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Lance Armstrong. ¡Menudo farsante!

CYCLING-ARMSTRONG/

 

No puedo dejar de escapar la oportunidad de dejar constancia en mi blog de mi indignación por el caso de dopaje confesado por Lance Armstrong que en el programa de la entrevistadora Oprah Winfrey .

(¡Qué sueño!. Es que es muy tarde. Creo qué queda café.)

y la repercusión que está teniendo en todo el mundo. Ya que el ciclista norteamericano ganó nada menos que 7 Tours de Francia. 7 Tours ganados con la ignominiosa ayuda de las drogas y las hormonas.

(El café me ha dado acidez de estómago. Tomo demasiado.)

Al parecer este señor que en otros tiempos dominaba con insultante superioridad al resto de oponentes es ahora insultante pero para la dignidad de todos ellos.

(Voy a tomar Sal de Fruta, o no voy a poder continuar escribiendo)

Recuerdo la admiración que causaba este corredor cuando salía indemne de situaciones…

(No tengo sal de fruta. Voy a ver si mi madre tiene Almax)

… de situaciones que daban con los huesos en el suelo de sus oponentes, pero que él dominaba con pasmosa habilidad. ¡Claro la habilidad de la EPO y de la Hormona del crecimiento!

(Tampoco hay Almax. Probaré con bicarbonato que de eso sé que hay)

Su superioridad era tan abrumadora que seguramente ya despertó el recelo en las autoridades deportivas, que hoy, le están sancionando.

(Tengo que ser más cuidadoso con el reflujo gástrico ya que este me puede provocar un ataque de asma)

Por si fuera poco, Armstrong, no contento con arruinar su prestigio, ahora intenta esparcir la infamia entre todos sus compañeros ciclistas…

(No tengo perdón de Dios, ya me ha dado el broncoespasmo, miran que me lo tienen dicho los médicos. Voy por el Salbutamol)

Pero sus acusaciones de una cobardía sin parangón, no sólo afectarán al ciclismo sino que se extenderán por toda la profesión deportiva.

(Mmm, ¡un caramelo!)

Entiendo que el deporte es espectáculo pero incluso con esta premisa tienen que establecerse unos límites que…

(¡Mierd..! Tengo que ir a qué me miren esta muela. Es comer algo dulce y me duele. Voy a enjuagarme la boca con colutorio)

Unos límites fijados en no poner en riesgo la salud de los deportistas de élite, qué no olvidemos…

(¡Joder! cómo duele la muela. Voy a por un ibuprofeno. ¡Veo las estrellas!)

No olvidemos, como decía son un ejemplo a seguir por la juventud. Qué por si fuera poco el nefasto estímulo que del cine, la televisión y los videojuegos perciben; ahoran también llegarán a creer que pueden tomar lo que se les antoje, sólo porque farsantes como Armstrong lo hacen.

(Pero que frio hace aquí. Mi madre ha debido dejar abierta la ventana del salón. Me está picando la garganta… ¡Mamá! ¿Queda Lizipaína?)

En definitiva, espero que el caso de Armstrong sirva de una vez por todas de escarmiento a todos aquellos que no saben ver las verdaderas virtudes del deporte y que este señor reciba una sanción contundente y ejemplar no sólo de los organismos deportivos internacionales sino de la opinión pública en general…

(No me gusta el tono tan grandilocuente de esta entrada. Debe ser porque hoy me olvidé de tomar el Depakine y estoy algo ansioso. Con ansiedad no se puede escribir con objetividad.  Mejor me tomo un Trankimazin, para que se me pase la ansiedad y luego lo reviso…)

Hazte amigo de ombligo.

Por toda Barcelona se puede ver este anuncio al igual que por el resto de España.Malik

El anuncio pertenece a una campaña de Médicos sin Fronteras para evitar que las madres de países del tercer mundo contagien con el VIH a sus hijos antes de nacer. Hasta aquí todo correcto. Lo que pasa es que en Barcelona la campaña es en catalán y en catalán ombligo se dice “melic” que pronunciado suena parecido a “Malik” dado que la “e” es neutra y suena como una “a” débil. Por lo tanto parece que:

  • Los autores de la campaña son catalanes y han querido hacer una gracia, pintado sobre el ombligo de la mujer la palabra ombligo en catalán.
  • Los autores no son catalanes y no se han percatado de este hecho.
  • Los autores no son catalanes, se han percatado del hecho pero lo han dejado porque son cachondos.

