antes sí. Pero ahora la cosa entre compañeros está cada vez peor. Nos estamos apuñalando por la espalda continuamente. Ya no hay la camaradería que existía antiguamente.Grr. Además ya llevo demasiado tiempo de orco raso. La mayoría de mis amigos ya son Uruk-hai y yo, ya ve, de orco pelado. Grr. Me siento estancado.

– Sáruman se atusa la melena y acaba de escribir en el trozo de pergamino.- ¡Ay, ay! ¿Estancado? Todos tenéis una misión. A vuestra manera todos importáis, todos contribuís. ¿No eres un Uruk-hai todavía? Ya llegará y hasta que llegue el momento intenta dar lo mejor de ti.- Exclama Sáruman dando puñetazo al aire.

– Y luego está la falta de empatía. Grr. Es qué es salir y todos me quieren matar. – Dice el orco pasándose el dedo por el gaznate.- Qué si los elfos, qué si los hombres… ¡Hasta los ents nos agreden! ¡Es desmotivador!

– Verás Urg, Tienes que tener una actitud positiva. La vida te devuelve lo que le das. Si das agresividad la vida te dará agresividad. Tienes que mostrar tu lado más… ¿cómo decirlo? más humano entre comillas.- Comenta Sáruman haciendo el símbolo de comillas con sus largas uñas.- Hay un Karma en todo esto, recuérdalo: Buenas acciones generan buenas acciones.

– Grr. Pero.- Musita el orco negando con la cabeza.- Es muy difícil tener buen Karma si te dedicas a conquistar la Tierra Media.- No quiero que me malinterprete pero con nuestra profesión es difícil tener amigos… además…

– ¿Además?- Inquiere severo Sáruman, al que no le gusta ver desmotivados a sus huestes.

– ¡Ya sabe!… el otro tema.- Musita el orco con gesto de vergüenza.

– ¿Qué otro tema? No seas tímido. Yo no me como a nadie, no soy un trol de las cavernas.- Comenta Sáruman riendo paternalmente.

– Pues, ya sabe, mi vida sexual. Creo que no gusto a las mujeres ni a las elfas. Esto de que no haya “orcas” es muy difícil de llevar. Estoy acomplejado. Además ya sabe lo que dicen los hombres…¡Eres un orco! para decir que alguien es feo.Grr.

– Sáruman emite una sonora carcajada. El candor del orco le divierte.- ¡Tonterías! Eres un orco fuerte y moderadamente deforme. Creo que te infravaloras.

– Sí usted lo dice.- Responde el orco con incredulidad.- Pero con esta cara, esta horrible dentadura y estas garras no me siento atractivo. Además, Lengua de Serpiente, me dijo el otro día, que me olía muy mal el aliento. Grr.

– No hagas caso de lo que diga la gente.- Sáruman se yergue en su gran silla y adopta una actitud solemne.- La opinión de la gente no nos debe de condicionar. Tienes que valorarte más, busca tus puntos fuertes. Todos tenemos defectos. Todos cometemos errores. Pero no podemos pedir que se nos juzgue positivamente si nosotros mismos no lo hacemos. ¿Entiendes?

-. Sí, claro.- Responde el orco sin demasiada convicción.

– Tienes que quererte a ti mismo si quieres que a los demás te quieran. No puedes pedir que los demás reciban de ti una imagen distinta de la que tienes de ti mismo.

– Pero es difícil quererse un mismo si eres un orco. ¡Míreme! Estoy calvo, tengo chepa y soy patizambo… no sé. Me cuesta mucho. Grr.

– ¡Claro! es difícil, ya lo sé, pero para eso estamos aquí.- Dice Sáruman con tono enérgico.- Para lograr que seas el mejor orco que puedas ser. Además ya sabes que te conozco desde hace mucho y sé que tienes buenas cualidades. ¡Qué sé que el mes pasado superaste tu cupo de enanos muertos!

– Bueno, es verdad. Pero algunos eran hobbits  y son más fáciles.- Musita el orco con modestia. Sus huesudos pómulos se “ruborizan” de un verde oscuro.

– ¡Lo ves! Ya te estás minusvalorando y no debes hacerlo. Insisto, debes buscar tus puntos fuertes. Mira quiero que hagas una lista con tus logros para la próxima consulta. ¿Hay alguien de tu manada que sepa escribir?

-Sí, alguno hay.

– Pues pídele que te ayude. También sería interesante que hicieras una especie de, cómo decirlo: jeroglífico, donde se refleje tu estado de ánimo según las actividades que desarrolles. Por ejemplo. ¿La semana pasada hiciste algo que te gustó?

– El orco intenta recordar mientras mientras enreda el fleco de harapo en una de sus garras.- La verdad es que me sentí muy bien cuando quemamos aquella aldea cerca de Rohan. Nos arriesgamos mucho. ¡Fue un subidón!

– ¿Y algo que te puso triste?

– Grr. Pues… ya se lo he dicho, la falta de compañerismo. El otro día tuvimos bronca para ver quien le llevaba un informe a Sauron. Cada uno sólo piensa en sí mismo y en medrar”

– Pues le pides a tu amigo que anote: “Quema de aldea. Me siento bien. Bronca. Me siento mal y lo valoras del 0 al 10”, y así día tras día. El jeroglífico nos dará la evolución de tu ánimo y podremos conocer que te motiva y que te angustia, y así saber hacia donde orientar el cambio que estás deseando para tu vida.

