Vacunas, monjas y efectos secundarios.

En Cataluña ha muerto un niño por causa de la difteria. El niño natural de Olot situada en La Garrotxa, una zona volcánica de las más bellas de mi tierra, ha muerto por una enfermedad erradicada hacía más de 30 años gracias a las vacunas que no se le administraron a su tiempo por voluntad de sus padres.

Pero al niño no lo han matado sus padres. Ningunos padres juegan con la vida de sus hijos. Ellos pensaban que lo mejor para el niño era no vacunarlo porque así se lo recomendaron los cómplices de la difteria y corresponsables de la desgracia: los antivacunas. Esta gente que reniegan del progreso y abominan de la medicina oficial y las farmacéuticas, porque dicen, son entidades malignas que inventan enfermedades o retrasan las curas con el fin de lucrarse, sin explicar, eso sí, que algunas de las terapias alternativas que intentan popularizar como la homeopatía, también están en manos de multinacionales e incluso monopolios como Boiron y  que venden sus remedios a precio de oro.

Gente como la monja Forcades, una religiosa que es licenciada en medicina, ¡ojo! no doctora, y que ahora pretende ser nada más y nada menos que la Ada Colau de presidencia de la Generalitat. No quiero aceptar, de verdad me niego aceptar que esta monja es médico, porque si se tratara sólo de una sor de las que hacen dulces que se ha metido a charlatana de la Nueva Era se le podría acusar de negligente, pero si de verdad es licenciada en medicina, entonces la cosa cambia de negligente a algo mucho peor. Entiendo que un médico quiera ganar dinero recetando reiki o acupuntura, que al fin y al cabo son tonterías, complementado los tratamientos farmacéuticos, pero no creo que ningún galeno de verdad juegue con la vida de sus pacientes negando la eficacia y la necesidad de la vacunación.

Las vacunas presentan multitud de efectos secundarios pero ninguno tan grave como los que producen la ralea  “conspiranoica” y “quimiofóbica” que lamentablemente está envenenando las aguas ideológicas de izquierdas. Además son efectos secundarios insignificantes al lado del milagro científico de evitar a las nuevas generaciones el no poder mover sus miembros por la poliomielitis, quedar desfigurados por la viruela o intelectualmente incapaces por la meningitis.

El riesgo de no vacunar a los hijos se aprecia pensando en un hecho reciente: una enfermera pudo ser curada por eminentes médicos con todos los medios disponibles, de una enfermedad terrorífica llamada ébola  para la que no existe vacuna y que mata a miles de personas anualmente ¿les suena? Pero otros médicos tan eminentes y con los mismos medios que los anteriores no han podido salvar a un niño de la difteria, puestos a comparar ¿cuál de las dos enfermedades da más miedo en el contexto europeo?

Otro ejemplo. Tanto Steve Jobs esto tanto Steve Jobs lo otro y el creador de Apple y de Pixar, se dejó morir de un cancer de páncreas, de los pocos curables con cirugía, tal como explica él mismo en su famoso discurso en Stanford, por no creer en la medicina oficial y negarse a operarse. Triste final para un hombre tan grande. Es por ello que no culpo a los padres del niño fallecido, si la horda antimedicina pudo convencer a un genio como Jobs ¿por qué no iban a convencer a un matrimonio catalán bien intencionado?

Yo soy enfermo crónico. tengo un asma brutal del que quiero hablar largo y tendido en este blog, pero no soy un discapacitado y la frontera entre la enfermedad congénita y la invalidez está delimitada por la medicina oficial. Mi vida ha sido un efecto secundario. La cortisona que me administraron para combatir el bronco espasmo agudizó mis cataratas congénitas, cataratas que fueron operadas gracias a esa medicina oficial y ahora además de vista de lince, respiro como un chaval de 20 años. La Sertralina que tomé cuando la depresión me convirtió en un muerto viviente, me produjo faringitis, pesadillas, agitación, nerviosismo, libido disminuida, mareo, somnolencia, cefalea, temblor, alteración de la atención, alteraciones visuales, acúfenos, diarrea, boca seca y flatulencia; pero ahora tengo más ganas de vivir que nunca, algún altibajo hay, pero la química de mi cerebro está ordenada y eso hace que ame la vida y los efectos secundarios fueron desapareciendo… bueno, alguno queda.