Es como si el nombre del nasciturus, fuera “umvligo” o algo parecido. Los castellano hablantes lo encontraríamos llamativo, supongo. En fin, es una curiosidad, no tan grave como lo del Nokia “Lumia” que creo significa “Puta”, y queda gracioso… al menos en Cataluña.

De todas formas suerte con la campaña.

Cosas nazis

 
 Cosas nazis
  
En 1951 el profesor de la Universidad de Chicago, Leo Strauss formuló lo que se conoce como “Argumentum ad Hitlerum”  o “Reductio ad Hitlerum” (Reducción a Hitler) que significa que cuando una discusión se alarga en exceso, siempre una de las partes acusará a la otra de Nazi. Y claro, como todo lo que hicieron los nazis es abominable resulta que estamos muy limitados para justificar casi nada que hagamos.  Un ejemplo es este artículo donde se puede ver como el aborto terapéutico se compara con la eugenesia nazi. No entraré en este debate sólo menciono el artículo pues me ha dado la idea de confeccionar una lista con algunas de las cosas que no podemos hacer, como por ejemplo abortar, porque las hicieron, las promovieron o eran del gusto de los dirigentes del tercer Reich o de sus partidarios. Empiezo:

1- La religión y la iglesia católica.

Le duela quien le duela, Hitler era católico, de familia católica y la ideología y el partido nazis germinaron en la Baviera católica.  Católico era Rudolph Hess, Matha Goebbles  y la familia de Eva Braun. Aunque renegó del cristianismo nunca actuó o se definió como ateo como frecuentemente se le identifica. De hecho, la la mera religión o el misticismo es ya algo tan ligado al imaginario nazi, con o sin razón,  que también tendría que ser repudiada por ello. Dejemos a parte la oscura relación del Reich con El Vaticano.

2- La propaganda y la publicidad.

Nadie hizo un alarde de eficiencia propagandística antes como los nazis. Los once principios sobre propaganda de Joseph Goebbles siguen vigentes hoy día para las agencias publicitarias modernas y peor aún para los gobiernos.

3- El amor a los animales.

Hitler adoraba a los perros y a lo largo de su vida tuvo varios a los que trató con gran cariño, sobre todo al último, Blondie, la hembra de pastor alemán (¿Alsaciano?) a la que llegó situar por delante de su pareja Eva Braun en su escala de confianza personal. Además en este artículo puede leerse como el infame Heinrich Himmler, que ni se inmutaba en sus inspecciones a los campos de exterminio, salió horrorizado de una corrida de toros.

4- El arte en general y la arquitectura en particular.

Hitler fue pintor en su juventud y los nazis se dedicaron a expoliar las obras artísticas que encontraban en los países conquistados. Actividad a la que, por cierto, fue muy aficionado Hermann Göring, que acumuló miles de obras de arte robadas y que fueron encontradas tras la guerra en su poder.

En cuanto a la arquitectura ni Alejandro, ni Gengis Kan, ni siquiera Napoleón, tuvieron un arquitecto de guardia y mano derecha como lo fue Albert Speer de Hitler. Aunque cabe decir, que la arquitectura siempre ha sido usada por todos los dictadores como demostración de poder, desde los faraones con sus pirámides hasta Franco con su Valle de los caídos. ¡Uy! perdón he llamado dictador a Franco, ¡qué cabeza la mía!

5- La música clásica.

Alemania es el país de los grandes compositores y los nazis se enorgullecían de ellos , en particular de Richard Wagner. Somos miles de aficionados a la música clásica a los que nos irrita que se le relacione a con los nazis a pesar de que el genio de Bayreuth llevaba demasiado tiempo fallecido como para poderlo considerar un simpatizante del régimen. En cambio Carl Off, autor de la tan popular Carmina Burana, sí fue un nazi de tomo y lomo pero a nadie parece importarle.

6- La estética y la imagen.

Ningún otro régimen dictatorial cuidó tanto su imagen y su estética. Los nazis prácticamente tenían una imagen de marca. Fue Hugo Boss el que diseñó los uniformes de las SA conocidos como camisas pardas y fabricó tanto los uniformes de las SS como los de las Waffen SS. En cualquier tienda de maquetas, las relacionadas con el ejército alemán durante la S.G.M. superan en mucho a todas las demás en oferta. Aclaro que esto es una observación mía y no está basada en estudio estadístico alguno.

7 – La comida sana y las campañas contra el tabaco y el alcohol.

