Paseando por mi barrio (2)

Aurigas en Can Dragó

Mi barrio limita al norte con un sector llamado Can Dragó. En tiempos no fue más que un descampado deprimente paralelo a la omnipresente Avenida de la Meridiana. Pero hoy es la ubicación de todo un centro comercial de la franquicia Heron City y de un no menos impresionante Corte Inglés de proporciones mastodónticas. También hay un parque en forma de colina, coronada por unas de las aurigas de bronce que adornaban el Estadio olímpico Lluís Companys, sí, unas estatuas de unos carros como los de Ben-Hur, que apartaron para poder instalar el marcador simultaneo. Por último cabe destacar un parque de bomberos, una escuela de golf, diversas instalaciones deportivas municipales con pista de atletismo, campo de futbol y la celebrada piscina pública, que por sus dimensiones, bien pudiera parecer un pequeño lago.

Pero lo más curioso de todo es que bajo un viaducto sobre el que la Meridiana, se convierte en autovía, hay enroscada en uno de sus pilares una figura que representa una hembra de dragón que exhibe sin pudor unas ubres descomunales que impresiona cuando la ves por primera vez. Siempre he pensado que un dragón por mitológico que sea, debía ser algo más reptil que mamífero, pero al parecer mis conocimientos  zoológicos dejan que desear.

Las dimensiones de Can Dragó son tales que todavía queda una inmensa explanada lo suficientemente grande para instalar un circo de tres pistas, y no lo digo como hipérbole, es que ese su uso habitual. Durante determinadas épocas del año se instalan ahí circos de los de siempre. Que si el gran circo Santorini, Maldinni, Zanzini o cualquier nombre italianizado, no sé por qué. Que si el circo de Luxemburgo, que si el de Hong Kong  o el que estaba hace poco anunciado pomposamente como gran circo de Cataluña, aunque sobre la carpa ondeaba una bandera mexicana y otra portuguesa.

El circo siempre me aburrió. Cuando era niño me desesperaba cuando interrumpían las aventuras de Gaby, Fofó, Miliki y Fofito, con malabaristas, saltimbanquis y prestidigitadores engominados. No le veo el qué a los trapecistas, a la chica que hace posturas a caballo y al tío que hace equilibrios sobre un tubo. Y ahora, porque creo que en Barcelona no está permitido el uso de animales circenses, pero ya me dirán la gracia que tiene el domador de leones haciendo que estos suban y bajen de un taburete. No me malinterpreten, yo respeto cualquier forma honrada de ganarse la vida y más en estos tiempos, pero el circo es algo fuera de contexto. Pocas cosas están tan demás en este siglo XXI que intentar asombrar a un público acostumbrado a video juegos hiperrealistas y a producciones cinematográficas tridimensionales, con volatines y birlibirloques.Anuncio circo

Lo anacrónico del circo sólo es superado por el propio de los carteles que anuncian el circo. ¿Por qué siempre ponen al mismo payaso con la misma pintura facial y el mismo sombrerito con la bandera estadounidense? Yo nunca he visto un payaso así. Puede que el Circo Ringling llevase uno pero, yo no lo he visto ni en los tiempos en los que había circo por televisión a menudo.

Mi teoría del anacronismo circense queda demostrada por la reciente aparición de novedosos circos elegantes como el icónico Cirque du Soleil y todos los que después se apuntaron a la moda del circo poético y medio pijo. Me hace gracia que cuando aparece un nuevo espectáculo de este tipo siempre digan que entre los artistas que intervienen hay algunos “provenientes del Circo del Sol”. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué no eran lo suficientemente buenos para estar en el circo prestigioso y han acabado aquí? ¿Qué ya están mayores o fueron despedidos por inconfesable motivos?

En fin, el circo es una de esas cosas que no me importa criticar pues todavía cuenta con público suficiente como para subsistir y no requieren de mi contribución para ello, pero no puedo olvidar aquellas tardes de sábado de mi infancia dedicadas a emitir circo en una época donde sólo había un canal de televisión y que por culpa de trapecistas, equilibrista y domadores me quedaba sin dibujos animados o sin películas.

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Paseando por mi barrio (1).

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