Lance Armstrong. ¡Menudo farsante!

CYCLING-ARMSTRONG/

 

No puedo dejar de escapar la oportunidad de dejar constancia en mi blog de mi indignación por el caso de dopaje confesado por Lance Armstrong que en el programa de la entrevistadora Oprah Winfrey .

(¡Qué sueño!. Es que es muy tarde. Creo qué queda café.)

y la repercusión que está teniendo en todo el mundo. Ya que el ciclista norteamericano ganó nada menos que 7 Tours de Francia. 7 Tours ganados con la ignominiosa ayuda de las drogas y las hormonas.

(El café me ha dado acidez de estómago. Tomo demasiado.)

Al parecer este señor que en otros tiempos dominaba con insultante superioridad al resto de oponentes es ahora insultante pero para la dignidad de todos ellos.

(Voy a tomar Sal de Fruta, o no voy a poder continuar escribiendo)

Recuerdo la admiración que causaba este corredor cuando salía indemne de situaciones…

(No tengo sal de fruta. Voy a ver si mi madre tiene Almax)

… de situaciones que daban con los huesos en el suelo de sus oponentes, pero que él dominaba con pasmosa habilidad. ¡Claro la habilidad de la EPO y de la Hormona del crecimiento!

(Tampoco hay Almax. Probaré con bicarbonato que de eso sé que hay)

Su superioridad era tan abrumadora que seguramente ya despertó el recelo en las autoridades deportivas, que hoy, le están sancionando.

(Tengo que ser más cuidadoso con el reflujo gástrico ya que este me puede provocar un ataque de asma)

Por si fuera poco, Armstrong, no contento con arruinar su prestigio, ahora intenta esparcir la infamia entre todos sus compañeros ciclistas…

(No tengo perdón de Dios, ya me ha dado el broncoespasmo, miran que me lo tienen dicho los médicos. Voy por el Salbutamol)

Pero sus acusaciones de una cobardía sin parangón, no sólo afectarán al ciclismo sino que se extenderán por toda la profesión deportiva.

(Mmm, ¡un caramelo!)

Entiendo que el deporte es espectáculo pero incluso con esta premisa tienen que establecerse unos límites que…

(¡Mierd..! Tengo que ir a qué me miren esta muela. Es comer algo dulce y me duele. Voy a enjuagarme la boca con colutorio)

Unos límites fijados en no poner en riesgo la salud de los deportistas de élite, qué no olvidemos…

(¡Joder! cómo duele la muela. Voy a por un ibuprofeno. ¡Veo las estrellas!)

No olvidemos, como decía son un ejemplo a seguir por la juventud. Qué por si fuera poco el nefasto estímulo que del cine, la televisión y los videojuegos perciben; ahoran también llegarán a creer que pueden tomar lo que se les antoje, sólo porque farsantes como Armstrong lo hacen.

(Pero que frio hace aquí. Mi madre ha debido dejar abierta la ventana del salón. Me está picando la garganta… ¡Mamá! ¿Queda Lizipaína?)

En definitiva, espero que el caso de Armstrong sirva de una vez por todas de escarmiento a todos aquellos que no saben ver las verdaderas virtudes del deporte y que este señor reciba una sanción contundente y ejemplar no sólo de los organismos deportivos internacionales sino de la opinión pública en general…

(No me gusta el tono tan grandilocuente de esta entrada. Debe ser porque hoy me olvidé de tomar el Depakine y estoy algo ansioso. Con ansiedad no se puede escribir con objetividad.  Mejor me tomo un Trankimazin, para que se me pase la ansiedad y luego lo reviso…)

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