Hitler era estrictamente vegetariano, como Steve Jobs por ejemplo, y no bebía alcohol. Tampoco fumaba y creo recordar haber leído que prohibió hacerlo en su presencia.

8 – La Coca-cola.

La empresa norteamericana Coca-cola no quiso renunciar a sus beneficios en el mercado alemán cuando el gobierno americano prohibió a sus multinacionales comerciar con el tercer Reich. Para ello cambió el nombre a sus fábricas alemanas y comenzó la distribución de una bebida con sabor a naranja, fácil de producir en tiempos de guerra y tuvo un gran éxito. Esa bebida recibió el  nombre de Fanta.

9 – Volskwagen, Porsche y Ford.

El escarabajo fue promovido por el régimen y diseñado por Ferdinand Porsche a partir de unos bocetos del propio Hitler.  Más desconocido pero quizás más grave fue la directa vinculación entre el magnate del automóvil Henry Ford y la ideología nazi. Ford fue el autor del libro: El judio internacional, del que el propio Hitler decía, que le había servido de inspiración. En agradecimiento el Führer condecoró a Ford.

10 – Otras cosas relacionadas de algún modo con los nazis.

  • La gente rubia.
  • Los ojos azules.
  • La palabra socialismo.
  • La investigación médica, especialmente en genética.
  • La NASA, (Véase Von Braun)

Recomiendo la lectura de este artículo  sobre un texto de Eduardo Galeano, donde se habla de más cosas que deberíamos detestar por tener relación con los nazis.

Cosas nazis
Sí Peter. Cosas nazis.

Entradas relacionadas.

Mi operación de cataratas.

Me he borrado de Facebook.

El erudito camuflado. Hoy: Escepticismo.

El erudito camuflado. Hoy: música clásica.

Lo mejor del 2012

BustoHe decidido publicar de nuevo las entradas que más éxito tuvieron de todas cuantas escribí el pasado año. Cuando digo éxito me refiero a que o bien tuvieron un gran número de visitas, o bien  recibieron buenas críticas o ambas cosas. El objetivo de esto es doble:

    1. Llegar lo antes posible a las 100 entradas publicadas, llevo 90. Soy perezoso y con entradas de relleno lo conseguiré antes.
    2. Actualizar dichas entradas  y aprovechar su tirón para aumentar el posicionamiento de este blog.

Como ya indiqué en una ocasión, el prospecto del Ibuprofeno me gusta más que cualquiera de mis entradas, y por eso no me ha sido fácil decidir cuales y cuantas de ellas serían merecedoras de estar en una lista de esta índole. Los bloggers de éxito pueden hacer un “Top ten” pero yo me he conformado un “Las tres mejores” a modo de final olímpica y he decidido el reparto de medallas valorando conjuntamente número de visitas, y críticas favorables. Teniendo esto en cuenta el medallero queda como sigue:

Medalla de bronce. Cosas nazis.

hitler

Aunque no es la tercera en número de visitas, aunque anda cerca, y su primera versión es anterior al 2012;  fue la primera que tuvo gran audiencia y la primera con buena crítica.

Medalla de Plata. Mi operación de cataratas.

Cirujía ocular

Mi favorita. A día de hoy sigue recibiendo visitas. Su repercusión ha sido sobre todo humana. He recibido consultas y comentarios incluso del extranjero. Me ha permitido descubrir cuanta ayuda necesitamos las personas y como somos capaces de agarrarnos al clavo ardiendo de una entrada de un blogger aficionado en nuestra búsqueda de respuestas. Fue mi amiga Lupe quien me sugirió que la escribiera y el merito es suyo porque yo en principio, me opuse.

Y la medalla de oro es para… Stefanie Claudia Müller no vive aquí

caida-de-caro

Es tan sólo un comentario hecho un día de depresión. Pero destaca entre todas las demás en audiencia. En su mejor día recibió 1.856 visitas y todavía sigue siendo la más visitada. Otras entradas que creí interesantes no las leyó nadie y esta que tan sólo era un lamento ha sido mi mayor logro hasta la fecha. No es necesario volver a publicarla, ella por sí sólo tira de todo el blog.

No me puedo quejar de la repercusión de este blog, teniendo en cuenta que tan sólo es un blog personal, pero no estaré realmente satisfecho hasta que pueda contar con la piedra de toque que delata que un blog es realmente interesante y que no es otra que tener un Troll. Ese es mi anhelo para este año.

