Margaret Thatcher me dio una lección

Margaret-Thatcher

Esta no es una entrada para hablar de la recién fallecida Margaret Thatcher, por lo menos no del todo. Pero el óbito de esta señora me ha recordado uno de los momentos y a uno de los personajes más importantes de mi infancia y de mi vida.

Yo era un alumno de EGB en 1982 el año de la guerra de las Malvinas. tenía a la sazón 13 años y por lo tanto todavía era influenciable por hombres y mujeres mayores que yo y nadie me influyó tanto en aquella época como mi profesor de historia en la Escola Lliceu Ramon Llull, Don Emilio Ramos.

Don Emilio Ramos era un personaje singular. Iba siempre impecablemente vestido y perfumado con una característica fragancia que pocas veces he olido en otros hombres. No era muy alto, creo que menos que yo aunque no lo parecía dado que siempre llevaba zapatos con tacones altos.Pero su principal característica física además de su poblada barba canosa, su prominente barriga y su estridente voz, eran sus larguísimas uñas de los meñiques, que no dudaba en usar para hurgarse las orejas en no pocas ocasiones.

Pero el Sr. Ramos como le llamábamos todos, no era conocido por su singular físico sino por su severidad y sus tremendas broncas con las que acotaba cualquier insubordinación por parte del alumnado. El Sr. Ramos era temido por su dureza pero también por la autoridad que le daba el ser el director del colegio, director docente quiero decir pues por encima suyo estaba la familia de propietarios del colegio y que ocupaban cargos administrativos.

En esa época un profesor podía ser temido porque en esa época un profesor podía gritarte e incluso zarandearte o darte un pescozón sin que se hundiera el mundo y sin que acabaras traumatizado como un soldado de la primera guerra mundial.  Un profesor podía ser temido pero también respetado y nadie era más temido y respetado que el Sr. Ramos. De él se decía que era cinturón negro de judo, que había vencido en combate a un alumno que le saco una navaja y que fue capaz de alcanzar a la carrera a un ladrón que entró en el centro.

Se le temía tanto que nos poníamos en pie cuando entraba en clase y sólo nos sentábamos cuando el lo ordenaba. Cualquiera puede pensar que este tipo sólo era  un arrogante mequetrefe, pero no era así. Hablaba tres o cuatro idiomas, había estado en todas las partes del mundo, excepto en América, de lo que se jactaba y había sido corrector y reportero de la revista Historia y Vida; trabajo que le permitió conocer a Picasso por ejemplo. Explicaba que Estambul era, según él, la ciudad más bella del mundo y que consideraba a Italia su segunda patria. Para el Sr. Ramos Napoleón era un bicho, el deporte dejaba de ser deporte cuando se convertía en espectáculo y que el tren y no el avión sería el transporte del futuro.  El Sr. Ramos no era sólo broncas y collejas, era historias épicas llenas de datos interesantes lo que provocaba el bostezo de los más tontos de la clase y la admiración de los mas aplicados. Y entre todos ellos, nadie le admiraba más que yo.  Hoy todavía sigo pensando como él en muchos aspectos de la vida y todo este blog está impregnado de la aplastante influencia que ejerció sobre mí, a pesar de que ni yo mismo me escapé de sus broncas y de su mala leche. Mi hermano dice que incluso ahora que tengo la misma edad que debía tener él en aquellos años, me parezco físicamente y todo, salvo por lo de las uñas, que siempre me pareció repugnante.

  • Bueno David ¿y qué tienen que ver todo esto con la guerra de las Malvinas y con Margaret Thatcher? ¡Es que te enrollas como una persiana!

Pues verás autoestima mía, en 1982, cuando estalló la guerra de las Malvinas, en Barcelona hubo un apoyo a la República Argentina que rozó el fanatismo racial. La gente no hablaba de otra cosa y estaban seguros que la Argentina, que era vista como una gran potencia, iba a dar para el pelo a los ingleses. – “Nosotros somos una mierda y no podemos recuperar Gibraltar, pero los Argentinos van a dar por saco a estos asquerosos. ¡Se van a enterar!”.- Ese era el comentario más habitual en colas en panaderías y partidas de dominó. En esa época no había “estelades” en los balcones y no tenías que avergonzarte de ser español, así que el apoyo en la calle fue total y completo a los argentinos. Imbuido de ese ardor guerrero un chaval de 13 años, cómo yo no iba a ser menos y naturalmente me contagié de la fiebre antibritánica.