Sí química cerebral, química, esa palabra actualmente denostada con fines publicitarios. Cómo decía mi catedrático de fisico-química en la escuela de ingenieros: la química es todo. Es la base de las demás ciencias aplicadas: La medicina, la ingeniería… no hay proceso industrial que no dependa de algún procedimiento químico. El agua más pura del más cristalino manantial y el aire más limpio de la montaña más inaccesible son los productos químicos por antonomasia.

Sin la química no habría contaminación de los ríos, los mares ni los cielos, es cierto, pero eso es más por falta de escrúpulos comerciales, que por exceso de química, pero tenemos papel, jabón, ropa de nylon y juguetes de colores no tóxicos. Hacemos química cuando preparamos mayonesa, hervimos huevos o nos servimos una taza de café.  Pero sobre todo tenemos medicinas que calman nuestros dolores de cabeza, de muelas y articulaciones. Tenemos anestesia sin la que la cirugía continuaría siendo el suplicio que era hace siglos y tenemos el doble de esperanza de vida que nuestros antepasados.

Pero la química ahora es mala y lo que mola son los remedios naturales. De acuerdo, la manzanilla y la valeriana sientan bien pero no son más naturales que el arsénico, la cicuta o las amanitas muscarias, todo ello mortal y se ingiere. Hay muy pocas cosas en la industria que no sean naturales, pero a algunos de sus productos se les denomina despectivamente “químicos” olvidando que el petroleo, al azufre o el mismo uranio se obtienen de la tierra al igual que el trigo, el maíz o la aloe vera.

Para acabar usaré uno de los mismos argumentos de los antivacunas y demás charlatanes, si la homeopatía, la aromaterápia, o medicina “cuantica” funcionasen ya se habrían apropiado de ellas las grandes y avariciosas farmacéuticas como Bayer, GlaxoSmithKline o  Pfizer, y es que como dice el gran cómico británico Tim Minchin: “La medicina alternativa que funciona se llama… medicina”

Un murciélago en mi servidor.

Los ordenadores se me dan bien. Se me da bien su reparación y mantenimiento sobre todo. Hubo un tiempo que incluso mi sola presencia hacía que empezasen a funcionar como es debido. Una compañera de trabajo agobiada por la lentitud de su computador me llamaba para ver si podía ayudarla y ¡zas! era aparecer y el ordenador funcionaba como si fuese nuevo. Sólo hay una cosa que se me da igual de bien que los ordenadores: las mujeres. Siempre me ha sido fácil conectar con ellas y comprenderlas, con la única diferencia de que he sacado más provecho sexual de los primeros que de las segundas pero por lo demás, éxito total.

Todos mis jefes se han dado cuenta de esta característica mía y siempre he tenido algo que ver con el departamento de informática allí donde he prestado mis servicios. Además poseo la llave del corazón de cualquier director de departamento: Microsoft Excel. Sí, porque yo no me limito a poner datos en tablas con colores y negritas que suman y ya está, no, yo a base de informes de tabla dinámicas, gráficos interactivos y macros en VBA convierto la hoja contable más fría en un espectáculo de magia e ilusión.

A los ordenadores les he hecho de todo: los he montado desde cero pieza a pieza, los he programado en los heroicos días de BASIC y Turbo Pascal, les he ampliado la memoria, substituido la fuente de alimentación, instalado Windows Milennium (ahí es nada), también linux Suse y Ubuntu. Los he conectado a Internet de todas las formas posibles y he formado pequeñas redes de área local. Incluso, los he desmontado y destruido para protección de datos. Pero lo que no había hecho hasta ahora era lo que he tenido que hacer hoy: extraer el cadáver de un murciélago de entre el cableado de los “switches“. Sí, como lo leen un murciélago de dimensiones modestas, pero murciélago al fin. Mi jefe me ha pedido que comprobase algo en un servidor cuando he visto la terrible escena de muerte entre el parpadeo de las lucecitas de los concentradores.