A todos los que visitan este blog muchas gracias.

¿Cómo acabar con Apple ?

Apple

(Sala de reuniones en la sede central de Apple inc. Interior noche.)

Ejecutivo 1. – Nuestro jefe y fundador Steve Jobs ha muerto dejando a nuestro cargo la más importante empresa tecnológica del mundo. Nuestra ventaja con respecto a nuestros competidores es tal, que tememos que se nos vea como unos engreídos y prepotentes  acaparadores. Necesitamos ideas para recortar algo dicha ventaja con las demás empresas tecnológicas y así mejorar la imagen que de nosotros tiene determinada gente.

Ejecutiva. – ¿Y cuál es esa imagen que debemos mejorar?

Ejecutivo 1. – Numerosas personas nos ven como una empresa “para ricos”, como Armani o Jaguar.

Ejecutivo 2.- ¿Pero no era eso lo que queríamos, vender status?

Ejecutivo 1. – Sí, claro pero tememos que a la larga puedan cogernos manía. Nunca monopolizaremos el mercado si hay sectores sociales resentidos porque se sienten excluidos de nuestro ecosistema. Tenemos que mirar hacia el futuro. A ver, ¡Brainstorming.!

Ejecutiva. – Glorifiquemos a Steve para que los demás crean que sin él estamos perdidos. Convirtámoslo en una especie de santo o salvador que nos dejó antes de concluir su obra.

Ejecutivo  1. – ¡Magnífica idea! Secretaria, tome nota: Contratar la redacción y publicación de áureas biografías de Steve. ¿Qué más?

Ejecutivo 3. – Hagamos algunas cosas al contrario de como lo quería Steve. Si fracasamos todos dirán que en vida nunca lo hubiera permitido y aumentaremos su gloria.

Ejecutivo 1. – Excelente. A ver… ¡Ya está! Aumentemos la pantalla del iPhone a 5 pulgadas y el iPad hagámoslo de 7.

Ejecutiva. – Pero el IPhone, se parecerá mucho a los enormes teléfonos de la competencia. ¿Eso no restará exclusividad?

Ejecutivo 1. – … Bien observado. Mmm. ¡Ya está! lo haremos más largo pero lo dejaremos igual de ancho. Todos dirán que tal cosa nunca se le hubiese ocurrido al Jefe. ¿Qué más?

Ejecutivo 2.- ¿Y si puteamos un poco al cliente? Mejor que hacer cambios arriesgados en nuestros productos estrella ¿No?

Ejecutivo 1. –  ¡Sí!, ¡Qué divertido! ¿Qué se os ocurre?

Ejecutivo 3. –  ¡Lo tengo! Cambiemos nuestro conector de 30 pines de toda la vida por uno diferente para que ningún accesorio sirva para las nuevas generaciones de productos. Cabrearemos a los que adquirieron hace poco accesorios pero los fabricantes nos adorarán.

Ejecutivo 1. – ¡Brillante! Además será un motivo imperioso para que la gente quiera comprar los nuevos productos. ¡Secretaria! Comunique al centro de diseño que desarrollen un nuevo conector. ¡Más!

Ejecutiva. – Lancemos cualquier nuevo producto con una pantalla normal y pasado un tiempo, digamos seis meses, saquémoslo con pantalla Retina. Pongámosles pantalla retina incluso al iPod Shuffle.

Ejecutivo 1. –  Ideal para iPad de 7”. Secretaria Especifique a los desarrolladores que diseñen un iPad más pequeño con pantalla normal y otro con pantalla Retina, para sacarlo medio año después del anterior.

Ejecutivo 2. – ¿Y sí… esto es fuerte? ¿Y sí sacamos ya el iPad 4? y descatalogamos el iPad 3…

Ejecutiva. – ¡Mola! el iPad 3 apenas si lleva seis meses en el mercado.

Ejecutivo 3. – Pero eso no es todo. Descatalogamos el iPad 3 pero.. ¡seguimos vendiendo el IPad 2!

Ejecutivo 1. –¡Qué cabrón! ¡Me gusta! ¡Hagámoslo! ¿Qué más?

Ejecutiva . –  Por qué no ponemos algún defectillo gracioso. Os acordáis cuando hicimos la broma de la antena del iPhone. ¡Qué risa!

Ejecutivo 1.- No me lo recuerdes, menudo rebote cogió el jefe. Pero eso ahora no haría gracia. Debemos buscar algo nuevo.