Guerra de las Malvinas

En medio de todo esto, un día, al terminar la clase, algunos alumnos se atrevieron a cortar el paso del  Sr. Ramos y le preguntaron que qué pensaba de la guerra de las Malvinas. Yo que estaba recogiendo para salir al recreo, dejé todo y corrí hacia el grupo de alumnos para escuchar con avidez la opinión de mi admirado profesor. Todos sabíamos por sus clases de historia que los ingleses no le gustaban demasiado por lo que merecía la pena escuchar los demoledores improperios que contra ellos iba a proferir. Pero lo que sucedió fue que Don Emilio Ramos comentó:

  • No tendría inconveniente en ponerme de lado de la Argentina, pero esta guerra es una maniobra cruel de la junta militar para perpetuarse en el poder y sintiéndolo mucho, espero que los ingleses les den su merecido.

No puedo describir ni la cara de asombro de mis compañeros de clase ni de como se me quedó el cuerpo cuando oí a mi admirado profesor ponerse de parte del Reino Unido. Mi reacción no la olvidaré: salí al patio y me senté donde pude a reflexionar. Siempre había estado de acuerdo con Don Emilio, porque siempre había entendido sus argumentos, pero hoy esos argumentos chocaban con mis sentimientos y con la opinión de la mayoría, de hecho, tal argumentación no la escuché de nadie más hasta que pasó el tiempo y la historia puso a cada cual en su sitio. Era un argumento contrario al sentir popular y casi ofensivo para la época, pero era un argumento demoledor y a pesar de mis 13 años, no podía renunciar a la lógica para abandonarme al patrioterismo y a la visceralidad.

Tardé pero lo asumí y aquel día de 1982 recibí el mayor legado de mi severo profesor, su mayor lección y su más positiva influencia: hay que pensar, hay que reflexionar y hay que tener criterio propio. La masa es estúpida y manipulable como tan bien sabían los nazis y tan bien supieron aprovechar. No se puede quitar la razón a alguien sólo porque no te guste o porque no opines como él. Margaret Thatcher era para muchos y seguirá siendo una bruja pero en ese momento era una bruja que se enfrentó con determinación contra unos diablos, los diablos de la junta militar argentina a los que venció y de paso, permitió que un escolar asmático aprendiera una lección. Sí la dama de hierro no hubiese defendido las Malvinas, no hubiese oído aquel comentario de mi profesor, así que en justicia le atribuyo parte de dicha lección. Por cierto, para que nadie se llame a engaño, pienso que Margaret Thatcher a sido uno de los personajes más dañinos de la historia de Europa y deseo que Satanás la tenga en su gloria. Pero lo cortés no quita lo valiente.

Se que esta entrada es un tostón, pero quisiera que sirviera de tributo a Don Emilio Ramos López, la persona no consanguínea de la que más he aprendido y a la que más he admirado.

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8 comments

  1. Esos recuerdos de profesores a los que admiramos son los que muchos desprecian pero que valen mas de lo que imaginamos, sobre todo cuando crecemos y comenzamos a entender que las cosas eran un poco mas complejas de lo que parecían. Me gusta tu blog, saludos desde Perú.

  2. Hola:

    Gracias por tu comentario tan amable y por tu tiempo. Por cierto, no te puedes ni imaginar la ilusión que me hace tener lectores en América, como tú desde Perú. Le da a este pobre blog una categoría que no merece, pero que me anima a continuar.

    Un saludo.

  3. Tengo treinta años más que tú (perdona si no te gusta el tuteo). Sigo recordando con mucho aprecio al memorable Sr. Ramos, sin barba, sin tacones y menos severo y estirado que como lo pintas. En 5º y 6º de bach. nos desasnaba en clase de Literatura y en clase de “vida”. Recuerdo muchas anécdotas (las escribía) y siempre repaso fotos de la época.

    1. Apreciado Ramón:

      Me hablas de una época muy anterior a mi etapa escolar. No concibo a mi admirado profesor sin sus gritos ni sin su barba, pero supongo que la gente cambia. Sería para mí un privilegio tener acceso a esas anecdotas y a esas fotos de las que hablas.

      Sorprendido por que un antiguo alumno de Don Emilio Ramos, haya encontrado mi, usando sus palabras, pedestre y ratonil blog; te agradezco tu tiempo y tu comentario y espero que me hagas llegar tus recuerdos sobre nuestro profesor.

      Un Abrazo

  4. Hola David. Esta vez el que ha llegado hasta tu blog es alguien que, aparte de sentir esa misma admiración por el Sr. Emilio Ramos, compartió en tu propia clase esas experiencias. Incluso recuerdo que jugando al fútbol, deporte en que ambos éramos nefastos, te definías como “delantero rompedor”. Soy Josep Zabala, aquel chico gordito que andaba por allí. Un abrazo, viejo compañero

    1. Hola Josep:
      Te recuerdo perfectamente. Lo que no recuerdo es que hubiese alguien en clase tan incapaz para el fútbol como yo, pero si tú lo dices. Espero que estés bien. Quizás quieras contarme cómo te ha ido.
      Un abrazo para ti también, viejo compañero.

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