– Vale.- Comenta el orco sin demasiado entusiasmo.

– Así que ya sabes. Valórate y hazte valer. Busca tus puntos fuertes haz cosas que te estimulen  sal de la rutina. Te recomiendo que tomes un baño, que des lustre a tu espada. Cambia de hábitos. Come fruta. ¿Has pensado en usar una maza en vez de espada? Aprender cosas nuevas nos ayuda a mantenernos positivos.

– Lo intentaré…Grr.

– No.- Interrumpe severo Sáruman.- No digas lo intentaré.

– ¡Lo haré!

– ¡Así me gusta! Positividad. ¡Venga! nos vemos en quince jornadas.

– No podré. Tengo incursión en Gondor.

– Bueno, pues dentro de una luna. ¿Te va bien?

– Si sobrevivo sí.Grr.

– ¡Ya estamos con la negatividad!

– Lo siento.

– ¡Ay, ay! ¡Venga, Urg!, nos vemos en una luna.- El orco se levanta y Sáruman le despide con gesto de bendición.- Y no olvides tomarte la pócima.¡Ten, la receta! Sáruman le da el pergamino en el que escribió al principio de la consulta.

– No la olvidaré. Gracias Sr. Sáruman.Grr.

El orco se marcha intentando no arrugar la receta. No cree que toda esta palabrería psicológica sirva de mucho a un orco – Aunque el Balrog se vista de seda…- piensa. Pero al menos tiene su pócima que es al fin, y al cabo, lo que quería.

 

La desigualdad hasta la muerte.

Cementerio de Sant Andreu

Hoy algo ha llamado mi atención en el cementerio que hay en mi barrio. Porque en mi barrio hay un cementerio. El cementerio de Sant Andreu, y hoy caminando sin rumbo me ha dado por entrar. Tras la puerta principal he recibido la bienvenida de la plañidera novia de mármol que desconsolada llora a su amado lustro tras lustro. Es la tumba que da fama a este cementerio que por lo demás, es igual que cualquier otro: una última exhibición de la desigualdad social.

Los majestuosos  panteones se alternan con las policromadas tumbas de los patriarcas gitanos y con los sobrios bloques de nichos de la clase obrera. Las familias pudientes quieren perpetuar la superioridad que tuvieron en vida con sus monumentos domésticos, pero es un sesgo inútil, todos, ricos y pobres están en el mismo abismo de la nada silenciosa y eterna.

Pronto me olvido de los mausoleos con sus columnas jónicas, sus frisos dorados y sus querubines trompeteros. Mi mente se centra en las fotos de los difuntos. ¿Por qué las familias ponen retratos de sus muertos? Mirándolas con detenimiento creo averiguar si el enterrado disfruto o desperdició su única vida.

Al pasar frente a una cripta de mármol y vidrio miro adentro, quizás se vea algo. Tal vez Sadako llame mi atención desde lo profundo, pero no sé si me impresionaría. No estoy para espectros. Bastantes problemas tengo en el mundo real que da más miedo que cualquier más allá, así que sigo mi camino despacio entre el laberinto de cemento, leyendo las fechas de las muertes.

– Este señor no llegó a conocer la televisión y esta señora nunca conoció una España sin Franco.

Hay un nicho que contienen los restos de 4 jóvenes hermanas que se apellidan como yo, fallecidas en poco tiempo entre ellas. Eran guapas. Una belleza antigua, pero guapas. ¿Qué les pasaría? En otro un lactante que ahora tendría mi edad, me mira desde la foto que tal vez le hizo un padre orgulloso. Me parece oír como me reprocha que no sea más feliz en la vida que a él se le negó.

Por último reparo en los nichos de los muertos entre los muertos. Los que no tienen lápida, ni adornos, ni hojas de acanto ni crucifijos cromados. Sólo un nicho cegado que con suerte tiene pintado el nombre de su paupérrima familia. Algunos ni eso.

Toca volver a casa y en el camino de vuelta, como he comentado, algo llama mi atención. Me encuentro con dos inmensas tumbas gemelas de granito y mármol blanco coronadas con unos imponentes crucifijos pétreos. Sus pesadas y lápidas lucen en letras esculpidas el abolengo de la familia que las mando construir, se nota que es el panteón de gente de mucho dinero. No habrían llamado mi atención, más allá de su mastodóntica y fría presencia sino fuera porque justo enfrente hay un bloque de nichos y en uno de ellos, en uno de esos que sólo están tapados, en uno de esos donde se entierran a los muertos entre los muertos, hay una rosa, ¡una rosa todavía fresca!  Me acerco para asegurarme de que no es una flor de plástico. ¡No, no lo es! Ni tampoco parece caída de otro nicho. No hay restos de flores en ninguno cercano. Alguien lleva flores y alguien sigue recordando a quien está allí enterrado y que ni siquiera pudo permitirse que escribieran su nombre.

Mientras, en las colosales tumbas gemelas, hay abolengo, granito y mármol pero ninguna flor.  Los ricos y los pobres, los amados y los olvidados. Lo dicho. La desigualdad hasta la muerte.