Ejecutiva. – ¿Que os parece que… las fotos del iPhone salgan coloreadas según le dé la luz.

Ejecutivo 2. –  ¡Rosa! qué las fotos salgan rosadas. ¡La monda!

Ejecutivo 1. –¡Juaaa! Secretaria, comunique a los diseñadores que queremos sensores para el iPhone, rosas. ¡Más!

Ejecutivo 3. – La nueva aplicación de mapas. Hagamos que ponga cosas como que Berlín está en el Polo Sur o que los puentes tengan curvas. Al fin y al cabo todo el mundo usa los mapas de Google; nadie se perderá pero ¡menudo cachondeo!

Ejecutivo 1.- ¡Fenomenal! ¡Vaya! es casi la hora. Por cierto se me olvidaba. La nueva versión de iTunes, ¿No es un poco complicada?

Ejecutivo 2. – La verdad es que la anterior versión era más fácil e intuitiva.

Ejecutivo 1. – ¡Va, qué se jodan! Secretaria, apunte la nueva versión de iTunes como una putada más!

Ejecutiva. – ¿No nos estaremos pasando?

Ejecutivo 1. – No hay de que preocuparse. Mientras mantengamos los precios escandalosamente altos y regalemos pegatinas de manzanas, todos los chalados del  mundo seguirán comprando lo que les echemos.

Ejecutiva. –  No sé, No sé. ¡En fin! Ya lo veremos.

Pesadilla en la Cocina (2)

Alberto Chicote

Como comenté en una entrada anterior voy a recopilar en este blog algunas de las anécdotas y experiencias más extravagantes de mis muchos años como técnico en ingeniería civil y delineante. Y nada supera en sorpresa y extravagancia a mis experiencias con la comunidad china de Barcelona de principios de siglo. En esta ocasión voy a contar un par de cosas de las que me pasaron en las cocinas de restaurantes chinos.

Algo que me llamó la atención es la poca gracia que les hacía a los chinos que entrase en sus cocinas. No sé si será por sus tradiciones atávicas o simplemente que no querían que viese lo que allí se cocía, el caso es que siempre tuve que pedir permiso para entrar en sus cocinas y siempre me lo dieron de muy mala gana. En una ocasión, el dueño del restaurante se negó tan en redondo a que entrara a medir en la cocina que tuvo que ser mi jefe quien pidiera permiso en persona. El dueño del restaurante accedió a regañadientes, no sin antes entrar el primero en la cocina para avisar de mi llegada a los cocineros, tras lo cual se me permitió el paso. Dentro había no menos de 12 personas todas vestidas de calle, cocinando y lavando platos. Tan pronto como puse un pie dentro, todos aquellos hombres se quedaron congelados, fijando su mirada en mí.

Cuando digo congelados lo digo literalmente. Uno de los chinos estaba a punto de asestar un golpe con un gran cuchillo a algún tipo de ave y cuando aparecí se quedo con el brazo en el aire, quieto. Los que fregaban mantuvieron los cacharros y estropajos en la misma posición en que estaban cuando entré. Ni que decir tiene que me puso nervioso tanto la reacción de aquellos hombres como sus ojos, única parte de sus cuerpos que se movían siguiéndome. Por suerte, la cocina no estaba afectada por la reforma que nos habían encargado de acceso a discapacitados, por lo que disparé el medidor laser dos veces para tomar el ancho y largo del recinto y salí de allí a escape.Escalímetro

Tan rápido escapé de allí que olvidé mi escalímetro. Era uno de esos formados por varias láminas flexibles cada una con una escala diferente y que se pliegan en una funda. Me lo había regalado un industrial y me encantaba porque tenía unas escalas fáciles de ver y una funda de imitación de piel muy chula; así que lamenté haberlo perdido. Cuando regresé al cabo de unos días al restaurante a que me firmaran los proyectos, alguien del personal me reconoció y me devolvió el escalímetro. Me sentí feliz de recuperarlo y lo metí en mi mochila.

No fue hasta el día siguiente, que  lo tomé para hacer unas medidas cuando comprobé, que las láminas presentaban señales inequívocas de mordiscos. La huella de una dentadura era patente en algunos bordes de plástico y en la funda. El instrumento ya no servía y lo arrojé a la basura con gesto de asco. ¡Alguien se había comido mi escalímetro! Sí era humano o roedor no lo sabré nunca.

