CONFINAMIENTO. DÍA 21.

Ayer nuestro presidente de gobierno anunció otros quince día más de confinamiento. Al menos, cuando pase la Semana Santa, los trabajadores no esenciales podremos volver a teletrabajar.

También quieren que llevemos todos mascarillas, barbijos los llaman en Argentina y Bolivia y tapabocas en México y Cuba. (Algo que me llena de orgullo es que entre los lectores de mi blog los hay de toda América hispanohablante, incluidos los Estados Unidos)

No sé, como no los pintemos ya me dirán de donde las sacamos. Mi padre tiene algunas de las que usa cuando hace cosas de carpintería, para evitar respirar polvo y virutas, pero creo que esas no sirven, como mucho para evitar salivajos y esputos traicioneros de la gente por la calle. El gobierno ha dicho que habrá para todos y a precios contenidos. Ya veremos, el gobierno dice muchas cosas.

Estoy desayunando pan con aceite de oliva y sal, mi desayuno favorito. Me aficioné a él cuando siendo un niño de 12 años, acompañé todo un verano a mi abuela Rosario en Málaga. Parte del tiempo lo pasamos en la Caleta de Vélez y el resto en Cómpeta, donde mi vivía mi tío abuelo Gabriel, que era panadero y tenía la tahona en la planta baja de la casa donde viví. ¡Claro, teniendo pan recién hecho cada día no me iba a poner a desayunar cruasanes!

Lo típico allí, era verter el aceite sobre un plato, echarle sal e ir mojando el pan. ¡Qué bueno estaba el pan recién hecho por mi tío abuelo, empapado en aceite de oliva andaluz, de aceituneros altivos de Jaén y de Miguel Hernández.

Pero yo soy catalán y llevo demasiado anclado en mi cultura el “pa amb tomàquet“, pan con tomate. Recuerdo la primera vez que me hice un bocadillo con aceite de oliva y tomate en la Caleta de Vélez. Cuando acabé me encontré de bruces con los ojos fuera de las órbitas de mi primito Sebastián, que por aquel entonces no contaba con más de seis años, que me preguntó atónito:

-. “¡¿Qué has hecho tito?!”

Me lo preguntó con el asombro de haberme visto poner lejía y no tomate al pan. Le tuve que explicar que en Cataluña solíamos untar tomate en casi cualquier bocadillo. Por supuesto se lo di a probar y le gustó mucho. Desde entonces para merendar muy a menudo pedía a mi abuela que le hiciera “Un bocadillo catalán”. Era muy gracioso mi primo Sebastián ¿Qué habrá sido de él?

El maravilloso olor del pan recién hecho con ingredientes y horno tradicional

CONFINAMIENTO. DÍA 21.

Sábado. No trabajo.

Estoy mirando la prensa digital. Leo periódicos de distinto pelaje como “El País” o “El Español“. Hace tiempo que la prensa ya no me interesa, pero ahora, dadas las circunstancias, le estoy prestando atención. Pero la información es tan contradictoria, sesgada y partidista que me pone nervioso.

Cuando era joven compraba “El Periódico de Cataluña” cada día y lo leía mientras desayunaba, esperando que abrieran la oficina. Además también leía alguno de los periódicos gratuitos que se acumulaban en las estaciones de metro por allá de los “dosmiles”, escuchaba la radio y prestaba atención a los informativos de la T.V. Pero al ir envejeciendo, la prensa me empezó a hastiar.

Cada día, cuando llego a la estación de Montmeló, unas simpáticas chicas, casi casi niñas , me ofrecen gratis “La Vanguardia” unas veces y otras el periódico deportivo “El Mundo Deportivo“, al salir de las escaleras mecánicas.

Valoro mucho que estas chicas estén a las siete de la mañana repartiendo periódicos sacándose un dinerillo. Por eso siempre se los acepto con una sonrisa y un “gracias. Pero los diarios que reparte no me interesan, además, aunque cuanto más me golpea la vida trato de ser más humilde, todavía tengo principios.