¿Cómo llego hasta allí el quiróptero? Al parecer entró por una grieta del forjado superior del sector del almacén donde se haya instalado el rack que contiene el cableado del mencionado servidor. ¿Por qué entró dentro del entramado electrónico? Es un misterio zoológico. Espero que alguien me lo aclare.

Naturalmente han saltado todas las alarmas y las eficientes medidas de seguridad e higiene en el trabajo de mi actual empresa han funcionado a las mil maravillas mientras yo, pertrechado con guantes y mascarilla he sacado con precisión quirúrgica el cadáver del animalito cuyas alas atrapadas entre los pares trenzados no apantallados dificultaban considerablemente mi labor, pero lo que conseguido sin que ninguna RJ45 se desconectase, provocando errores informáticos de imprevisibles consecuencias.

No había indicios de putrefacción y a juzgar por el rigor mortis ya presente, imagino que el animal murió la pasada noche o tal vez anteayer.  Una vez extraída la carroña y entregada a las autoridades competentes, uno de mis compañeros ha procedido a tapar la grieta en el techo con espuma expansible, lo que evitará nuevas intrusiones hasta que un albañil pueda arreglar el desperfecto.

Sudoroso y con la pinta de un soldado de la primera guerra mundial, expectante ante un ataque de gas, he recibido el aplauso de los compañeros y la felicitación de mi jefe. ¡Gran día! Aunque no ha habido riesgo de contaminación biológica para el conjunto de la fuerza laboral de mi empresa, yo he estado muy cerca del bicho y he leído por ahí que los murciélagos transmiten horribles enfermedades por inhalación como la histoplasmosis pulmonar aguda y con lo aprensivo que soy yo, espero poder acabar esta entrada. Es más, creo que empiezo a notar algunos síntomas: dolor torácico, escalofrío, dolores y rigidez muscular, fiebr…

Ahora que soy tío.

El pasado día 15 de junio de 2015 una gran mujer y un gran hombre de Barcelona comparecían ante una jueza, en la ciudad rusa de Chitá, que debía decidir si les concedía la adopción de un niño oriundo. La ciudad de Chitá está en Siberia, cerca de la frontera con Mongolia y se dice que allí nació Gengis Kan. Hasta ese confín del mundo esa gran mujer y ese gran hombre han llegado con tal de cumplir su anhelo de tener un hijo.

Durante la audiencia, la jueza, disciplinada funcionaria de una administración que todavía tiene la impronta soviética, sometió a esa mujer y ese hombre a un férreo interrogatorio que ambos superaron no sin dificultad. Una de las preguntas debió estar relacionada con cómo sería la adaptación del niño al idioma de los futuros padres. El gran hombre de Barcelona se alzó y le contestó lo siguiente:

  • Creo que no tendremos dificultades con la lengua. Durante los encuentros con el niño no hubo problemas. Jugamos, cantamos y bailamos. Realmente lo queremos y deseamos profundamente que sea feliz.

No dejaría de ser la esperada respuesta sensiblera para agradar a la autoridad sino fuera por ese gran hombre de Barcelona la dijo en ruso. En un ruso tan inteligible que al parecer dejó con la boca abierta a todos los presentes. No sé si ese hombre sabía de antemano que le harían esa pregunta o lo intuyó, el caso es que al contestar en la lengua de Dostoyevski, dejó bien claro que la transición al castellano y al catalán de la criatura será cómoda y sin traumas ya que tendrá el puente del ruso que ambos futuros padres han aprendido para ello.

Sé además, aunque yo no estaba presente, que ese hombre pronunció su pequeño discurso sin altanería ni arrogancia, sospecho incluso que lo hizo con humildad y cierta picardía. Y lo sé porque lo conozco hace 42 años pues ese gran hombre, es mi hermano menor Oscar, la gran mujer es mi cuñada Núria y el niño es mi, ya sobrino, Kirill. Ahora que soy tío, sin embargo, no voy hablar de este último, su historia está por escribir, sino que quiero aprovechar la oportunidad para hablar de mi hermano.