Tras esta experiencia, traté siempre de personarme a tomar medidas cuando el servicio de cocina no estuviera en marcha y así siempre pude entrar a medir las cocinas con facilidad. Pero hubo una vez que no hizo falta y se me granjeó la entrada sin problemas a la cocina. Fue cuando tuve que acudir a un restaurante chino del centro de Barcelona a legalizar una chimenea.  El dueño del restaurante, con el cual tuve una larga e intensa relación ya que la empresa me encargó a posteriori la legalización de todos sus negocios, que no eran pocos; me dijo que mi jefe le había explicado por teléfono que yo debía hacer una foto del hueco por donde la chimenea salía al exterior. Debo decir, que aunque el propietario me habló en castellano, bueno eso creía él, no acabé de entender lo que me dijo por lo que cuando se puso un impermeable pensé que íbamos a salir a la calle, estaba lloviendo ese día, y me mostraría el hueco en cuestión.

Pero para mi sorpresa cogió una silla, la colocó al lado de los fogones en donde un extraño guiso se cocía en un gran puchero burbujeante. Ni corto ni perezoso se encaramó a la silla y tras un leve forcejeo extrajo una de las placas del falso techo. Fue entonces cuando comprendí por qué se había puesto el impermeable: al abrir el falso techo cayó sobre él toda clase de porquería acumulada durante años, escombro, alambres, pelusas y otras cosas que no puede identificar. El impermeable cumplió su misión evitando que su propietario sufriera algún daño por los resto que cayeron sobre él, los cuales se dispersaron por todas partes pero con especial querencia al interior del puchero donde el enigmático guiso seguía burbujeando. Nadie se inmutó, ni el propietario, ni su mujer, ni sus dos hijas pequeñas que se reían por la gracia que les hacía cada expresión de mi rostro. Naturalmente nunca supe que fue del puchero y su guiso pero lo tuve presente las dos o tres veces que el propietario me invitó a comer cuando le llevaba los papeles a firmar de los trámites que yo hice para él durante aquellos años.

Superado el episodio del puchero, el chino me señaló un hueco que supuestamente daba al patio donde desembocaba la chimenea. Ese hueco estaba a una altura total de 5 o 6 metros del pavimento y el chino me dijo mitad en castellano mitad en mímica que me subiera a una escalera que acababa de traer su esposa y que me colara por el hueco hasta el patio. La escalera no llegaba a más de dos metros así que le dije que era imposible. El chino me dijo que unos albañiles se habían subido a dicha escalera y luego habían trepado hasta el hueco y que por lo tanto yo también podía hacerlo. Ante la perspectiva de romperme la crisma le contesté que la razón por la que era imposible es que yo estaba muy gordo para caber por aquel hueco lo que provocó una estruendosa carcajada de sus dos niñitas.

Convencido el chino de que no iba a subirme a ninguna parte, salimos a la calle en busca de algún sitio donde poder tomar la foto que mi jefe me había pedido. Comprobé aliviado que detrás del restaurante había un parquin y mi alivio se transformó en gozo cuando supe que el dueño del aparcamiento comía en el chino y era colega de mi cliente. Este nos facilitó acceso al patio dichoso desde donde se podía tomar la fotografía. Sin embargo no fue tan fácil como creí en un principio:

Primero tuve que pasar por una angosto ventanuco situado a metro y medio del suelo, dejando patente que en realidad sí que estaba gordo para pasar por según que huecos. Luego tuve que atravesar por un pequeño patio vecinal anterior al que me dirigía y donde sufrí el ataque furibundo de un perro faldero al que asusté con mi presencia, tras el cual tuve que sortear la bronca de la dueña que me increpó por asustar a su perrito y por último me enfrenté a una escalera de mano de un par de metros que apenas si se sujetaba al muro y que cimbreaba peligrosamente por efecto de mi peso.

Una vez en el maldito patio, comprobé que mi buen amigo chino me había seguido y me señalaba estoicamente el lugar por donde salía su chimenea. Me dispuse a tomar la foto pero comprobé que no cabía en el encuadre y busqué un sitio más alejado para tirar la foto. El chino me señaló un tejadillo detrás de un pequeño muro y me dijo en su español peculiar que me subiera sin miedo que el tejado aguantaba. Le hice caso sin pensar, debido al agobio que llevaba encima y tan pronto puse un pie en dicho tejado este empezó a hundirse y si no llega a ser porque me había agarrado fuertemente al murete, ahora quién sabe en que puchero habría caído.

