Archivo de la categoría: Naderias

You’re in he army now.

You're in the army now (1)

Hace poco alguien me preguntó qué si hice la mili. Yo tengo que contestar que no la hice, sin embargo, desde mi reclutamiento hasta que quedé exento del servicio, transcurrieron dos interminables años, por lo que en el fondo tengo la sensación de que sí hice el servicio militar. Como cualquier hombre que “oficialmente” no ha hecho la mili, he tenido que soportar que los demás me cuenten la suya, y siendo este mi blog, me dispongo a contar la mía.

Para empezar cuando tras mi prorroga por estudios tuve que presentarme en la caja de reclutamiento la canción número uno mundial era… en efecto: “You are in the army now” de Status Quo. La caja de reclutamiento estaba en el Portal del Àngel y allí me preguntaron si tenía alguna enfermedad o defecto físico y claro yo les mencioné que era asmático. ¡Para qué dije nada! Me expidieron para el cuartel del Bruch para someterme a revisión médica previa.

Llegué una calurosa tarde al cuartel con mi padre que me llevó en nuestro SEAT 124 con motor Perkins de segunda mano. Un policía militar me franqueo el acceso sin prestarme demasiada atención. Accedí a una gran sala donde cientos de jóvenes esperaban. Un tipo que se identificó como un sargento comentó a voz en grito que habría un poco de retraso ya que estaban acabando de informatizar el cuartel ¡Pues vaya, me tenía que tocar a mí! El ejercito no había evolucionado nada desde la guerra de cuba, me toca hacer la mili y deciden entrar en el siglo XX. La cosa no podía pintar peor. A los nervios de no saber que me esperaba y a la ansiedad por el anuncio de que estaríamos allí más tiempo del debido se sumaba la asfixiante calor producido por cientos de cuerpos de adolescentes asustados.

Pasado un tiempo que entonces creí una eternidad se nos dispuso en filas según orden alfabético. Hoy todavía recuerdo aquella fila como “La feria de los monstruos”: Chicos mutilados, deformes, obesos mórbidos, ciegos. Muchachos con soriasis, Algunos de más de dos metros, otros con pies planos y algunos enanos. Y entre ellos yo, un monstruo más. delante mío en la fila había un tipo extremadamente gordo y detrás mío un muchacho con traje y corbata de cuyo pecho salía un extraño tamborileo.

La cola iba muy despacio y cuando parecía que ya te quedaba poco, se oía a unos camilleros pidiendo paso para entrar con un muchacho en coma o imposibilitado ya que si no te presentabas, sí o sí, te podrían declarar desertor. No recuerdo bien pero fueron muchas las camillas y las sillas de ruedas que pasaron delante en la cola. Por fin le toco a gordinflón y tras un rato en el despacho del capitán médico salió dando grititos y saltos que hacían ondular sus mastodónticos michelines. El caso es que ya me tocaba a mí y pude entrar. Estaba tan nervioso que no recuerdo ni que cara tenía el médico que me preguntó:

– ¿Qué le pasa?

– … Uuuuuyyy yooo…esto… bbbrr… sssoy assmático..

– ¡Que qué le pasa!

– Soy asmático.- Pude decir con voz normal pero con un tono aflautado.

– ¿Y qué toma? – En seguida comprendí que era una pregunta excluyente. Sólo un verdadero asmático podía contestar correctamente.

– Theodur, Terbasmint y Pulmicort.

El médico me miró fijamente y me extendió un papel al tiempo que me dijo que me presentara el día que en él figuraba, en el Hospital Militar.

Regresé empapado de sudor donde mi padre me esperaba y volví a casa, muy desanimado. ¡El hospital militar! Es que como sí me hubieran enviado directamente a Beirut. Había oído tantas historias espeluznantes de aquel sitio. ¿Qué sería de mí? Eso lo dejo para el siguiente capítulo.

Por si no vuelvo.

Mi primer DNI 14 años

En esta entrada con título de bolero, quiero contar describiendo verbatim algunas anécdotas de mi vida que comento pocas veces porque no encajan en la mayoría de conversaciones y sinceramente porque son pequeños éxitos difíciles de contar para un hombre que como yo, se ha pasado la vida auto degradándose.

1 – Fui campeón escolar de ajedrez.

Pues sí. Gané el primer campeonato escolar del Liceu Ramón Llull que se celebró. Gané el título al vencer en la final a un compañero cuyo nombre omitiré pues hoy día es un conocido locutor y presentador de la radio y televisión catalanas.Vencí con tanta autoridad y holgura que casi me da vergüenza exhibir el trofeo que me dieron, que por cierto pesa una barbaridad.