Mi hermano es el hombre más brillante que conozco. Su voluntad y determinación le han llevado a superar cualquier obstáculo fácilmente. Fue un niño obeso que acabó convertido atleta capaz de correr carreras urbanas, es el primer titulado universitario superior de toda mi familia, habla varios idiomas aparte del ruso que ha aprendido en pocos meses, y encuentra tiempo para un sin fin de actividades desde practicar kárate, pasear a su preciosa golden retriever o seguir formándose leyendo y asistiendo a cursos.  Es por eso que la opinión de mi hermano es la única que me interesa y no dudo en consultarle cuando mi vida zozobra que es más a menudo de lo que debería ser. Además es el principal corrector de este blog, avisándome de faltas de ortografía o de temas mal planteados, a veces en plan troll, pero siempre con certeza.

Él hace años me sacó del agujero de la depresión y me llevó a París, sin ese impulso nunca hubiese podido hacer los viajes que después emprendí y que me dotaron de la autoestima necesaria para acometer mi única y tumultuosa vida en pareja. También en una segunda vez en que había tirado la toalla, me sacó del pozo con otro viaje, esta vez a Nueva York. En esta ocasión, la autoestima recuperada me ha servido para encontrar en nuevo empleo.

Oscar me ha dado muchas cosas incluyendo a la mejor de las cuñadas que se pueda desear. Una mujer brillante y generosa que, sin duda, será la mejor de las madres. Nadie como ella para asumir el colosal reto de criar en Barcelona a un niño que ha pasado toda su existencia en un orfanato siberiano. Un niño que es el último regalo de mi hermano, convirtiéndolo en mi sobrino y dándome un nuevo impulso para cuidarme y trabajar para poder ofrecer a Kirill todo lo que en mi calidad de tío me corresponda darle.

Mi hermano es un hombre grande, fuerte, pero sensible, tanto que le he visto llorar por mí al verme entubado en una cama de hospital donde mi asma se empeña en llevarme de vez en vez. Una muestra de lo mucho que me quiere, pese a lo cual yo no siempre me porté bien con él. Bueno yo no siempre me he portado bien con la gente, ni siquiera con mis padres, pero junto con ellos, es mi hermano por el único que siento tales remordimientos que se me han convertido en llaga que sangra, supura y nunca cicatriza. Sé que el me perdonó porque conoce cuantas taras físicas y psicológicas padezco, pero yo las conozco mejor y jamás me servirán de excusa para perdonarme a mí mismo.

Quizás las cosas deberían haber sido al revés: el hermano mayor debería haber guiado y protegido al menor pero no fue así. y me veo a veces como un Fredo Corleone cualquiera. Aunque en ocasiones me puede el orgullo y pienso que mi hermano lo tuvo fácil para llegar donde está: sólo tuvo que hacer lo contrario que hice yo. Pero sinceramente, a mi hermano no le ha hecho falta seguir los pasos de nadie, todo lo a conseguido el solo y ahora, con el apoyo mutuo de Núria, será un padre maravilloso.

Os quiero Núria, Kirill.

Te quiero Oscar.

Mi hermano Oscar (de negro y gris) y yo. Hacia 1976.
Mi hermano Oscar (de negro y gris) y yo. Hacia 1976.

Cosas de hombres.

La anécdota.

Regresé tarde Montmeló. Hacía calor en Barcelona y tenía mucha sed. Entré en un restaurante de una conocida franquicia de comida rápida cercano a mi casa. Desde que cerraron la cafetería del Hipercor ya no sé adónde ir a tomar algo frío y aquí me servirían rápido una ingente cantidad de refresco sin azúcar.