Tras mirar con mis más criminal mirada al chino tomé la foto como pude contorsionándome para conseguir que toda la chimenea quedara encuadrada. Cuando empecé a sentir que mis vertebras crujían logré el encuadre y me dispuse a tomar la foto, pero en ese momento me di cuenta que un gato muy gordo, se había echado sobre el arranque de la chimenea. Permanecí hecho un ovillo intentando espantar al gato con ridículos gritos, pero ni caso. Así que opté por tomar la maldita foto y salir de allí pitando. En aquella época no se estilaba el Photoshop, así que el proyecto de legalización de la chimenea llegó al ayuntamiento con unas magníficas fotos del tubo de chapa galvanizada , del sombrerete normalizado y de un gato perezoso y capón.

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Pesadilla en la cocina (1)

Autobombo.

Pesadilla en la cocina (1)

Gordon Ramsay

Buscando temas con enjundia para escribir me he topado con el programa de televisión llamado Pesadilla en la cocina, versión española del espacio homónimo presentado por el Chef Gordon Ramsay y del que confieso, no me he perdido ni un capítulo hasta la fecha. He caído en la cuenta de que yo tuve en mis tiempos mi propia pesadilla en la cocina ya que durante algunos años de los que trabajé como técnico en ingeniería civil, parte de mis tareas rutinarias consistían en legalizar todo tipo de establecimientos de comida rápida y restaurantes chinos. Como quiero que mi blog sea sobre todo, un testimonio de mi vida voy a contar alguna de estas anécdotas. Hoy explicaré por qué dejé de comer pizzas por encargo.

Una fría tarde de marzo me dirigí a levantar los planos de un restaurante perteneciente a una conocida franquicia de pizzas a domicilios, cuyo nombre evitaré, a pesar de que dejó hace tiempo de operar en España. El restaurante situado en una céntrica calle de Barcelona, era enorme. Comedor y cocina en planta baja y más comedor y el resto de dependencias en planta piso.

Antes de empezar a tomar medidas le pedí a la encargada que me comentase como se llamaba cada aparato y para que servía. La chica era de unos veintitantos, de baja estatura, y de una obesidad considerable. De hecho, todas las empleadas del establecimiento, yo conté tres, eran muy gordas. Me enteré más tarde que comían gratis todos los días en el restaurante y entre medida y medida pude ver como daban buena cuenta de tres pizzas familiares con extra de queso y una cola de 2 litros.

La encargada me explicó qué era un frigorífico y qué un congelador. Qué era un “Proofer”, a qué llamaban “Avión” y que el no sé qué, dejó de funcionar en el verano de 1998. Entre todas esas cosas también me contó en que consistía “La mesa fría”, un mueble de cocina donde en sendos contenedores de metal, están almacenados los diferentes ingredientes que conforman una pizza: champiñones, olivas negras, atún, etc. Estos ingredientes están ahí para que los que preparan la pizza los vayan colocando sobre la masa según el pedido y por eso están refrigerados, pero al aire.

Ejemplo de plano de restaurante

Después de mi periplo por la cocina con la encargada, empecé con las medidas que debido a la complejidad del recinto, me ocuparon el tiempo suficiente como para coincidir con la llegada de los primeros repartidores. Uno de ellos era un muchacho espigado con un rubio cabello rizado que entró en la cocina para recoger algo. Era evidente que le hacía tilín a la encargada. Esta, nada más lo vio llegar, empezó a pelar la pava con él. El muchacho no sé si le correspondía, pero le seguía el juego contestando a la charla melosa de su jefa. Yo seguí en lo mío pues quedaba mucho restaurante por medir y poco tiempo. La chica estaba tan ensimismada en su aproximación amorosa que perdió la noción del espacio y en un momento dado, se sentó sobre la mesa fría. No puedo describir lo que sentí cuando vi aquel trasero descomunal, que debido a la obesidad de la chica, tenía unas dimensiones tales que abarcó con sus posaderas gran parte de los recipientes que contenían los ingredientes que con tanto deleite ingerimos cuando pedimos una pizza. Por si fuera poco, cuando la mujer volvió a incorporarse, vi horrorizado como quedaban pegados a los pantalones trozos de piña y otros ingredientes que no pude identificar y en zonas de su trasero que no quiero mencionar.

Esta experiencia me costó que durante los años siguientes  no fuera capaz de comer pizza de esa ni de ninguna otra franquicia. Sólo el tiempo y el complacer a mi pareja consiguió que olvidara aquel trasero descomunal sobre el pepperoni.