2 – Quedé finalista de un concurso de belleza.

Esto no lo sabe casi nadie. Nunca lo cuento porque no es fácil de creer, pero siendo este mi blog y lo lee quien quiere, tendrán que fiarse de mi palabra. No, no fue un concurso en una fiesta del imserso para octogenarias con deficiencia visual, no. Fue el concurso de a ver quien era el más guapo de octavo de básica. Me ganó el pavisoso del Daniel Salvador, supongo que porque era más alto que yo y eso le dio más puntos. Ni que decir tiene que mi sorpresa fue mayúscula, pues, yo era de los pocos que no había participado de los jueguecitos sexuales de adolescentes que se vivían en aquellos tiempos. Nunca sobé a ninguna compañera ni siquiera a Elisabeth S. ni a Mónica R. que tenían fama de fáciles. Bueno no es cierto, una vez jugando al futbol con una pelota hecha de papel de aluminio y cinta americana tropecé y caí sobre Nuria D. Instintivamente mis manos se colocaron en posición de recibir el impacto del suelo, pero acabaron en sus ya por entonces descomunales pechos. Nuria D. además de pechugona era muy alta y corpulenta, pensé que me daría tal hostia con las manos como palas que tenía que hice lo posible por protegerme. Pero no pasó nada… bueno no es cierto, fue la primera vez que tocaba unos pechos a manos llenas y su consistencia me sorprendió. Yo creía que los pechos eran prominentes pero de igual dureza que la de los chicos. En fin yo era así, campeón de ajedrez pero un completo gilipollas.

3 – Gané el tercer premio del primer concurso nacional d’auques (aleluyas) de Catalunya.

Creo que ya lo he mencionado en este blog pero es lo más importante que he logrado públicamente junto al “retuiteo” que me hizo Susana Griso. Aunque el auca que hicimos mi compañero Carlos Abarca y yo (un chaval estupendo al que casi le saco un ojo… bueno esa es otra historia) se clasifico por los pelos en la final previa de mi instituto, logramos el tercer premio de toda Cataluña y recibí el premio de manos del Molt Honorable Jordi Pujol en una sencilla ceremonia en el Palau de La Generalitat. Por cierto, la directora de mi instituto era a la sazón la hermana de Don Miquel Roca i Junyent, sí el que defiende a la Infanta, y a pesar de que no estuvo de acuerdo con nuestra clasificación previa, luego se pavoneó de lo lindo entre sus amigos convergentes por tener alumnos que le habían ganado un premio.

4 – Dibujé el anuncio comercial del primer local de striptease masculino para señoras de Barcelona.

De jovencito intenté ganarme la vida como dibujante artístico pero no lo conseguí. Bueno sí, alcance la gloria artística pero la económica ni la olí. Uno de mis encargos más exitosos fue el cartel de un local de striptease masculino que se abrió cerca de Mercabarna. Ya había locales de striptease en el ambiente pero este era el primero dedicado a un público femenino. Cómo el local estaba cerca de principal mercado de abastos de Barcelona, dibujé a un tío musculoso con un enorme paquete del que colgaba un letrero que decía: “Ven al Mercado reina” que era un eslogan de una famosa campaña del Ayuntamiento. Me dieron 5.000 pesetas por el dibujo y me sentí el rey del mundo. Durante años vi ese dibujo mío en página de contactos de los periódicos por lo que creo que la agencia que me contrató le sacó un buen partido. Yo no vi un duro más.

5 – Trabajé para una escuela de árabe para niños palestinos.

Me contrataron para dibujar un calendario. El trabajo me llegó a través de una profesora mía de la FP. Se llamaba Rosa y era una mujer cuya belleza exuberante le daba numerosos dolores de cabeza. Algunos padres se habían quejado a la dirección del centro porque, según ellos, provocaba sexualmente a los alumnos. Incluso por aquellas fechas me contó que la suspendieron en la práctica del permiso de conducir como medida disciplinaria pues el ingeniero que la examinaba, se sintió seducido por mi profesora. Pero Rosa era una mujer encantadora con un gran corazón, que tenía un marido palestino, una familia y que había nacido con una belleza salvaje, pero nada más. El calendario consistió en un rostro cubierto con un pañuelo fedayin y una bandera palestina al fondo. Es curioso, los jovenes van a las manifestaciones pacifistas luciendo este tipo de pañuelos y no saben que es el equivalente al casco con el “Born to Kill” escrito que sale en La Chaqueta metálica. Me quedó muy bien pero metí la pata, encontré un ejemplo de bandera palestina con unas letras árabes que quedaban muy chulas y las copié, pero resultó que esas letras eran el emblema de Al Fatah, que era el partido contrario y archienemigo del que pertenecía el marido de Rosa. Bueno me di cuenta del gazapo a tiempo y lo corregí antes de ir a imprenta. De todas maneras a mí ya me iba la ironía y las ganas de hacerme notar y substituí mi apellido con el que siempre firmo mis dibujos,  por mi nombre: “David” que fue rey de Israel. No sé si fue mi contribución al entendimiento entre las diferentes culturas o un intento temprano de troleo.