Sólo había una chica pidiendo en el mostrador. El comedor estaba vacío. Quizás por eso la muchacha se permitía gritar a pleno pulmón que era alérgica a la salsa barbacoa. Vestía una torera tejana ribeteada con corazones rosados. Debajo un ajustado vestido de rayas blancas y azules a juego con sus zapatos, delineaba su cuerpo robusto pero muy bien formado. De repente se giró. Su cara era ancha y pálida, sus ojos grandes y verdes parecían dos uvas flotando en un plato de ajoblanco. No era fea, pero su actitud y vocabulario poligoneros me causaban rechazo.

Para mi sorpresa se acercó a mí y me comentó con su voz de carretero:

  • Usted que es un hombre ¿Puede ayudarme?

Voy a hacer un alto en la anécdota.

Nada me irrita más que una desconocida o una conocida con poca relación afectiva como una compañera de trabajo o la amiga de la amiga de una amiga; me pida ayuda por ser hombre. Cuando una mujer te pide ayuda de “hombre” acabas sudado, sucio o con cara de panoli o todo ello a la vez. No me gusta hacer cosas de hombres. Cuando eres joven te crees en la obligación de ir por ahí demostrando lo macho que eres, pero a mi edad ya lo tengo todo demostrado y me saca de quicio. A veces no lo puedo evitar por no tener claro dónde está la línea que separa mi libertad de la mala educación. Naturalmente no incluyo en la categoría de “mujeres desconocidas” a las ancianas o a quien esté impedida de alguna forma. A veces no me queda más remedio por motivos prácticos como en el caso que ya expliqué de la chica de las uñas verdes en el tren, pero reconozco que no me gusta un pelo hacer de hombre para cualquiera que puede pedirte cosas como:

  • Ayudar a cargar con pesos con el pretexto más peregrino.
  • Ayudar a cargar con pesos en escaleras con preferencia a los cochecitos de niños. (De niños de otros).
  • Abrir tarros, envases o cajas argumentando falta de fuerza o manicura frágil. (Típico de compañera de trabajo).
  • Arreglar cosas que impliquen el uso de herramientas herrumbrosas. (También habitual en el trabajo).
  • Cambiar ruedas de automóvil. (Yo que ni siquiera tengo permiso de conducir lo hice en cierta ocasión).
  • Acompañarlas por sitios oscuros o solitarios como si todos los tíos fuéramos Harry el Sucio.

En fin, hay más pero creo que queda claro a qué me refiero. Sé que puedo parecer antipático, pero son cosas que cuestan y cansan, por ello me gusta reservarlas para esa mujer especial que quiera estar conmigo, que me aprecie y tolere mis defectos. Esa mujer especial tendrá todo lo que quiera de mí en cuestión de fuerza bruta y disponibilidad a ensuciarme porque además sé que me retornará centuplicado cuanto haga por ella. Sin embargo, muchas mujeres se arrogan el derecho de pedirte sin ningún pudor tus cosas de hombre sólo por el hecho de ser mujeres. ¡Qué llamen a su novio o a su padre, no te digo!

Sigo con la anécdota (No es una gran anécdota pero sirve de excusa para explicar lo dicho anteriormente, puede dejar de leer aquí si quiere).

Atemorizado le comento a la chica alérgica a la salsa barbacoa:

  • ¿Por qué cree que mi condición de hombre me capacita más para ayudarla que la amable dependienta andina que sirve los pedidos?

La chica me mira con picardía mientras me muestra unos papelitos que parecen a todas luces boletos de lotería.

  • Es que estoy buscando donde se mira si ha tocado esto que es como de deportes y esas cosas que son de hombres (sic).

Un segundo vistazo me permitió saber que se trataba de boletos de apuestas deportivas de unos conocidos establecimientos que han proliferado por toda Barcelona uno de los cuales está justo enfrente del restaurante donde todavía no había podido pedir mi refresco. Estaba dispuesto a ayudar a la chica de la torera tejana ya que simplemente me había pedido una dirección pero interiormente mi enojo crecía de manera exponencial ¿Cómo que es de deportes y esas cosas que son de hombres? Yo soy un hombre de pelo en pecho y no me gustan ni pizca los espectáculos deportivos. ¿Cómo se sentiría si le hubiese preguntado dónde puedo encontrar una mercería ya que coser y tricotar con cosas de mujeres?

