Perdóname Amy Winehouse.

Amy Winehouse

Querida Amy:

Tú no me conoces. Yo a ti sí, claro, pero entre nosotros no hay relación ninguna. No hemos coincidido en esta vida pero aún así creo que te debo una disculpa.

Verás, Amy, yo nunca valoré tu música. Era consciente de tu gran talento y de tu maravillosa voz pero, pensaba y sigo pensando que malgastabas ambas cosas en un estilo musical anacrónico.  Sospechaba que eras un personaje creado por alguna multinacional al estilo Pete_Doherty o basura similar. Que tu música se vendía sólo a través de tu comportamiento asocial trufado de falsa rebeldía. Que todo era un montaje para vender discos de Soul que ya no interesan a nadie y para llenar estadios con muchachos a los que les importaba un pito el color de tu voz y tan sólo esperaban a que vomitaras en el escenario.

Yo decía esas cosas y más que me callaré, pues he cambiado de opinión. Ya no pienso igual y me siento culpable, no de tu mala vida o de tu muerte, de eso sólo tienes tú la culpa; pero sí de ser tan ignorante e injusto.

¿Por qué cambié de opinión? Pues porque no hay mejor manera de comprender las tragedias ajenas como sufriendo una tu mismo. Mira Amy, tengo ahora 16 años más de los que tenías tú pero mi vida no ha sido ni la mitad de productiva que la tuya. Sí, he trabajado mucho y he hecho muchas cosas, pero nada que no pudiera hacer cualquier otro. Además no sólo no he destacado por mi talento en nada sino que no me he divertido ni le he sacado partido a mi juventud como hiciste tú. Por eso ahora en el paro, solo en casa con mis remordimientos y mis frustraciones; no tengo ni el consuelo del “qué me quiten lo bailado”, porque, Amy, yo no he bailado apenas.

Se me llenaba la boca acusándote de yonqui y ahora aquí me tienes, intentando dar forma a un texto que tiembla en la pantalla por efecto de las pastillas y el alcohol que han sido mi almuerzo de hoy. ¿Y sabes?, las pastillas me las ha dado el médico y el alcohol es cerveza barata de supermercado que tomo los días de más calor. ¡Ni siquiera sé drogarme en condiciones! Hasta para evadirme soy un buen chico. ¡Ya ves! juzgándote a ti cuando yo mismo cometo tus mismos errores y quizás otros peores.

No sé que pasó en tu vida ni cuales fueron los motivos por los que te perdiste pero tuvieron que ser muy graves para que ni tu talento ni tu fortuna te sirvieran de consuelo. Puede que por eso mismo caíste; puede que las personas como tú, lleguéis  antes que los demás a la conclusión de que esta vida es una porquería y que, además, no podemos hacer mucho por cambiar las cosas.

Pienso que la vida es como un regalo, una gran fortuna, pero no sabemos administrarla y tarde o temprano acabamos dilapidándola, en vez de usar toda esa riqueza en cosas provechosas. Sí, ya sé que hay muchas personas que sabe sacar partido de su vida, pero creo que tanto tú, Amy, como yo; no estamos entre esa gente.

Sabes Amy, no me asusta tanto la crisis profunda económica y de valores en las que me veo inmerso como en la falta de confianza en mí mismo, para salir de este atolladero. Tal como lo veo sólo hay dos caminos:

  • Intentar subir al carro de los que cortan la tarta e intentar por todos los medios conseguir tu parte del pastel, aunque para ello hay que pisar a quién haya que pisar.
  • O bien, dejarse llevar por los escrúpulos o, en mi caso, el miedo y buscar el olvido de la manera que cada cual tenga a su alcance. Yo en la sertralina e internet y tú…

En fin, Amy, sea como sea, no cabe duda de que el qué está mejor de los dos soy yo, pues aún estoy vivo y la esperanza es lo último que se pierde. Por eso creo que te debía esta disculpa, a ti y a todos los que son juzgados sin que se conozca a fondo los motivos reales de las decisiones que toman.

En fin, Amy, te ruego que me perdones, aunque no espero que leas esta carta y mucho menos que respondas, pues sé que de ti ya no queda más que la música que dejaste grabada. Y si por casualidad estás en condiciones de hacerlo, te ruego que te abstengas pues no estoy para sustos.

Un abrazo de tu nuevo e incondicional admirador.

D.

P.D.

Me olvidé de comentarte que hay una tal Adele que está recogiendo los frutos que tu sembraste, aprovechándose que resucitaras un estilo de música que estaba tan muerto como James Brown. Ella se lleva ahora los Grammy y los discos de oro que tú ganabas y  además se lleva los halagos, el cariño y la comprensión que tú no pudiste ni soñar.  Y no es justo, Amy, porque esta “Celine Dion” gordita no vale lo que uno sólo de tus tatuajes.

 

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2 comments

  1. La verdad siempre dejamos un tiempo para mirar la vida del otro y comenzar a jusgar,
    Simplemente debemos dejar de hacerlo, así como tú. Desde mi punto de vista es como que dejamos de lado nuestra valiosa vida para ocuparnos de cosas q en casos no nos interesan, mirando al otro, a ellos
    Sin darse cuenta que al otro no le importa lo que agamos o dejemos de hacer.
    Amy Vivio rapido se dejo engañar y asi termino, Que en pdaz descanses Amy

  2. La verdad siempre dejamos un tiempo para mirar la vida del otro y comenzar a jusgar,
    Simplemente debemos dejar de hacerlo, así como tú. Desde mi punto de vista es como que dejamos de lado nuestra valiosa vida para ocuparnos de cosas q en casos no nos interesan, mirando al otro, a ellos
    Sin darse cuenta que al otro no le importa lo que agamos o dejemos de hacer.
    Amy Vivio rapido se dejo engañar y asi termino, Que en paz descanses Amy

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