6 – He sido lesbiana.

Para terminar explicaré una de mis más exóticas vivencias. Durante un par de años no tuve más relación social que mi amiga L. una lesbiana de 1,80 a la que venero y que me llevaba por el ambiente. Me gustaba ir con ella a lugares como la disco Aire, pues podía divertirme sin la presión de tener o querer ligar. Me lo pasé tan bien en aquella época, que incluso llegué a aprender a jugar al billar. De hecho llegué a jugar con hasta seis amigas o conocidas de L. entre las cuales la más femenina… era yo. Me enfrenté con todas y a todas gané. Fueron buenos tiempos y con poca gente me he sentido tan “uno más” como con aquellas mujeres.

Un día cualquiera.

Pensaba que todo un mes de agosto en Chulilla daría para muchas anécdotas y aventuras; pero no ha sido así. No he podido como pretendía hacer una serie de entradas que guardasen cierta coherencia. El intenso calor que está haciendo este verano, me ha mantenido más tiempo en casa de lo que habría deseado. Enfrento la última semana en el pueblo con la satisfacción de haber perdido algunos miligramos y haber adquirido algo de fondo para afrontar con seguridad mis soñadas caminatas por Manhattan.

Los días en Chulilla son más o menos como el de hoy. Duermo cual marmota hasta las 8:30 hora en la que el colchón de espuma de mi catre acaba por liquidar mi espalda haciendo que un dolor agudo me haga levantarme con gesto agónico. Desayuno frugalmente. Tostadas con aceite y café aguado. Decido emitiendo sonoros bostezos, sí me quedo viendo la tele o salgo a caminar. Elijo caminar pues está algo nublado y parece que las temperaturas no son tan altas.

Al salir de mi casa, el hijo pequeño del vecino me saluda y me dice que se llama “Pato Donald”. Yo le respondo que yo también me llamo “Pato Donald” creándole un gran desconcierto. Espero no haberlo traumatizado.

Encaro un camino que conduce al pueblo llamado “La Senda” porque se trata de una senda. La denominación de los lugares del pueblo destaca por su gran imaginación salvo en este caso. Recorrer La Senda es altamente satisfactorio por las impresionantes vistas que de los montes y los huertos hay. El problema es que debo de estar muy atento a no ser arrollado por los BMW que gastan los jóvenes de acelerador fácil, de por aquí, lo que hace que recrear mi vista sea harto complicado.

El tráfico me da un respiro y el paisaje me inspira pensamientos sobre mi vida y el futuro que me espera. Tengo tantos frentes abiertos y tan pocos recursos que mis reflexiones empiezan a deprimirme. Afortunadamente un paisano que conduce una “mula” me saluda y me aparta de mis agobios. Una mula es una especie de tractor en miniatura de dos ruedas, que se conduce como una carretilla. Conozco a un tipo que se atropelló a sí mismo con una de estas cosas.

Llego a la confluencia de La Senda con la carretera que da al pueblo. Numerosos niños vociferantes juegan por las diminutas aceras de la travesía. Uno de ellos se fija en la cámara fotográfica que he sacado de mi riñonera y me ofrece cambiármela por su moto. Yo rechazo la oferta porque mi cámara es estupenda y su moto no es más que un juguete a pedales.

He sacado la cámara para fotografiar un descapotable que parece un antiguo Alfa Romeo Spider, pero resulta ser un viejo SEAT 850 Sport y emocionado por el hallazgo lo acribillo a fotos. Un coche de hace más de 50 años, fabricado en Barcelona y que está impecable. La nostalgia ilumina mi alma pues cuando era niño, se podían ver algunos de estos por las carreteras.

SEAT 850 Sport

Paso por delante de la farmacia del pueblo donde a veces me peso. Me gusta esta farmacia pues tiene una de esas básculas que te dan además la estatura y que siempre me da un par centímetros más de lo que mido. Pero hoy no voy a pesarme, no estoy seguro de haber adelgazado suficiente y no quiero amargarme. El otro establecimiento importante que hay en la calle de Valencia, que es como se llama este trozo de travesía, es la droguería de Lolín, la cual ya no despacha en ella, creo, aunque su nombre sigue impreso en el sobrio rótulo que hay sobre la puerta.