Frené mi indignación e indiqué a la alérgica escultural donde estaba el establecimiento de apuestas que buscaba. Agradecida y con su pedido sin salsa barbacoa se despidió de mí. Por fin pude pedir un refresco sin azúcar que engullí olvidando que tengo modales. Mi sed desapareció y mis cosas de hombre siguen reservadas para mi chica especial. Me sentí doblemente aliviado.

Fin de la anécdota.

Yo no he votado a Ada Colau.

“Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.”

Ismael serrano.

Recuerdo haber coincidido con Ada Colau hace dos o tres años en el metro. Me costó reconocerla, soy mal fisonomista creo que esa fue una de las razones por las que tuve que dejar el dibujo artístico. Me sonaba su cara, pero no fue hasta tres o cuatro paradas cuando la identifiqué:

  • ¡Ah claro, es la chica de los desahucios! Dije para mis adentros.

¡Y mírenla! A un paso de ser la primera alcaldesa de Barcelona. Pero no será gracias a mí. ¡Quiero que quede bien claro! No deseo atribuirme méritos que no me corresponden. Tanto si su mandato es glorioso, como si se convierte en la más brillante munícipe de la historia de Cataluña o simplemente por ser el primer alcalde barcelonés con dos cromosomas equis, yo no tendré nada que ver.

Estuve a punto de votarla, en serio, de hecho entré en la cabina esa donde puedes elegir discretamente tu papeleta con el firme propósito de tomar la suya, pero en el último momento me decidí por coger la de uno de esos partidos de siempre. Durante ese lapso de tiempo tan breve, encontré dos fuertes razones para no votarla. No niego que puedan ser razones estúpidas pero me gusta ser coherente, la coherencia es una de las pocas cualidades mentales que todavía me atribuyo y es lo que me hizo meditar mejor mi voto.

La primera razón es que Ada Colau no era la chica anti desahucios sino la portavoz de la P.A.H. (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y ese es un matiz que yo entonces ni ahora no puedo soslayar. “Afectados por la Hipoteca” esa es la clave. Yo pensaba entonces y sigo pensando que para que alguien te defienda tienes que ser “propietario”. No recuerdo si existía o existe una asociación equivalente para inquilinos desahuciados, pero sin duda de existir ni eran tan ruidosos ni tan populares ni tenían una portavoz tan combativa y carismática con la que yo no estaba del todo de acuerdo.

Y no estaba de acuerdo porque yo nunca fui propietario de una vivienda, pues era consciente de que no podía pedir una hipoteca ya que nunca gané lo suficiente para ello, aparte de que ni en mis más delirantes fantasías hubiese pedido a mi familia, que me avalasen con su patrimonio. Tampoco me dejé llevar por los cantos de sirenas de los bancos: “Tengan, cientos de miles de euros para un cuchitril  y le sobra para amueblarlo versallescamente y comprarse ese BMW que tanto necesitan. Ya nos los devolverá dentro de 60 años”. Sí bien es cierto que muchísima gente fue desahuciada injustamente tras perder su empleo y quedar al albur las crueles leyes hipotecarias de este país, hubo otra mucha que se convirtió en victima de hipotecas que no podían permitirse y pretendían poco menos que los bancos, donde todos tenemos nuestros ahorros, les perdonasen su falta de previsión. Si yo que tengo una inteligencia media baja me di cuenta de que no podía y no debía pedir una hipoteca y menos fiarme de los bancos, cualquiera en mi situación podía darse cuenta. Nunca acabé de entender la lucha de Ada y P.A.H.  así que ahora no me parece justo subirme al carro de su éxito arrollador.

La segunda razón y tal vez la más difícil de explicar es que… estoy harto de frustraciones. No quiero depositar mi esperanza en proyectos políticos novedosos y líderes carismáticos con o sin coleta, para después verlos convertirse a aquello contra lo que les pedimos que lucharan, como en el mayo del 68: aquellos rebeldes de ayer se convirtieron en los consejeros de administración de hoy.