Los días que las chicas me ofrecen “La Vanguardia” suelo leer los titulares y después miro por encima a quién entrevistan en su famosa contraportada, por si me interesa el tema del que hablan. Luego tiro el diario en la papelera situada en la esquina de la calle del Primero de Mayo con la Calle de Navarra a unos 50m de la estación. Por supuesto que hay una papelera en la puerta misma de la estación, pero no quiero que las repartidoras me vean tirando el periódico a la basura, sería como despreciar su trabajo.

Pero si me ofrecen “El Mundo Deportivo” lo tomo, lo doblo y lo tiro sin ni siquiera mirarlo. Hay pocas cosas que entienda menos que la prensa deportiva e incluso me da vergüenza que me vean portando un ejemplar de este tipo de publicaciones. Sí, ya sé, no soy un intelectual y mi cultura es deficiente, pero no tanto como para encontrar interesantes, las previsiones de fichajes, las opiniones de futbolistas sin educación primaria y los resultados del Getafe Osasuna, todo escrito en letra gorda y redacción para párvulos

Creo que hoy hablará nuestro Presidente del Gobierno. ¿A ver que dice?

CONFINAMIENTO. DÍA 20.

Ayer tuve bastante trabajo dadas las circunstancias. A ver hoy.

Si hay algo que me esta enseñando esta crisis es a matizar mis opiniones. Me doy cuenta de que no sé casi nada y que algunas cosas que pienso no están fundamentadas.

Por ejemplo: creo que Donald Trump y Boris Johson han sido negligentes por no adoptar medidas a tiempo similares a las que hemos tomado en la Unión Europea. Ambos países pueden afrontar un confinamiento estricto debido a que son países ricos. Si España puede, Estados Unidos y el Reino oUnido pueden.

Pero son igual de negligentes Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador, presidentes de Brasil y de México respectivamente. Tal vez son sabedores que sus países, aunque ricos en recursos naturales, están muy atrasados en organización social. ¿Cerrar a cal y canto Brasil o México es la mejor opción?

Ambos sujetos, de ideologías antagónicas, me resultan especialmente antipáticos y me gustaría verlos fracasar en sus gobiernos (no en esta crisis pues su fracaso implicaría miles de muertos), pero ¿podemos ver sus comportamiento y las necesidades de sus grandes países con ojos europeos?

Incluso, desde la perspectiva de español ¿Trump y Johnson lo han hecho realmente mal? Los recursos disponibles por los E.E.U.U. y por el Reino Unido son muy superiores a los disponibles por España incluso dentro de la U.E. Quizás entiendan que su capacidad sanitaria puede absorber las debilidades de prevención que no se tomaron para no debilitar la economía que, al fin y al cabo es lo que proporcionará personal y material sanitario.

No sé, creo que estoy divagando. Sólo quería comentar con un ejemplo que en una situación así no se puede prejuzgar y menos sino entiendes de qué va.

No me llaman de la empresa. No llamo yo porque tengo algunas cosas, no urgentes por acabar y me dijeron que lo harían ellos.

Dicen que esto es como una guerra, pero no. Si esto fuera una guerra podría hacer algo

Sí, ya sé que no me quisieron en la mili, pero podría salir, trabajar en fábricas de munición o sitios así como los que salen en películas y documentales.

Puedo ayudar económicamente a través de alguna ONG, pero de todas maneras, siento una gran impotencia.

Por cierto, quiero aclarar a fecha de hoy, que cuando otorgué mi lealtad al gobierno de España incluía al gobierno de la Generalitat de Cataluña y a mi tan poco apreciada Alcaldesa. Ya habrá tiempo para reproches.

CONFINAMIENTO. DÍA 18.

Esperando que en la empresa se pongan en contacto conmigo. ¡Ya son casi las diez de la mañana!

Estoy un poco resfriado y eso me preocupa. Siempre me preocupo cuando me resfrío pues siendo asmático lo paso mal. Si la gente sana puede tener dificultad para respirar, imagínense como me pongo yo que ya tengo dificultades para respirar de por sí. Algún día tengo que escribir sobre mi asma crónica.

Dicen que el COVID-19 provoca dificultad para respirar. Me preocupa contraer un resfriado fuerte o una gripe común. ¿Cómo sabré si la dificultad para respirar es un síntoma habitual de mi asma o uno propio del coronavirus?