Pocos metros después llego a la plaza de la Baronía donde decido tomarme un café en mi bar favorito. Nada más tomar asiento el dueño rápidamente me sirve una cerveza. Yo quería café, pero el camarero me ha servido tan diligentemente que no quiero desilusionarle y me bebo la cerveza sin rechistar.

La cerveza me ha entrado mejor de lo que esperaba y ligeramente achispado reinicio mi andadura. El alcohol me ha envalentonado y me siento tentado de ir al ayuntamiento y reclamar la documentación sobre el castillo que en octubre me prometió Paloma y que nunca llegó, pero el olor a pan recién hecho de la panadería me distrae y me hace desear comprar una bolsa de mantecados. Haciendo alarde de una voluntad de hierro, me abstengo de comer dulces pues más que nada deseo ir a Nueva York con unos niveles de papada y barriga aceptables, pues seguro que me haré numerosas auto fotos y quiero quedar todo lo bien que sea posible.

Satisfecho por mi heroica resistencia a la gula. Vuelvo a casa. Me cambio de ropa y miro los capítulos repetidos de “Empeños a lo bestia” y “La casa de empeños” que dan en el canal “Xplora” (tengo que escribir sobre este canal) a la espera de que mi madre me llame para comer. El menú de hoy consta de gazpacho y boquerones en vinagre, ágape muy andaluz para estar servido en Valencia, pero es que toda mi familia es de allí.

Con el estomago lleno ayudo a mi madre a recoger la mesa antes de iniciar una siesta que apenas dura, ya que mi cama sigue empeñada en reñir con mi espinazo. Así que decido caminar de nuevo esta vez hacia el Charco azul una de las maravillas del municipio y junto al castillo, su principal reclamo turístico. El Charco Azul se caracteriza por dos cosas:

  • No es un charco
  • No es azul.

En realidad, se trata de una antigua presa abandonada donde todavía queda embalsada una gran cantidad de agua impropia de un simple charco. Da la impresión más bien de ser un pequeño lago de aguas de un color verde ceniciento, rodeada de quebradas de distintas tonalidades de marrón y gris, por lo que el que hayan calificado de azul, esta joya paisajística es todo un misterio. Como misterioso es el ambiente del lugar ya que por la altura de las paredes de roca que lo delimitan, la luz llega muy atenuada y deja en una mística penumbra el lugar. Para llegar al Charco Azul, hay que recorrer casi dos kilómetros de valle repleto de huertos y plantaciones de naranjos por donde no logro dar diez pasos sin tropezar con algún guijarro o resbalar por algún fangal.

Aunque hoy he decidido ir en chándal para que, como era habitual en veranos anteriores, la gente no me tomara por el guardabosque, no he conseguido zafarme de algunos turistas que me interpelan con preguntas como: “¿Vamos bien por aquí al Charco azul? ¿Queda mucho para llegar al Charco azul? ¿Se puede llegar en coche al Charco azul? Yo intento complacer a todo el mundo con precisas indicaciones, pero creo que a veces la gente pregunta por preguntar pues me ponen cara de no fiarse un pelo de mí. Antes me tomaban por un agente forestal por llevar ropa de campaña y ahora por llevar chándal me toman por un yonqui.

A medio camino entre Chulilla y el Charco, nos encontramos primero con el Remanso de Las mulas y la Peña Judía, que son dos recodos del serpenteante Turia donde el agua se acumula formando unas pintorescas lagunas. En ambos el paisaje, con cascadas y todo, resulta conmovedor y puede practicarse la natación. Siempre he odio historias de que la gente se baña desnuda en el remanso de las Mulas, pero yo nunca he pillado a nadie. Mucho me temo que es una leyenda rural para atraer el turismo.

Llego al Charco azul, atravesando la misteriosa roca en forma de arco, que por efecto de la luz y del color de la montaña, parece estar iluminada por tenebrosas llamas. La otra alternativa, más corta, es atravesar el rio a lo bestia, pero pocas cosas me disgustan más que caminar con los pies mojados. Sí, ya sé que podría ir saltando por las piedras que sobresalen, pero desafortunadamente no dispongo de un sentido del equilibrio demasiado eficiente. Así que prefiero el sendero tras la flamígera roca más largo pero que me permite llegar completamente seco.

Después de contemplar un rato la sin par belleza del lugar y de dos señoritas, que en biquini, conversan ajenas a mi presencia, decido regresar a Chulilla no sin antes lanzar de reojo una última mirada furtiva a la chica que tiene las tetas más grandes. Creo que se han dado cuenta por la cara de perro que ha puesto la otra. Indiferente a que me hayan tomado por un baboso, regreso al pueblo tropezando y resbalando con los mismos guijarros y fangales del camino de ida, con la ilusión puesta en una cerveza.