Es por eso que voté a un partido de los de siempre, uno de esos partidos que ya me habían decepcionado antes pero en los que nunca deposité demasiada ilusión y el desengaño fue más llevadero. Seguramente mis expectativas respecto a la Sra. Colau hubiesen sido estratosféricas y en caso de fallarme no hubiese podido resistir hundirme en la desesperanza. De todas maneras la felicito por su victoria y por demostrar que no hay nada imposible en política, inútil sí, pero imposible no. Además deseo encarecidamente que si llega a alcaldesa, esta vez se preocupe de todos, sean propietarios o no.

Hablar de fútbol.

Últimamente desayuno en la cafetería de la estación de Montmeló, lo necesito. Mi trabajo es absorbente. Lo realizo en un amplio escritorio perdido en una inmensa oficina, situado de manera que no veo a ninguno de mis 4 compañeros. Los oigo en sus quehaceres detrás de mí pero no es suficiente para menguar la intensa sensación de aislamiento que padezco.

A las siete de la mañana la estación de Montmeló está llena de trabajadores recios y vocingleros. Me gusta el ambiente, pero me siento desubicado. A ver, son mi gente, soy un obrero, como ellos, como lo fue mi padre y lo fue mi abuelo, pero hay un matiz que me aleja de ellos: ¡Sólo hablan de fútbol!  Ya sé que hay montones hombres y mujeres con más inteligencia y más estudios que yo que aman el fútbol, pero este representa un porcentaje relativamente pequeño en el conjunto de sus intereses, no, yo me refiero a personas que parecen no tener ninguna inclinación cultural más allá de la balompédica.

Todas las madrugadas esos tipos opinan con autoridad de los pormenores de la Liga, la Champions y no sé qué más. Hoy uno de los parroquianos habituales, un tipo con unos brazos tatuados que tienen el tamaño de mis muslos, pontificaba a voz en grito sobre la estrategia a emplear en no sé que partido y criticaba con fiereza lo mucho que se le paga a no se qué jugador del equipo rival, olvidando lo mucho que se le paga a los jugadores de su equipo del alma.

Mientras que intento no quemarme la lengua con el café hirviendo que me ha servido la camarera cuya camiseta ha perdido la batalla con su canalillo, también intentó que sus opiniones vociferadas no me impidan escuchar mi música con mis auriculares. Fracaso en ambos empeños. Mi lengua está escaldada y no puedo oír el más mínimo acorde debido al griterío. Las opiniones futbolísticas de taberna son como el reggaetón: parecen tener algún sentido sólo si se emiten a gran volumen y obligas a todo el mundo a escucharlas.

Pero así son las cosas el fútbol tiene éxito y este se debe, mi juicio, a tres factores:

  • Primero, es un juego extremadamente sencillo. No voy a explicar en qué consiste. Todo el mundo lo sabe. Además requiere de pocas cosas para emularlo, los chavales en los colegios pueden formar equipos de cuarenta jugadores, usar un montón de papeles atados con cinta americana y algo que delimite a modo de portería, desde unas rayas en la pared hasta dos ladrillos colocados a una distancia arbitraria y ya tienes un partido de fútbol, que por cierto puede durar los escasos minutos del recreo o todo un día de excursión en el monte. (En mi colegio así lo hacíamos)
  • Segundo, el fútbol es extraordinariamente democrático. Hay sitio para todo tipo de hombres. Bajos como Messi o gigantes como Piqué (Este ejemplo ya lo he usado creo) todos tienen su sitio y su cometido. No hay que ser obligatoriamente muy alto como en el baloncesto, ni muy pequeña como la gimnasia rítmica ni de buena familia como el tenis o el esquí.
  • Pero sobre todo lo que hace al fútbol el deporte rey es sin duda que cualquiera puede ser un experto o al menos considerarse como tal.