Puede que note que la dificultad para respirar es muy fuerte, más de lo habitual, pero estoy tan acostumbrado a crisis asmáticas tan severas que no sé si sabré evaluar la intensidad del ahogo.

Lo mejor será que no me contagie. Tomo todo tipo de precauciones las pocas veces que salgo a comprar pero no sé si las estoy tomando correctamente. No paro de leer informaciones que considero contradictorias: mascarilla si o no, modos de contagio, duración de la vida del virus en los diferentes materiales, desinfectar o no los productos comprados, que se transmite por la comida o no… estoy bastante confuso.

Por cierto, tengo un efecto secundario que atribuyo al confinamiento y es el estreñimiento, algo muy poco normal en mí. Supongo que se debe a que ya no camino ni me muevo tanto. Todavía no es alarmante, pero empiezo a agobiarme.

Once de la mañana: sin noticias de mi empresa.

CONFINAMIENTO. DÍA 17.

Sin novedad. Pero por primera vez estoy notando cierto tono de pánico en la prensa digital. Puede que sea una apreciación sólo mía, pero me he puesto muy nervioso leyendo los periódicos.

Creo que voy a añadir un medidor de ansiedad en cada entrada. Este es el valor de hoy y me servirá para extrapolar los valores de días anteriores.

CONFINAMIENTO. DÍA 16.

Primer día como trabajador no esencial.

Ayer volví a conectarme a Twitter. Tengo cuenta de Twitter desde hace años y nunca la uso. Recuerdo que me apunté a Facebook y a Twitter casi simultáneamente. La red de pajarito no ha logrado engancharme. Está demasiado enfocada a la opinión de cualquiera sobre cualquier cosa y tampoco tengo tanta necesidad de dar mi opinión y escuchar la de docenas de ególatras.

Facebook sí la utilizo. Me gusta formar parte de grupos sobre temas que me interesan y ciertamente me entretiene durante mis trayectos en cercanías. Reconozco que intervengo más, alguna vez escribo un comentario pero, ya digo, no es lo mío.

De todas maneras sean estas redes sociales como los “chat” de Youtube, plataforma por las que sigo las ruedas de prensa y comparecencias de las autoridades, están llenos de cretinos insultando al gobierno, a los partidos políticos y dando su opinión sobre temas que desconocen.

Siento vergüenza por toda esta gentuza: cuñados, enterados, desinformadores y canallas, sin formación básica ni vida propia, vomitando memeces. Como dijo Umberto Eco:

-.”Internet ha dado voz a legiones de imbéciles”

CONFINAMIENTO. DÍA 15.

Ayer nuestro presidente anunció que los trabajadores no esenciales deben quedarse en casa.¿Eso significa que mi empresa tendrá que cerrar?

Si es así ya no tendré teletrabajo y no sé si tendré trabajo de ningún tipo cuando esto acabe.

Lo de los trabajadores esenciales me recordó a película la lista de Schindler, cuando se elegía a la gente según fueran aptos para trabajar en fábricas de cosas para la guerra. ¡Qué curioso! en la película yo habría sido seleccionado ya que me puedo considerar, según el convenio colectivo, obrero metalúrgico.

En mi vida he sido:

  • No apto para el carné joven, lo pusieron cuando yo ya superaba la edad máxima.
  • No apto para el servicio militar, me declararon medio inútil. ¡Dos veces! Y por tanto inútil por acumulación.
  • No apto para el obtener el permiso de conducir. Hasta que me operé hace 9 años no llegaba al 60% de la visión requerido.
  • No apto para desgravar por alquiler de vivienda, era soltero, sin hijos y mayor de 35 años
  • No apto para hacer la declaración de la renta. Soy pobre.
  • Y ahora no apto para trabajar por no ser esencial.

¡Una vida de éxito!

CONFINAMIENTO. DÍA 14.

Siempre quise saber lo que era tener un año sabático. Lo logré, ya que tuve no uno, sino tres cuando me quedé sin trabajo allá por el 2011. Es verdad, que tuve trabajos esporádicos e incluso llegué a escribir un libro por encargo de una editorial de enseñanza a distancia. Pero mi falta de esperanza por encontrar un nuevo empleo me hizo ver aquellos años como largas vacaciones.