Cansado y magullado. Llego a la Plaza de La Baronía y en mi bar predilecto, pido la bebida y me propongo a mí mismo un juego. Sí me ofrecen una tapa de cacahuetes gratis pediré una segunda cerveza, en caso contrario me conformaré con una sola. No hubo tapa así que tras beber ávidamente y estar un rato mirando al paisanaje que deambula por allí, regreso a mi casa a esperar la cena.

La cena siempre se sirve tarde en mi casa de Chulilla así que tengo tiempo de ver alguna película de las muchas que tenemos y que venían de regalo con la compra de periódicos. Hoy he visto “Swimming Pool” protagonizada por una envejecida Charlotte Rampling. ¡Un peliculón! Debo de estar haciéndome viejo, cada vez me gustan más las películas europeas y menos las norteamericanas.

Tras la película y como todavía es pronto, salgo al portal de mi casa y acaricio a una de las gatas de la zona que se acerca con la expectativa de comida, pero que se conforma con que le rasque el lomo. El niño que por la mañana me dijo que se llamaba “Pato Donald” me vuelve a saludar al tiempo que apunta hacia mis ojos con una linterna LED. ¡Qué simpático el jodido!

Mis padres regresan sobre las 22:30 así que cenamos sobre las 23:00, tras lo cual y sin más que hacer me tomo la medicación y a dormir, bueno, si mi colchón y mis dorsales deciden llevarse bien.

Hasta las narices de las operadoras telefónicas.

TortugaHasta las narices… quiero decir, hasta los cojones de Vodafone, Orange y sus puñeteras madres (Tengo servicios con ambas). Mira que me he prometido no usar un lenguaje soez en este blog pero es que estoy hasta los huevos. Antes que nada quiero hacer acto de contrición y declarar públicamente que soy un gilipollas, un majadero. ¿Cómo se me ocurrió contratar una tarifa plana de voz y datos? Para que me dieran un teléfono de rechupete. Pringarme de esta forma por un teléfono, muy chulo sí, pero que no sirve de nada con los precios y con la velocidad de las conexiones de las que disponemos en España.

Es como tener un coche deportivo que alcanza los 300 km/h en un país donde la velocidad máxima permitida es de 120. Lo haces sólo para aparentar. ¡Menudo imbécil soy!

Yo tengo Vodafone en mi celular, celular sí pues me niego a decir “esmartfon” como el insoportable Jesús Vázquez. “Este esmartfon para ti” Idos a la guano con vuestros “esmartfones” y vuestras “esmartivis”, cursis que sois unos cursis. ¡Eh, Vodafone! unos putos 500MB no sirven para una mierda. Yo no descargo vídeos ni veo series con mi teléfono, pero sí que consulto mis cuentas de correo profesionales y alguna vez leo la prensa y ya se me han gastado. Por si no lo saben, las webs están llenas de fotos y animaciones y los correos suelen llevar documentos adjuntos que pesan y 500MB dan para un rato nada más. Y luego tienen la poca vergüenza de anunciar líneas 4G con 3GB. ¡Su puta madre! 3GB a alta velocidad equivalen a mis tristes 500MB en la conexión medio rápida que gasto yo.

¡Y cómo intentan engañarnos! Ofrecen tarifas pequeñísimas para toda la vida, pero que al final y porque no te has leído la letra pequeña se convierten en una carísima condena. Además ahora ya no te dan los “esmartfones” te los financian” por diez euros más al mes. ¡10 euros más al mes, eso es una barbaridad! ¿Pero están locos o les nubla el cerebro la codicia? No, me temo que las operadoras están perfectamente cuerdas, somos los usuarios los que caemos en sus trampas porque queremos un celular con pedigrí, de esos de cámara de 12 megas y que permita jugar a Apalabrados, juego que por cierto debe su éxito a que puedes poner cualquier combinación de letras y te la da como palabra correcta, lo que permite que cualquier analfabeto funcional se sienta un académico de la lengua. (Yo he jugado a esta mierda y el día que se dio por buena a mi rival “Punchurrunchinrinchigin” lo desinstalé).

  • ¿Bueno pero aunque se te acaben los “megas” no tienes que pagar más, tienes tarifa plana?