Puede que tu mayor logro estratégico haya sido en el dominó, pero te sientes capacitado para corregir y aconsejar, ex cátedra, al más laureado de los entrenadores. De igual manera tu máxima actividad física puede ser el recorrer la distancia entre la nevera y el sofá, pero exigirás a gritos proezas sobrehumanas a tus jugadores favoritos a los que llamarás gandules o peseteros al menor síntoma de flaqueza.

No me gusta el fútbol como espectáculo y no es por razones intelectuales, yo soy tan primario como esos hombres de la estación que terminan sus desayunos de bocadillo de panceta con un carajillo de anís; es que estoy resentido porque mis compañeritos del colegio no me dejaban jugar por lo malo que era debido a mi asma crónico. En esa época supe lo que es odiar y el fútbol se convirtió en el fetiche de mi odio.

Me pasé la E.G.B. jugando a papás y a mamás con las niñas que, en esa época se ajustaban a fuertes clichés y querían una figura paternal en sus juegos. Mis recreos se convirtieron en comidas imaginarias que ellas preparaban en sus cocinas de pega y que me servían en diminutos platos con sus correspondientes diminutos cubiertos incluyendo los no menos imaginarios cafés en tazas microscópicas, que yo debía fingir tomar con gran deleite. Alguna vez me tocaba compartir el papel de papá con el pobre desgraciado al que le ponían una de aquellas ortodoncias con alambres que sobresalían de la boca a modo de andamios faciales lo cual contribuyó todavía más a la raigambre del trauma que, hoy ya cuarentón, todavía tengo con el fútbol.

Odié el fútbol pero aprendí a querer a las mujeres a las que siempre agradeceré que al menos me aceptaran en sus juegos. Ellas me encontraban adorable en contraposición a los brutos que ocupaban todo el patio con sus interminables partidos. Bueno, eso duró hasta que llegaron a la pubertad entonces encontraron adorables a los brutos futboleros y se olvidaron de mí, pero bueno se lo perdono.

Creo que para odiar el fútbol hablo mucho de él en este mi blog y reconozco que sé del tema mucho más de lo que se entrevé. Así me lo hizo notar una mujer de mi pasado de cuyo nombre no quiero acordarme y muy forofa del deporte rey, comentándome altanera:

– Para no interesarte entiendes mucho de fútbol.

A lo que yo contesté y contesto ahora a mi propia pregunta:  No me interesa el fútbol pero si me interesa mi entorno social y cultural. Y mal que me pese, el fútbol forma y formará parte de él hasta que el circulo se cierre el día de mi muerte.

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Una imagen vale más que mil palabras.

Esta es la portada de hoy 12 de marzo del año de nuestro señor de 2015, de El Periódico de Cataluña:

Como gran titular el gran acuerdo entre sindicatos y patronal. Nos suben los salarios un 1%. Perfecto, los mileuristas, esos privilegiados de la fortuna, tendrán 10 euros más al mes para malgastar. Los demás que tomen una calculadora y conozcan su incremento salarial.

Después, este gran medio del que fui asiduo lector en mi juventud, con tipografía menor pero en rojo y ocupando más espacio que el interesante apunte económico, lo que realmente importa: el futbol, con cómo no, foto de Messi jugando con la pelotita, como él sólo sabe hacer. Yo no podría lanzar al aire un balón y luego cogerlo al vuelo, ya que  yo no soy el mejor futbolista del mundo. ¡Pero qué demonios! estamos a un paso de la final de la “Champions” y tendremos 10 euros más para gastar en litronas para celebrarlo. Bueno eso los mileuristas, los demás ya saben calcúlenlo.

¡Pero ojo! que debajo de la foto del intenso entrenamiento del Barça, el diario nos advierte que los futbolistas millonarios pueden ir a la huelga según lo que dictamine un juez. Desconozco los motivos pero sin duda deben de estar más que justificados. No sé, quizás quieran una subida del 1% en sus salarios como los obreros. Y es que es o todos o nada ¡faltaría más! Aunque creo que esa no es la razón. Bueno, ya me enteraré.

España, Cataluña, si mis amables lectores del resto del planeta, quieren conocerlas miren la foto. Una imagen vale más que mil palabras.

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