Ahora experimento el teletrabajo y no me gusta.

Ya no compruebo la noche anterior si tengo todo lo necesario en la cartera:

  • MI calculadora, CASIO FX-570SPX, que puedes introducir los cálculos en formato algebraico normal, como en un libro de texto. Además es el modelo “Iberia”, puedes ponerla, castellano, catalán y portugués. (En la web de CASIO, me enteré que el catalán es por Andorra. ¡Qué cosas!)
  • Bolígrafos BIC del modelo “Soft” uno de cada color. Sobre todo que no me falte el verde, soy muy de usar el verde.
  • Pañuelo, toallitas limpiagafas, y toallitas refrescantes, de esas que vienen en sobres individuales y que se compran en Mercadona.
  • Mi impermeable del Decathlon, que de tantas lluvias torrenciales me ha salvado y que ocupa poco sitio, pues se pliega y esconde, en uno de sus bolsillos.
  • Monedas de veinte y cincuenta céntimos y de euro, para la máquina de café de la oficina. Aunque en el frontal de la misma pone que admite monedas de dos euros, casi nunca las acepta. Estoy sorprendido lo habituales que son estas monedas. Hay veces, que creo que no tengo de otro valor.
  • Auriculares de emergencia, por si se estropean los que uso. Mi teléfono móvil se ha convertido en mi bálsamo contra las sorpresas en forma de retrasos y cambios inesperados de tren, que nos ofrece la siempre confiable red de cercanías de RENFE.
  • Ibuprofeno y mi inhalador.

Ya no madrugo para coger un tren de cercanías. Habitualmente tengo que levantarme no más tarde de las 6:00 pues sólo tengo tres que me vayan bien. Pero ahora me despierto treinta minutos antes de conectarme a la oficina, malhumorado, legañoso y con la sensación de no haber dormido lo suficiente. ¡Sí, ya sé, tendría que ir en coche para practicar, pero de momento me da miedito!

Los viernes ya no son ese día de media jornada, de comida con mis padres y siesta. Ahora todos los días son viernes, viernes de desconectar el Teamviewer y ir a comer con el noticiero puesto, dando noticias catastróficas e imprecisas. Como echo de menos mi alegre caminar desde la fábrica a la estación de Montmeló regresando a casa.

Trabajar en bata y pantuflas (yo uso bata) no es trabajar. La bata y las pantuflas frente al ordenador es para estar mirando vídeos y en mis años mozos, estar conectado a páginas de chat y ligoteo. Me podría vestir mejor, pero para qué, no voy a salir de casa.

La presión del trabajo la tengo igual o peor. No quiero que un error sea interpretado por no tomarme las cosas en serio por estar en casa sin supervisión. Que la bata y las pantuflas no menguan mi capacidad de concentración.

Además me da la impresión de que estoy trabajando más, pues me aburro y me pongo a hacer cosas que deberían ser para el día siguiente. Incluso repito alguna que otra tarea por encontrar chorradas que ni a mi jefe ni a los clientes les importa un comino, pero así me distraigo.

CONFINAMIENTO. DÍA 13.

Nuevamente esperando a que me den trabajo.

Estoy pendiente de las comparecencias de las autoridades y de la prensa digital. Lo que más me alarma no es la propagación de la enfermedad, que me preocupa y mucho, sino todo el embrollo con la falta de suministros y los contagios entre el personal sanitario.

¿De qué sirve construir en IFEMA un hospital más grande y mejor que los que hicieron los chinos, sino tenemos médicos, enfermeras y auxiliares bien equipados para hacerlos servir?

He oído que Cruzcampo está fabricando mascarillas. No entiendo como la fábrica de cerveza más denostada del país, a mi ni fu ni fa, puede reconvertirse en industria textil. Parece que es cosa de impresión 3D.

Creo que debería orientar lo que me queda de vida laboral a este campo de la impresión 3D. Puede que tenga que hacer una inversión, pero con mis conocimientos de CAD puede que me sirva como salida profesional en caso de que pierda mi empleo. Tengo que pensar seriamente en ello.

Al final he trabajado un motón, espero que siga así.

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