Pues es eso, autoestima mía, lo que me toca los huevos porque cuando se me acaban los “megas”, la velocidad de navegación es algo superior a la de un modem de 56 kbs de principios de siglo y entonces estoy pagando una mierda a precio de jamón de jabugo. Porque lo único bueno de una tarifa plana es no arruinarte con la conexión a internet, que es la gracia de la telefonía moderna, puesto que en mi caso:

  • Pagar por 350 minutos gratis para hablar, que no gasto porque soy antipático y no tengo amigos, es un lujo que no puedo permitirme.
  • Pagar por esos mismos 350 minutos gratis que vuelan cuando son para uso profesional y acabas pagando el minuto a casi 30 céntimos, es un atraco.
  • Pagar por dos números VIP gratuitos, bueno esto mola, pero no tengo contactos que realmente me resulte ventajoso convertir en VIP.
  • Pagar por que te regalen MMS y SMS, que ya nadie usa en la era del “guasap”, es ridículo.
  • E insisto, pagar para tener una conexión decentemente rápida pero sólo si consumes una birria de menos de 500 “megas” para luego hacerte volver a límites de descarga de finales de los noventa, es un insulto y una tomadura de pelo.

Sí ya sé, lo de la velocidad tan reducida es porque estoy en el pueblo, pero sí Vodafone es capaz de darme toda la velocidad el tiempo que gasto los “megas” en un lugar tan recóndito como Chulilla, ¿por qué no puede aumentar dicha velocidad durante el resto del tiempo? No pido mucho, sólo lo imprescindible para no tardar en cargar la portada de “Menéame” cinco minutos.

Saben, no me parece mal la idea de que se les cobre más o se les reduzca la velocidad a esos que dicen en sus anuncios que no pueden esperar a ver su serie favorita, entiendo, aunque sea como escusa, que las infraestructuras de telecomunicaciones no den para tanto tráfico de datos, por eso ocúpense de esos mequetrefes que no pueden vivir sin ver un partido de futbol en su “esmartfone” como el tarado ese del anuncio” y déjenme a mí no tener que hacerme viejo para consultar la web de RENFE. Sé que esto es posible pero no lo hacen ¿Y por qué? porque son unos miserables, codiciosos y mangantes. ¡Malditos sean! Tienen la gallina de los huevos de oro y no son capaces de dar un servicio digno.

  • Siempre puedes contratar una tarifa plana ilimitada de voz y datos.

Sí, claro autoestima, a casi 80 “lauros” al mes o más. No están las cosas para pagar fortunitas mensuales, porque eso es lo que se paga a todos estos filibusteros a pesar de sus anuncios donde sonrientes famosillos dicen regalar teléfonos y minutos. Claro, sólo hablan de las inútiles tarifas más baratas, ya sé que si pago 80 € voy a tener una conexión de relumbrón, pero es que eso es de lógica y no necesito de Pablo Motos ni Jesús Vázquez me digan que voy a ahorrar. Si compro una mierda sea una mierda de conexión o una mierda de cualquier otra cosa ahorro, ¡nos han jodido! Por cierto, volviendo a Jesús Vázquez, no les da a sus amigos de los anuncios ganas de estrangularlo. Me imagino tener un amigo pelmazo que siempre me habla de facturas de teléfono y de que me pase a Jazztel, yo ya lo habría mandado a la mierda. Además, ¿Quién demonios enseña a sus amigos su factura de teléfono y menos a un amigo cursi y paliza?

  • ¡Oye David! Con las cosas tan graves que pasan en España y en el mundo, ¿no tienes cosas de más enjundia de las que escribir?

Tienes razón, autoestima, pero es que la conexión a internet la necesito, además de para entretenerme escribiendo este blog en las asfixiantes tardes de verano en la Serranía del Turia; para actualizar mi estado de demandante de empleo en el SEPE, mi deprimente cuenta de Infojobs, y mirar de tanto en tanto mi desértica cuenta de Badoo. Claro que también puede ser, tal como ya he comentado, porque soy un imbécil de marca mayor.

La mujer. Ese engendro.

Por experiencia sé que a las mujeres no les gusta que se generalice sobre ellas. Sí, ya sé, esto también es una generalización, pero es una generalización no mal encaminada. A los hombres en cambio, no nos importa que se generalice sobre nosotros. Todos queremos ser un hombre, portarnos como hombres. ¿Qué es ser un hombre? No se sabe, pero todos queremos serlo, así en general.

Pero las mujeres prefieren sentirse únicas, destacar sobre las demás. Por eso comprendo que busquen en la cosmética y en la ropa esa diferenciación y que por tanto, haya toda una industria dedicada a tal fin que a su vez, necesite publicitar sus productos en los medios, pero creo que la cosa se ha desmadrado y la imagen que de la mujer ofrecen los anuncios actuales está absolutamente distorsionada.