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Pesadilla en la cocina (2)

Autobombo.

Autobombo.

He terminado los primeros planos del Castillo de Chulilla, cuyas medidas estuve tomando este pasado mes de octubre. Yo solo, armado con una cinta métrica he levantado este plano, bajo un sol abrasador, soportando el ataque de insectos y cayéndome por cuantos terraplenes me iba encontrando. No he tenido más ayuda que la fe inquebrantable es mí mismo, ya que mi demanda de información a las autoridades de la localidad no recibió más que silencio administrativo. He aquí el fruto de mi esfuerzo:

No pretendía hacer un proyecto arquitectónico sino más bien una representación aproximada como base para construir un modelo en 3D.

Ya sé que no pega con el tono general del blog, pero bueno, me siento orgulloso y lo publico, que para eso es mi blog.

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Pesadilla en la cocina (1)

Pesadilla en la cocina (2)

 

Resumen del año 2012

 

Sin-curro

2012, ha sido un año muy duro. Un año de crisis económica y de una involución política como nunca imaginé. Ha sido un año que he pasado en el paro, salvo las pocas semanas que he empleado en la redacción del libro sobre electrotecnia que me encargaron.

Durante este año he tenido tiempo para pensar y sobre todo en preocuparme, preocuparme muchísimo, aunque eso no es propio del 2012 ya que preocuparme es mi afición favorita. Me preocupa mi futuro, me preocupa la salud de mis padres, me preocupa la situación política y económica… en fin, me preocupa todo.

2012 ha sido también el año en que he roto definitivamente con Silvia, el único amor terrenal de mi vida. La sigo queriendo, por eso, creo que lo mejor que puedo hacer por ella es dejarla volar. Me duele, como ninguna otra herida me dolió jamás, pero como leí en alguna parte, la decisión más difícil para uno mismo, es la correcta.

Teniendo todo lo anterior en cuenta este debería ser uno de los peores años de mi vida pero no es así. Al contrario, siempre recordaré el 2012 como el año en que recuperé la vista. La operación que eliminó las cataratas corticales que hacía 28 años que padecía, y que ya nada me dejaban ver en los últimos meses, fue todo un éxito. La larga convalecencia y el elevado coste de las prótesis merecieron la pena. No sólo por que podré hacer cosas antes impensables, como sacarme el permiso de conducir o poder caminar por sitios oscuros sin riesgo de romperme la crisma tropezando con cosas, sino también por el efecto sicológico que ha supuesto, ya que viendo mejor el presente, no me parece tan oscuro el futuro.

Para el año que viene no tengo propósitos salvo el de que sea un año sin días en blanco. Quiero  volver a la lucha para obtener un nuevo empleo, para cuidar de mi familia o para lo que sea, pues con mis cristalinos de a 850€, mi asma al 90% de capacidad pulmonar y mi puente de zirconio; me siente más fuerte y capaz que nunca. 

En fin, a todos los amables lectores de este blog, que los hay, y en general a todo el mundo un feliz 2013.

Futbolistas pidiendo dinero.

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Hay pocas cosas que me irriten más que ver a multimillonarios futbolistas pidiéndome que done mi dinero a una causa humanitaria. Vale, tenemos que ayudar a los niños africanos, a las victimas de catástrofes naturales y a los dolientes afectados por tremenda enfermedad; pero ¡qué lo hagan ellos primero, demonios!. Seguro que si juntamos las primas percibidas por los jugadores que van a intervenir en un partido benéfico, en cualquiera de los torneos en que participan, suman más dinero que el que se pueda recaudar con la entrada del partido en cuestión.

¡Cómo me irrita que tal entrenador o cual delantero me pida dinero a mí que estoy en el paro, poniendo carita de pena en un anuncio. ¡Váyase a hacer puñetas! Aguante sin cambiarse el Ferrari un año más y dedique ese dinero a paliar las necesidades del tercer mundo. Destine una pequeña parte de los ingentes ingresos que obtiene anunciando colonia, a los niños pobres. Exija a esas compañías que se forran vendiendo ropa con su nombre a que donen un pequeño porcentaje a la caridad o sino, no dejará que usen su apellido para vender camisetas. En definitiva, dé usted el dinero, amigo futbolista o exija a quién lo tiene que lo done, pero a mí déjeme en paz, que ya bastante tengo con lo mío.