Si me fijo los productos que se ofrecen en los anuncios de televisión, por ejemplo, las mujeres, de cualquier edad, parecen engendros con piel llena de arrugas, manchas, estrías y callosidades. Que apestan a todos con su halitosis y sudor por estrés. Que cuando no tienen hongos en las uñas padecen un estreñimiento casi crónico. ¡Pero sí incluso, me quieren hacer creer que se les cae el pelo! Yo en los 44 años que llevo en este planeta, sólo he visto dos mujeres con alopecia y eran dos venerables ancianas con algún problema en la piel.

Y qué decir de su aparato genito-urinario. La publicidad me lo presenta como un fétido pozo de candidiasis, que pica, rezuma y hiede. En los anuncios las mujeres aparecen como rehabilitándose de su menstruación. Deben de afrontarla como si de una amputación se tratara; enseñando a tontos del culo como se pone un tampón o bailando alegres como terapia para olvidar su maldición mensual. Yo sé que los genitales de los tíos también pueden ser tan sucios y malolientes como un palo de gallinero. Que también pican, escuecen y gotean pero no me lo están recordando continuamente en los anuncios.

Los hombres podemos tener barrigas porcinas y espaldas simiescas. También tenemos arrugas, estrías y callos. Disponemos de alientos cáusticos y sobacos tenebrosos. Tenemos estreñimiento y somos víctimas de los mismos hongos y bacterias que las mujeres, pero siempre en los anuncios son ellas las que aparecen padeciendo estas calamidades. Sí, hay anuncios recordándonos la inminencia de la calvicie y últimamente hay intentos tímidos de hacer creer que los hombres podemos tener la piel sensible y se nos ofrecen potingues para suavizar nuestras caritas después de afeitarnos con cuchillas delicadísimas, pero salvo en estos caso, apenas si hay anuncios que nos recuerden que podemos y solemos ser muy asquerosos.

Me pregunto cómo pueden las mujeres soportar ese castigo. Tal vez están en un nivel superior de inteligencia y no prestan atención a las maldades de la publicidad moderna. O quizás aceptan resignadas este “burka” mediático impuesto por los hombres, o por la sociedad, o por… no sé, estoy generalizando y no debo, por eso aunque admito que hay mujeres horrorosas, descuidadas y mezquinas; creo que la mujer promedio, aunque está de rechupete, con sus maquillajes, perfumes y vestimentas, viene muy bien acabada de fábrica y que la publicidad es exagerada e injusta.

Muerte de Álvaro.

Álvaro Bultó se ha matado. Álvaro Bultó se ha matado haciendo wingfly una especie de paracaidismo extremo. Álvaro Bultó era un tipo atractivo de esos que les gusta a las mujeres, a mi ex pareja por ejemplo que se le caía la baba mirando su rubia melena y su porte de atleta. Qué imagen daba mezcla de humildad y poderío en sus programas de televisión. Lo mismo subía a una montaña helada que atravesaba un desierto árido, le daba igual, el podía con todo y además, le quedaban fuerzas para explicárselo a sus admiradoras.

Tal como sucede en estas ocasiones no han sido pocos los programas de televisión que han comentado la noticia y han loado su figura y su persona; lo de siempre: qué si era un buen compañero, que sí todo el mundo le quería, que qué pena que se haya muerto tan joven, que amaba la vida y tenía ganas de vivir… un momento, ¿cómo que amaba la vida? ¿Cómo que tenía ganas de vivir? Por ahí no paso.

Álvaro Bultó tuvo la dicha de tener una vida fácil gracias al dinero de su familia. Todo lo que se obtiene fácilmente no se valora, bien sea dinero, prestigio, belleza o incluso la propia existencia. Sí Álvaro de verdad amaba su vida tenía ante todo, que haberla preservado. La gente que como él se tiran de puentes o escalan acantilados aman la adrenalina, pero no la vida. Hay tantas cosas que se pueden hacer con los posibles que tenía Don Álvaro que resulta deprimente que escogiera dedicar su existencia a afrontar riesgos tremendos sólo por el placer de unos segundos de euforia.

Yo no puedo dar lecciones de vitalidad, lo sé, pero yo estoy vivo y Álvaro Bultó no, porque yo amo la vida, puede que la vida no me ame a mí, pero yo a ella sí, además, yo sí que afronto grandes desafíos. Los hombrecitos como yo, sabemos que es la dureza y la aventura. Duro es levantarse cada día a las seis de la mañana para ir a trabajar a una oficina llena de pelotas y no enloquecer con los años y aventura es ser un cuarentón en el y paro no saber que te espera en los próximos meses. Yo he vivido y estoy viviendo esos desafíos por lo que considero que pijos disfrazados de ardillas voladoras se tiren de barrancos, es algo infantil por lo fácil y por lo irresponsable. Claro que Bultó fue novio de una Infanta y eso es algo de lo que yo no sería capaz, lo reconozco.

Han dicho en las tertulias televisivas Álvaro Bultó debió morir feliz pues estaba haciendo lo que le gustaba. Yo también hago lo que me gusta y sigo vivo porque me divierto con cosas como: escribir en internet, caminar por el pueblo y dar de comer a las gatas callejeras, cosas sencillas y sin riesgos, no como las tonterías aéreas que han llevado a Álvaro Bultó a una muerte de la que ni el león ese que le protegía en los anuncios, le ha podido librar… ¡ah no! Creo que el del león es un tal Calleja. ¿Puede que fuera este el que le gustaba a mi ex? No sé, a mí todos estos “amantes de la vida” me parecen iguales.

Publicidad absurda (6)

No es agradable hacer nada al aire libre en este tórrido agosto de 2013. El calor sofocante de Chulilla me invita a permanecer en mi cuarto con mi, voluntarioso pero no demasiado efectivo ventilador, viendo la tele. Tengo, por lo tanto muchas ocasiones de ver anuncios que me llaman la atención entre los cuales he elegido los dos siguientes:

Belleza mediterránea.

Una bella muchacha desciende de un autobús al llegar a lo que parece un encantado pueblecito de la costa mediterránea francesa.

Allí es recibida por una anciana que le da la bienvenida y le espeta en un francés engolado algo parecido a: “¡Qué guapa estás!, veo que has seguido mis consejos de belleza”. Al parecer la anciana dispone no sólo de secretos de belleza sino que además son secretos de belleza mediterráneos. Este anuncio me llama la atención por varios motivos:

No sé qué parentesco tiene la anciana con la chica pero resulta de lo más arrogante porque en vez del típico: ¿Cómo está tu familia? O ¿Has tenido buen viaje? La anciana le suelta lo de los consejos de belleza atribuyéndose todo el mérito de lo bien que luce la chica. ¡Menuda estúpida presuntuosa!

Además, ¿qué demonios son los secretos de belleza mediterráneos? Yo soy un tío mediterráneo y he vivido toda mi vida en el mediterráneo y nunca he oído rumores sobre secretos de belleza. Ninguna de las mujeres con las que he intimado me ha dado pista alguna sobre dichos secretos de belleza. Claro que siendo secretos se entiende pero ni tan sólo un: “He oído que untándome con arcilla blanca me brilla más el pelo o algo así” Los Estados Unidos no han podido mantener en secreto sus actos de espionaje pero las ancianas mediterráneas mantienen bajo siete llaves sus potingues cosméticos… bueno hasta ahora, porque la compañía del anuncio ya los ha descubierto y comercializado. Habrá sido Wikileaks, seguro.

Luego está la eficacia de dichos secretos porque a la venerable anciana le han servido de poco porque está de lo más pelleja y demacrada. Parece ser que el aceite de argán y la leche de almendras son tan beneficiosos a largo plazo para la piel como el aguarrás.

Asco y nausea.

Detesto el futbol como espectáculo, por eso, algunos de los anuncios que proliferan en estas fechas ofreciendo servicios de pago para ver futbol televisado, pueden ponerme de muy mal humor; y este año han conseguido no sólo enfadarme sino casi hacerme vomitar. Resulta que una importante operadora telefónica nos ofrece sus servicios a través de un sujeto, protagonista del anuncio, que no sólo confiesa que dedica muchas horas de ocio a ver futbol, sino que incluso reconoce que mira partidos durante el trabajo. Luego de exponernos su miserable existencia sale vestido con camiseta de su equipo sujetando un balón y diciendo: “Sí, yo soy de futbol” como si eso le diera patente de corso para comportarse como un imbécil carente de responsabilidad.

Yo que estoy sufriendo los estragos del desempleo, que tengo trabajos ocasionales y que no veo futuro en un país con 6 millones de desempleados, encuentro nauseabundo que me intenten vender como algo simpático, que un holgazán esté mirando un partido de futbol en su celular durante una importante reunión profesional. Este tipo no es simpático, es un tarado y un indolente mequetrefe que debería ser despedido fulminantemente, para dejar su puesto de trabajo a alguien que realmente quiera acometerlo con profesionalidad.

Que una compañía multinacional que ofrece condiciones de trabajo precarias a miles de tele operadores y que ha despedido a cientos de trabajadores durante los últimos años para cuadrar sus balances, acepte en su publicidad que aparezca un empleado tan negligente e irresponsable como ejemplo del cliente ideal, es deprimente.